centenario del banco central de eeuu

La Fed cumple 100 años con el triste consuelo de sufrir menos recesiones y más cortas

El banco central de EEUU está de centenario. Pero todo comenzó tres años antes, en la Isla de Jekyll. Curioso, porque la Fed también tiene su 'Mr. Hyde'

Foto: Sede de la Reserva Federal en Washington
Sede de la Reserva Federal en Washington

No fue en Washington. Ni en Nueva York. Tampoco hubo testigos. Todo ocurrió en un lugar discreto y con una reunión confidencial. El guión perfecto para una novela negra. Pero no se trataba de literatura. Ni de ficción. Lo que condujo a la Isla de Jekyll (Georgia) en noviembre de 1910 a varios de los principales banqueros y representantes de la vida económica de Estados Unidos, convocados por el Senador Nelson Aldrich y que pasaron a la posteridad como el Club de los Primeros Nombres (First Name Club), fue una misión secreta resultante de una necesidad: la de estudiar el modo de crear un banco central en Estados Unidos. El resultado de ese cónclave cristalizó tres años después en la Ley de la Reserva Federal, firmada por el presidente norteamericano Woodrow Wilson en la víspera de la Nochebuena de 1913

Fue así, con una discreción y un silencio que contrastan con toda la expectación y el ruido que envuelve ahora a la entidad, como nació la Reserva Federal (Fed), que hace 100 años surgió como el banco central de EEUU y que actualmente es mucho más que eso. Celebra su centenario como el banco central más famoso y poderoso del mundo. La mano visible que más capacidad de influencia tiene en los hilos económicos y financieros del planeta. 

Hija de su tiempo 

¿Por qué recibió Aldrich ese encargo? Por la continua sucesión de crisis y pánicos financieros durante el siglo XIX. Los más graves fueron los de 1837, 1839, 1857 y 1873. Pero el que colmó el vaso acontenció ya en el siglo XX; fue el pánico bancario de 1907. Solventado por las maniobras del banquero más importante de la época, John Pierpont Morgan, ese episodio generó el convencimiento de que ya era suficiente. No resultó fácil, porque la creación de una figura central con poderes nacionales contravenía el espíritu del país, pero imperó el pragmatismo. "A pesar de todas las diferencias existentes en 1913, había algunas cosas básicas en las que la mayoría de los legisladores coincidían: la necesidad de un banco central para respaldar al sistema bancario", relata Neil Irwin en su libro Los alquimistas.

Ahora bien, aunque el Sistema de la Reserva Federal vio la luz en 1913, no emergió con la estructura ni los poderes actuales. La entidad fue definiendo su configuración actual con el paso del tiempo, no sin antes superar recelos -llegó a tener fecha de caducidad para disolverse en 1928- y críticas, como las que recibió por su gestión de los años previos y posteriores al crac de 1929. 

En la Reforma Bancaria de 1935 se constituyó el Consejo de Gobernadores, la auténtica sala de máquinas de la entidad, y el Comité Federal del Mercado (FOMC, por sus siglas en inglés), el organismo que se encarga de dictar la política monetaria en EEUU. Dieciséis años después obtuvo su independencia -aunque esta siempre ha estado y sigue estando en discusión- tras un Acuerdo forjado con el Tesoro tras una dura disputa entre ambos organismos. Y en los años 70, primero con la ley de Reforma de la Reserva Federal de 1977 y luego con la ley de Pleno Empleo y Crecimiento Equilibrado -conocida como Humphrey-Hawkins- de 1978, se asentó su doble mandato, consistente en "promover efectivamente los objetivos de máximo empleo y precios estables", con el añadido de perseguir unos "moderados tipos de interés a largo plazo".

Mucho más recientemente, y ya al abrigo de la Gran Recesión, la ley de Reforma de Wall Street y de Protección del Consumidor -ley Dodd-Frank- de 2010 ha ampliado la jurisdicción de la institución para intentar proteger más a los consumidores. Todo ello ha convertido a aquel organismo ideado en el anominato de la Isla de Jekill para ocuparse del sistema financiero norteamericano en el auténtico timonel de la mayor economía del mundo y en el banco central más influyente de todos. 

