caídas en el interés del bono y las primas

La terapia de choque del Doctor Draghi reduce la fiebre de los países periféricos

Cayeron a los infiernos financieros. Y ahora se están recuperando. Los termómetros del riesgo de la Europa periférica muestran una notable mejoría

Foto: El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. (Reuters)
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. (Reuters)

Cayeron a los infiernos financieros. Algunos, como Grecia, lo hicieron hasta el fondo. Pero ahora se encuentran en pleno camino de vuelta. Se trata de los países periféricos de la Eurozona. Denostados profundamente desde 2010 y casi desahuciados en los dos años siguientes, vieron cómo la esperanza regresaba en julio de 2012 con las palabras mágicas pronunciadas por el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. "Dentro de nuestro mandato, estamos preparados para hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente", proclamó el banquero italiano. Poco más de un més después, reforzó ese mensaje con el lanzamiento de un nuevo programa de compras de deuda pública, que responde a las siglas OMT. Y así, con estas dos maniobras, levantó un auténtico dique que puso a salvo el futuro del euro y que contuvo las presiones que estaba sufriendo la deuda pública periférica. 

Hoy, casi 17 meses después, la figura de Draghi sigue apadrinando ese proceso de relajación. Lo demostró el pasado 7 de noviembre, cuando redujo por sorpresa los tipos de interés hasta el mínimo histórico del 0,25% y abrió la puerta a la posibilidad de adoptar más medidas en el futuro. 

Al rebufo de ese recorte de los tipos y de la promesa de que puede haber más estímulos monetarios en el futuro, los denominados PIIGS -Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España- siguen quitándose el barro que los cubrió casi por completo entre 2010 y el verano de 2012. Porque no es únicamente España la que está viendo cómo su situación en los mercados mejora. La tendencia es general, partió del histórico compromiso de Draghi y se ha asentado conforme ha ido remitiendo el temor a que el euro se desintegrara. Una vez que este miedo se ha calmado, los rendimientos que ofrecía la deuda de estos países ha ganado atractivo en un mundo de liquidez abundante, represión financiera y búsqueda de rentabilidad. 

Vuelta a la 'Era Pre-Grecia'

La relajación ha sido tan pronunciada en los últimos meses que los distintos termómetros que permiten medir la fiebre financiera de estos países se han enfriado -o, al menos, se han aproximado- hasta los niveles previos al primer rescate de Grecia, que fue solicitado por Atenas el 23 de abril de 2010. Y no sólo eso, sino que desde los momentos de mayor tensión, los datos reflejan ya descensos medios del 60% en el rendimiento de los bonos a 10 años; del 70% en las primas de riesgo; y del 80% en los seguros de crédito contra el impago soberano (CDS). 

Como siempre, Grecia arroja los datos más extremos. La rentabilidad de sus títulos a 10 años, que llegó a dispararse hasta el 37%, camina ahora en torno al 8,5%. Aunque, sin duda, la mayor progresión es la de Irlanda, con un descenso del 14,1 al 3,5%. Esta evolución ha sido premiada esta semana por la finalización de su rescate, vigente desde que fue pedido por Dublín a finales de 2010. En el caso español, ha pasado de superar el 7,5% a intentar situarse por debajo del 4%. Es decir, ha pasado de sufrir los costes más altos desde los tiempos de la peseta -mediados de los años 90- a moverse por debajo de la media desde el nacimiento del euro -1999-, que se sitúa en el 4,57%. 

En lo que respecta a las primas de riesgo, que miden la diferencia entre esos rendimientos y los de los bonos alemanes a 10 años, atestiguan cómo el propósito de Draghi de ir reduciendo la fragmentación financiera en la Eurozona va recogiendo frutos. La prima de Grecia se ha estrechado un 80% desde los máximos, hasta los 679 puntos básicos; la de Irlanda, un 84%, hasta los 183 puntos; la de Portugal, un 73%, hasta los 424 puntos; la de España, un 62%, hasta los 236 puntos básicos; y la de Italia, un 56%, hasta los 240 puntos. 

Y el tercer gran termómetro, el de los CDS, también constata el descenso de la fiebre soberana. De nuevo, como cifra espectacular la de los seguros de crédito contra el impago de Grecia, con una caída del 97%, hasta los 760 puntos básicos desde los casi 26.000 puntos a los que llegó. Los CDS sobre Irlanda han bajado un 89%, hasta los 128 puntos, y los de España, un 75%, hasta los 166 puntos. Una subida de los CDS refleja que los inversores compran estos seguros porque tienen dudas acerca de que ese país pueda afrontar el pago de sus deudas; cuando más suban, mayor es la desconfianza. 

Dos amenazas: la complacencia y la deflación 

Sin embargo, y pese a la sustancial mejoría vista en los últimos 16 meses, los expertos advierten de que aún es demasiado pronto para cantar victoria. Y no sólo porque los niveles actuales, aunque menos tensos que los sufridos en 2011 y 2012, continúan siendo demasiado altos para tratarse de países que forman parte de una misma zona monetaria y económica con una divisa común. Más allá de esta realidad, subrayan dos riesgos principales: la complacencia y la deflación. 

En cuanto a la primera, representa una vieja tradición de la Eurozona. ¿En qué consiste? En que el celo reformista se relaja, tanto a escala nacional como europea, cuando las tensiones remiten. Y esta complacencia constituye un riesgo porque puede provocar un incumplimiento en los compromisos de reducción del déficit público, con el consiguiente riesgo de que retornen las dudas sobre la seriedad y la solvencia de estas naciones, y porque la posposición de las reformas restará potencial a la recuperación.

Tampoco conviene olvidar que, en paralelo, las montañas de deuda pública de estos países siguen creciendo, con lo que están aún más expuestos que antes en caso de que se produzca algún susto en el futuro. Ayer, por ejemplo, el Banco de España detalló que el volumen de deuda pública supera ya una cantidad equivalente el 93% del Producto Interior Bruto (PIB) español, cuando en 2007 era inferior al 40%. Por ello, y como subrayan los analistas de J.PMorgan Cazenove para el caso español, "los indicadores positivos son visibles, pero no es tiempo de relajarse". Y añaden para concretar este matiz: "La percepción general es que lo peor ha acabado por ahora. Pero parece demasiado pronto para ser optimistas, especialmente con un desempleo en el 26% y un crecimiento por debajo del 1%". 

Mientras la inflación es un poderoso aliado para aligerar la carga de la deuda, la deflación es un peligroso enemigo porque incrementa el peso de las cargas financieras

Con respecto a la deflación, en caso de que verdaderamente echara raíces en la eurozona -por el momento no es así, sino que la región se encuentra en un proceso de ralentización de los precios o desinflacionista- supondría un problema porque difícultaría todavía más el pago de la deuda acumulada. En una situación como la actual, en la que uno de los principales riesgos que acompaña a los periféricos es su elevado endeudamiento, la inflación se convierte en un poderoso aliado para afrontar el pago de la deuda; y el fenómeno contrario, la deflación, constituye por tanto un peligroso enemigo"Particularmente preocupante es que la deflación actual empieza a ser una realidad en las grandes economías de la periferia, lo que significa que tanto los préstamos de deuda pública como privada difícilmente pueden ser pagadas", avisan los expertos de Ebury Partners. 

 

 

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