se enfrenta al estancamiento y la inflación

Brasil 2014: la difícil digestión del éxito económico mete un gol a los fastos deportivos

Era el año esperado. 2014, con el Mundial de Fútbol y las elecciones presidenciales, ya está aquí. Pero llega también con serios problemas económicos

Foto: Trabajos en el interior de un estadio para el Mundial de Fútbol
Trabajos en el interior de un estadio para el Mundial de Fútbol

El motor económico de Brasil se ha gripado. Pero su banco central elevará con toda probabilidad los tipos de interés el próximo miércoles por séptima reunión consecutiva. Las previsiones más prudentes contemplan que los aumentará en un cuarto de punto, hasta el 10,25%; las menos prudentes barajan un incremento de medio punto, hasta el 10,5%. ¿Cómo se va a atrever a endurecer las condiciones monetarias si el crecimiento se ha enfriado? Porque Brasil no sólo se enfrenta a un problema; debe combatir varios al mismo tiempo, algunos de ellos contradictorios en sus términos y en el tratamiento para solventarlos...

Así arranca un ejercicio que Brasil tenía marcado en rojo desde hace tiempo. Y por varios motivos: el primero, porque en 2014 comenzará la celebración de los fastos deportivos, primero con el Mundial de Fútbol de 2014 y luego con los Juegos Olímpicos de 2016, con los que quiere presentarse al mundo como un país nuevo, moderno y sofisticado; y el segundo, porque en octubre Dilma Rousseff se jugará su reelección en los comicios presidenciales. Pero el destino ha querido que el escaparate deportivo y la cita electoral coincidan con el reto de afrontar y superar la digestión del crecimiento económico de la última década.

En este periodo, Brasil ha pasado de ser la decimotercera mayor economía del mundo a convertirse en la séptima. Entre 2002 y 2012 -faltan los datos oficiales de 2013-, el volumen de su economía (Producto Interior Bruto, PIB) se ha cuadruplicado, hasta alcanzar los 2,2 billones de dólares. En el mismo periodo, el PIB de España se ha duplicado, hasta los 1,3 billones de dólares.

Los problemas crecen

Sin embargo, esa fulgurante aceleración ha dado paso a un evidente frenazo. Tanto, que entre julio y septiembre de 2013 -el último dato disponible-, la economía se contrajo un 0,5% con respecto al trimestre anterior, la mayor caída desde la sacudida provocada por la quiebra de Lehman Brothers en 2008. Atrás quedan las tasas de crecimiento superiores al 4 o el 5%. Para 2014, las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) contemplan un crecimiento del 2,5%, en línea con los registros de 2013 y por debajo de las tasas que mostrarán China -7%-, India -5%- o Rusia -3%-.

Pero las apreturas de Brasil no sólo tienen que ver con el enfriamiento de su economía. En paralelo, también está soportando unas presiones inflacionistas que no terminan remitir pese al empeño del Banco de Brasil, que ya ha encarecido el precio del dinero del 7,25 al 10% desde abril. Es más, en diciembre los precios registraron un incremento interanual del 5,91%, por encima del 5,77% de noviembre, y en la parte alta del rango pretendido por la institución monetaria, situado entre el 2,5 y el 6,5%. Más allá de las estadísticas, el encarecimiento de los precios se está traduciendo en un creciente malestar social, como se pudo comprobar ya durante 2013, puesto que los brasileños ven cómo su capacidad adquisitiva está menguando. 

Junto a ese anómalo cóctel formado por el estancamiento y la inflación -conocido como estanflación-, también ha empeorado la posición exterior del país. El superávit por cuenta corriente del que disfrutaba Brasil hasta 2007 ha dado paso a un déficit que en 2013 superó ya el 3% del PIB, una barrera sobre la que, según los pronósticos del FMI, permanecerá al menos hasta 2018. 

Modelo agotado 

Por tanto, la sensación de que la receta de su éxito en la última década se ha agotado resulta creciente. "La capacidad de resistencia de Brasil está siendo testada de nuevo. Esta vez el problema no es sólo una única crisis profunda, sino el agotamiento de un modelo de crecimiento basado en la demanda del consumo público y privado sin una suficiente inversión productiva por el lado de la oferta, bien fuera privada o pública. El resultado es demasiada inflación para demasiado poco crecimiento, empujando al banco central a intentar enfriar las cosas con uno de los mayores tipos de interés del mundo", apuntan Stephen Graham y Fernando Siqueira, analistas de Citi. "Una inflación más alta ha reducido los ingresos reales y podría afectar al consumo, mientras las restricciones por el lado de la oferta y la incertidumbre política podrían reducir la actividad", describía el FMI en su último informe. 

Lo peor es que, a corto plazo, no se atisban cambios, dada la proximidad del Mundial y, sobre todo, de las elecciones. "Creemos que el ambiente de malestar continuará en Brasil en la primera mitad del año, con los gastos del año electoral y las promesas de que habrá más gasto manteniendo el foco en el principal problema de la economía: un gran, ineficiente e indisciplinado estado que expulsa la inversión y frena el crecimiento", añaden desde Citi

Brasil, por tanto, debe descifrar cómo pasar a la siguiente fase. Más que emergente, ha pasado a ser emergido, y debe digerir el éxito económico acumulado en la última década. De esa evolución económica y financiera van a estar muy pendientes distintas compañías cotizadas españolas, como Santander, Telefónica, Iberdrola, Mapfre o Prosegur, que encuentran en el país latinoamericano una parte importante de sus resultados y que ven en la actual debilidad brasileña -sobre todo, de su divisa, el real- un foco de inestabilidad en caso de que persista

Continúa el castigo 

Los inversores son muy conscientes de los desafíos que encara Brasil. Y haciendo bueno ese pronóstico de que el primer semestre puede ser complicado, en el inicio del año han dado continuidad a las ventas de 2013. Si durante el pasado ejercicio el índice bursátil Bovespa se dejó un 15,5%, por el momento ya cede un 3% en 2014 y ha llegado a situarse en mínimos desde agosto, por debajo de los 50.000 puntos. La debilidad del parqué brasileño fue determinante a la hora de provocar que la categoría de fondos de inversión de renta variable emergente fuera la única que registró pérdidas en 2013. Según los datos de Inverco, sufrió unos números rojos del 7% en el conjunto del pasado ejercicio. 

La divisa brasileña, el real, también permanece en el punto de mira. Tras haber perdido valor contra el euro en los tres últimos años, se mueve en torno a los 3,23 reales, todavía cerca de los 3,27 reales a los que llegó a caer en agosto y que supusieron su cambio más bajo desde 2008. De hecho, parte de los esfuerzos del banco central a la hora de elevar los tipos responde al deseo de frenar la caída de su moneda, puesto que esta acentúa las presiones inflacionistas y el deterioro del déficit por cuenta corriente. Y a la espera de lo que el Banco de Brasil decida precisamente el próximo miércoles, la rentabilidad de los bonos brasileños a 10 años en divisa local se mantiene cerca del 11%

No es lo que deseaba, porque hubiera preferido llegar a 2014 en mejor forma. Pero es lo que hay, y Brasil comienza así un trienio en el que acaparará la atención del mundo. Los problemas económicos amenazan con dejarle en fuera de juego. El próximo miércoles, con la primera reunión de política monetaria del año, intentará buscar soluciones. Las necesita. 

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