la omt garantizó el futuro del euro

El TC alemán pone en cuarentena el salvavidas que 'rescató' a España sin rescate

Ha sido el gran 'truco' de Draghi. La maniobra que ha defendido al euro y que, sin duda, ha evitado el rescate de España. Así de importante es la OMT

Foto: El ministro español de Economía, Luis de Guindos, y el presidente del BCE, Mario Drahi. (REUTERS)
El ministro español de Economía, Luis de Guindos, y el presidente del BCE, Mario Drahi. (REUTERS)

"Dentro de nuestro mandato". Así comenzó el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, la frase más importante e histórica que se ha pronunciado nunca en favor del euro. Lo hizo el 26 de julio de 2012 en Londres. En ocasiones se olvida ese arranque para poner el foco únicamente en lo que vino a continuación: "El BCE está preparado para hacer lo que sea necesario para proteger al euro. Y créanme, será suficiente".

Con este puñado de palabras, el banquero italiano se comprometió a salvar a la moneda única como fuera y con lo que fuera. Pero con un límite, con ese matiz que dijo dos veces para que quedara claro: siempre que esté "dentro de nuestro mandato". Más de año y medio después, esa observación suena con estruendo porque el Tribunal Constitucional alemán ha puesto en duda hoy la legalidad del plan urdido por Draghi para sellar las costuras del euro y acudir en auxilio de los países periféricos, entre los que España contaba con un papel protagonista en esos momentos. 

La clave reside en la criatura que Draghi ideó para hacer realidad la promesa que había lanzado de defender al euro como fuera. Vio la luz a comienzos de septiembre de 2012 con el nombre de Operaciones Monetarias de Compraventa (OMT, en sus siglas en inglés) y su ADN quedó definido desde ese mismo momento: el BCE estaba dispuesto a comprar en el mercado secundario toda la deuda pública de entre uno y tres años que hiciera falta de aquellos países que antes pidieran un rescate o que, en caso de haber recibido ya ayuda, estuvieran en condiciones de volver a salir al mercado para financiarse. Es decir, para beneficiarse de esas compras, antes los países debían aceptar la condición de solicitar asistencia financiera y someterse a la disciplina impuesta por la troika

Aunque, curiosamente, la OMT no ha sido ni siquiera estrenada, su sola existencia se ha bastado para actuar como el dique que ha protegido al euro y a sus países. Paradójicamente, aunque su puesta en marcha exigía la petición de un rescate por parte del país que quisiera beneficiarse de las compras del BCE, su presencia ha sido el factor determinante que ha impedido a España pedir un rescate total, más allá del bancario. Dicho de otro modo, la OMT fue el rescate que evitó el rescate. 

Los datos así lo constatan. Justo antes de que Draghi lanzara su compromiso en Londres, el rendimiento del bono español a 10 años cabalgaba hacia el 8%, un interés que no se veía desde los tiempos de la peseta. Y la prima de riesgo, que mide la diferencia entre esa rentabilidad y la de los bonos alemanes a 10 años, tocó los 650 puntos básicos. La situación, por tanto, era límite. Tanto es así, que en el análisis de los bancos de inversión y de los expertos la ruptura del euro ya no era un tema tabú. La cadena de la moneda única no se rompería por Grecia, Irlanda o Portugal; lo haría por España, la cuarta economía de la región, y el efecto arrastre que su caída tendría sobre Italia, la tercera economía de la Eurozona. 

Con todo en contra, las virtudes de la OMT iban a verse desde el primer momento. Draghi había dado en el clavo: con el BCE erigido como guardían del euro, el mercado entendió que Europa sí estaba comprometida con el futuro de la moneda única. Y en la medida en que esa sensación se afianzó, las presiones sobre la deuda periférica remitieron. Tanto es así, que el interés del bono español a una década despidió 2012 ya en el 5,26%, mientras que el diferencial con Alemania se estrechó ya hasta los 395 puntos básicos. Desde entonces, la relajación ha seguido su curso, y el bono está por debajo del 4% y la prima se mueve en torno a los 200 puntos básicos. Este abaratamiento de los costes de financiación ha resultado fundamental para que España evitara el rescate porque ha mantenido abierto el acceso del Tesoro a los mercados a unos precios asumibles, es decir, justo lo que estaba en duda en julio de 2012. 