"No es la panacea"

Surgida, por tanto, de la necesidad de actuar como muro de protección contra las crisis, la pregunta es obligada: ¿ha tenido éxito? No, pero sí. No, porque no ha evitado que las crisis se hayan ido sucediendo. El crac de 1929 y la Gran Depresión de los años 30, la época de alta inflación de los años 70, la quiebra de las entidades de ahorro y préstamo en los años 80 y la crisis subprime y la posterior Gran Recesión desde 2007 certifican, principalmente, que la presencia de la Fed no impide que los episodios de excesos y súbitas correcciones continúen sucediéndose. "La política monetaria no es la panacea", recuerda siempre que puede su actual presidente, Ben Bernanke. 

La economía de EEUU estuvo en recesión el 50% del tiempo entre 1857 y 1914; desde entonces, esa proporción se ha reducido al 20%

Sin embargo, otros datos arrojan un balance un poco más favorable. Tomando como referencia las estadísticas sobre los ciclos económicos que recaba la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, en sus siglas en inglés), entre 1857 -el primer año del que registra cifras- y 1914 -cuando la Fed entró oficialmente en funcionamiento- se sucedieron 15 recesiones, cada una de las cuales duró de media 22 meses y medio. Es decir, había una recesión cada menos de cuatro años.

¿Y qué ha pasado en el último siglo? Que ha habido 18 recesiones -una cada cinco años y medio-, con una vida media de poco más de 13 meses. Aunque es otro dato el que deja mejor a la Fed: entre 1857 y 1914, la economía estadounidense estuvo en recesión prácticamente el 50% del tiempo -destacan, sobre todo, los 65 meses consecutivos de contracción sufridos entre 1873 y 1879-, proporción que en el último siglo se ha reducido hasta el 20% del tiempo. Es decir, las crisis no han desaparecido, pero son menos frecuentes y más cortas. 

El poder de crear... es el poder de destruir

Como los datos tampoco son concluyentes, las discrepancias que envolvieron el nacimiento de la Fed continúan existiendo un siglo después. Al final y al cabo, si no evita las crisis, ¿por qué resulta precisa su existencia? Esta pregunta nunca se ha ido del todo. De hecho, protagonizó una de las anécdotas acumuladas por Ronald Reagan en sus años en la Casa Blanca. "Tengo curiosidad. La gente me pregunta para qué necesitamos una Fed", dicen que le soltó al entonces presidente de la Fed, Paul Vocker, en 1980. 

Dicen que Ronald Regan le comentó a Paul Volcker: "Tengo curiosidad. La gente me pregunta para qué necesitamos una Fed". La duda sigue viva casi 35 años después

Esos recelos se han visto alimentados por la crisis actual. Primero, porque se considera que la política permisiva de los úlltimos de Alan Greenspan al frente de la Fed resultó clave a la hora de inflar la burbuja inmobiliaria y crediticia en EEUU. Y segundo, porque su sucesor, Ben Bernanke, ha plantado cara a los problemas económicos con unas medidas sin precedentes que para unos merecen el mayor de los elogios -fue elegido Persona del Año en 2009 por la revista Time-, pero para otros constituyen la mayor aberración monetaria de todos los tiempos. 

Pero esta es la ambivalencia con la que nació la Fed. Y la que nunca le abandonará. Porque esa dualidad es intrínseca a la propia naturaleza y a los enormes poderes de la Fed y de todos los bancos centrales. Lo expuso con claridad el propio Volcker en el prólogo del libro Bancos centrales, escrito por Marjorie Deane y Robert Pringle. "El único poder verdadero de un banco central es, a fin de cuentas, el poder de crear dinero, y a la postre el poder de crear es el poder de destruir", afirma. Dos polos en uno. Positivo y negativo; crear y destruir. Aquella entidad surgida es la Isla de Jekyll, también tiene su Mr. Hyde. Así es la Fed; y por eso atrae tanto. 

 

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