balance de la última reunión del año del bce

Las nueve afirmaciones con las que Draghi despidió 2013... y anticipó los retos de 2014

El BCE despidió ayer el año oficialmente. Y lo hizo sin adelantar ningún regalo de Navidad, pero sembrando el terreno con los desafíos que todavía le esperan

Foto: El presidente del BCE, Mario Draghi, durante la rueda de prensa de ayer en Fráncfort
El presidente del BCE, Mario Draghi, durante la rueda de prensa de ayer en Fráncfort

El Banco Central Europeo (BCE) despidió ayer el año oficialmente. Y como exponen gráficamente los expertos de Royal Bank of Scotland (RBS) "no adelantó ningún regalo de Navidad". Ni descenso del precio oficial del dinero, que sigue así en el mínimo histórico del 0,25%; ni recorte de los tipos de interés de la facilidad de depósito, que permanecen en el 0% en el que se encuentran desde julio de 2011; ni convocó una nueva operación de financiación bancaria a largo plazo (LTRO); ni lanzó ningún programa de compras de activos. Nada. Toda su concesión fue la reiteración de que los intereses continuarán bajos durante "un extenso periodo de tiempo". 

Pero, como suele ocurrir con los bancos centrales, siempre ocurren cosas incluso cuando no toman decisiones. Y así sucedió de nuevo ayer. Primero, porque la inacción del BCE decepcionó a los mercados. Y segundo, porque su presidente, Mario Draghi, sembró nueve ideas con las que no sólo despachó oficialmente el año, sino que con cada una de ellas adelantó los principales retos que le esperan ya en 2014. 

1. “El BCE está preparado para actuar”. Con las sobradas muestras de arrojo que Draghi ha mostrado en los dos años y un mes que lleva al frente de la institución, ese mensaje es un compromiso en toda regla. Y si las cosas se tuercen, tendrá que reaccionar o, de lo contrario, ese mensaje se volverá en su contra.

2. “El BCE tiene una poderosa artillería de instrumentos disponibles”. Otro compromiso que, en caso de urgencia, deberá acreditar con hechos. Resulta cierto, eso sí, que su trayectoria también le avala. Sobre todo, el programa de compras de deuda (OMT) que lanzó en septiembre de 2012, que sólo con su presencia -aún no ha sido estrenado- ha bastado para contener las presiones sobre la deuda periférica y para sellar las costuras del euro. Pero hay un problema: con los tipos al borde del 0%, su margen de maniobra se reduce al campo menos convencional, y ahí se topará con dos grandes obstáculos. El primero, la resistencia de Alemania a los experimentos monetarios. Y el segundo, la ausencia de precedentes que garanticen que esas armas son tan poderosas como Draghi presume. 

3. “Podríamos experimentar un prolongado periodo de baja inflación”. No sólo lo confirman los datos de los dos últimos meses, en los que la inflación se ha situado por debajo del 1%, sino también en las nuevas previsiones de la institución, que ahora consideran que los precios se encarecerán un 1,1% en 2014, cuando hace tres meses situaba esta tasa en el 1,3%. La inflación, por tanto, seguirá siendo claramente inferior al objetivo del BCE de mantener los precios por debajo, pero cerca, del 2%. Y a estos niveles, los más bajos desde finales de 2009 y comienzos de 2010, el riesgo de que las actuales presiones desinflacionistas deriven directamente en deflación –caída general y continuada de los precios- está ahí, con lo que Draghi deberá vigilar estrechamente el comportamiento de los precios.

4. "La situación de la Eurozona es diferente a la de Japón en los años 90". El banquero italiano, eso sí, no cree que la deflación vaya a echar raíces en la región... como lo hizo en Japón desde finales de los años 90. Draghi rechaza de este modo las referencias a que la Eurozona se está japonizando -débil crecimiento, caída de los precios y debilidad del consumo-. Le conviene que sea así. Los pocos reflejos del Banco de Japón a la hora de interpretar las primeras evidencias deflacionistas que surgieron en el país provocaron que, cuando quiso reaccionar, fuera demasiado tarde. El BCE y Draghi no querrán cargar con la misma culpa y 2014 promete ser clave en este sentido. 

5. “Los riesgos sobre el crecimiento económico son a la baja”. El BCE también revisó sus pronósticos sobre la economía. Y la ve mejor, aunque sólo un poco. En concreto, una décima mejor, porque prevé un crecimiento del 1,1% para 2014, desde el 1% estimado hace tres meses. A estos niveles, cualquier tropiezo puede complicar el panorama económico y, por extensión, el trabajo del BCE.

6. "Si hay un nuevo LTRO, nos aseguraremos de que llegue a la economía". No era la primera vez que lo decía. Pero al afirmarlo ayer de forma tan clara y en un contexto en el que había mucha expectación en torno a la posibilidad de que el BCE convocara una nueva operación de financiación bancaria a largo plazo (LTRO), ese mensaje fue uno de los mensajes más polémicos y, sin duda, el que menos gustó a las bolsas y la deuda pública española e italiana. Y, de nuevo, se trató de una afirmación peligrosa: en la medida en que el BCE lance un nuevo LTRO, como ese dinero no termine llegando a las empresas y los hogares -la economía real-, Draghi estará asumiendo y, sobre todo, evidenciando que su munición no es tan poderosa.  

7. "El BCE sigue el tipo de cambio del euro, pero no es un objetivo". La posición oficial del BCE es que no persigue un nivel concreto para su divisa. Pero no puede permanecer ajeno al tipo de cambio de su moneda. Más que nada, porque una divisa fuerte constituye un factor desinflacionista adicional. A expensas de lo que haga la Reserva Federal (Fed) estadounidense con sus estímulos monetarios, el euro amenaza con ser otro caballo de batalla fundamental para Draghi en 2014. Como aperitivo, y tras la inacción de ayer, el euro se apreció hasta los 1,366 dólares, su cambio más alto contra el billete verde desde octubre. 

8. "La Eurozona debe permitirse las reformas estructurales que necesita". Otra demostración del dilema en el que está sumido el BCE, puesto que es muy consciente de que su actuación relaja el ánimo reformista por parte de los Gobiernos. Pero como al mismo tiempo se compromete a actuar si es necesario, incentiva ese comportamiento por parte de las autoridades políticas, que esperan que el BCE realice un trabajo que les evite adoptar decisiones impopulares. En 2014 habrá que comprobar si Draghi se harta de este juego. 

9. "Los [tests de estrés] son útiles si son creíbles". Para que sean creíbles, la clave pasará por el BCE, que es quien definirá los criterios en torno a los que se realizarán estás pruebas. Sin duda, acapararán buena parte de la atención de la entidad durante 2014 y serán una preocupación constante para el sector bancario europeo durante el próximo año. 

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