Al mismo tiempo, el paraguas de la OMT ha propiciado dos efectos adicionales que también han favorecido a España. En primer lugar, ha revertido la fuga de capitales que se estaba viendo en los países periféricos hasta el verano de 2012; y en segundo lugar, ha reducido la fragmentación financiera en la Eurozona, uno de los objetivos explícitos que Draghi perseguía con ese programa. 

"Excede su mandato"

Pero ahora ese muro de contención es puesto en entredicho por el Costitucional germano. Literalmente, ha expuesto que ese programa "excede el mandato del BCE", unas palabras que refuerzan la trascendencia de por qué Draghi introdujo aquella precisión en julio de 2012 y de la insistencia que mostró el banquero italiano en recordarlo cuando presentó en sociedad la OMT en septiembre de 2012. "Estamos seguros de que estamos actuando dentro de nuestro mandato y de que no estamos violando el artículo 123 [del Tratado]", volvió a precisar entonces. 

La referencia a su mandato y al artículo 123 no es gratuita. Ese artículo prohíbe explícitamente al BCE financiar de forma directa a los europaíses. Es decir, certifica que la jurisdicción del BCE se limita estrictamente al manejo de la política monetaria, en tanto que la política fiscal compete a los Estados y se escapa de las competencias de la entidad presidida ahora por Draghi. En resumen, prohíbe al BCE ayudar de forma directa a los países mediante la compra de deuda. 

Entonces, ¿no vulnera la OMT la letra de ese artículo, si está pensada para comprar deuda con la que los países se financian? No del todo, y así lo reconoce incluso el Constitucional alemán, que precisa que una interpretación "estricta" de la OMT puede permitir que se ajuste a la ley. 

El matiz reside en el truco buscado por Draghi para actuar al borde de lo estipulado, porque la clave en el momento en el que el BCE está dispuesto a adquirir esa deuda. La entidad no la compraría en el momento de su emisión -mercado primario-, es decir, en las subastas de títulos con las que los Estados obtienen financiación directa; las compras del BCE se ejecutarían cuando los títulos ya hubieran sido emitidos -mercado secundario-, con lo que la institución ya no estaría comprando la deuda directamente a los Estados, sino que la estaría adquiriendo a otros inversores. Es decir, se trata de una financiación indirecta, pero nunca directa, con lo que regatea lo establecido en la ley.  

Esta precisión ya fue empleada en el primer programa de compras de deuda (SMP) que el BCE, bajo la presidencia de Jean-Claude Trichet, puso en marcha en mayo de 2010. Las adquisiciones realizadas entonces -hasta 2012 superaron los 200.000 millones de euros- también se realizaron en el mercado secundario para no pisar el terreno prohibido de la financiación directa a los países. 

De hecho, y obsesionado con el propósito de actuar dentro de su mandato, la OMT, como antes la SMP, mantenía como característica que el BCE esterilizaría las compras de deuda que llevara a cabo. Es decir, si por un lado dedicaba 100 millones a comprar bonos, por otro retiraría la misma cantidad con subastas de drenaje de liquidez para encargarse así de que no creciera la base monetaria. Preservaría así la vertiente ortodoxa de no adoptar medidas -expandir la oferta monetaria mediante la creación de dinero con compras de activos (QE)- para garantizar la estabilidad de los precios. 

Es más, Draghi incluso fue más allá con la OMT que con el anterior programa. Las compras de la SMP no estaban supeditadas a la petición de ningún rescate, con lo que contenían el riesgo de que los países, al verse en una mejor situación por la ayuda del BCE, relajaran sus reformas. Por el contrario, como la OMT requiere que antes se pida un rescate -o estar ya bajo un programa de asistencia-, las autoridades europeas se encargarían de dictar un programa de reformas estructurales a los países que quisieran acogerse a esas compras del BCE. Y el propio Draghi subrayó que si esas medidas no eran llevadas a cabo, suspendería las compras. 

Pero no basta. El Constitucional alemán duda de la legalidad del BCE y cree que su presidente se ha pasado de listo. Por el momento, ha remitido el caso, con sus observaciones, al Tribunal Europeo, a quien corresponderá pronunciarse en última instancia. Lo que está en juego no es poco. Es la estabilidad del salvavidas ha impedido el ahogamiento del euro. Y el rescate de España.

Mercados
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
5 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios