el banquero italiano hace historia

Los seis martillazos con los que Draghi ha esculpido la nueva fisonomía del BCE

Dicen que cada mestrillo tiene su librillo. Pero es que lo de Mario Draghi es una enciclopedia entera. En sus dos años como presidente del Banco

Foto: El presidente del BCE, Mario Draghi, durante la rueda de prensa posterior al anuncio de la rebaja de los tipos al 0,25%
El presidente del BCE, Mario Draghi, durante la rueda de prensa posterior al anuncio de la rebaja de los tipos al 0,25%

Dicen que cada maestrillo tiene su librillo. Pero es que lo de Mario Draghi es una enciclopedia entera. En sus dos años como presidente del Banco Central Europeo (BCE) ha mostrado un repertorio tan amplio y variado que ha modificado casi por completo el aspecto de la institución monetaria. Su ADN sigue intacto, porque el control de los precios continúa siendo el principio y final de su credo, pero la interpretación de este mandato y las propias acciones del BCE desde que el banquero italiano lo comanda delatan que algo -mucho- ha cambiado en la forma de proceder de la entidad. Una nueva concepción del manejo de la política monetaria europea que se ha esculpido principalmente con seis martillazos

3 de noviembre de 2011: una rebaja de tipos como tarjeta de presentación. Sin tiempo que perder y, sobre todo, sin que se esperara, Draghi rebajó los tipos de interés en un cuarto de punto, hasta el 1,25%, en su primera reunión como presidente del BCE, que tuvo lugar apenas dos días después de su llegada al cargo. Así, desde el principio, quiso dejar claro que empezaba una nueva época, la Era Draghi, caracterizada por una dosis mayor de cintura y pragmatismo. 

8 de diciembre de 2011: 'barra libre' de liquidez a 3 años. No hubo que esperar mucho más, sólo un mes, para comprobar hasta qué punto esa nueva era iba a ser diferente. En su segunda reunión como presidente volvió a reducir los tipos, esta vez hasta el 1%, aunque su principal martillazo fue otro: convocó dos operaciones de financiación a muy largo plazo (LTRO) para prestar dinero a los bancos a 3 años. Aunque el BCE había ido ampliando los plazos de sus operaciones de financiación bancaria, nunca antes había ido tan lejos. Lo hizo, además, bajo la modalidad de barra libre, el nombre coloquial que recibe su estrategia de prestar a los bancos tanto dinero como le pidan y a un interés determinado en esas operaciones de financiación. Con esos dos LTROs, suministró a los bancos un billón de euros. 

26 de julio de 2012: "Y créanme, será suficiente". Ha sido el martillazo más sutil, porque no trajo actuación concreta alguna. Pero también el más certero; el más histórico e importante de todos. Tampoco ocurrió en el cuartel general del BCE en Fráncfort ni pasó con motivo de una reunión de política monetaria de la entidad. Sucedió en Londres, en el transcurso de una conferencia. Fue allí donde soltó unas palabras mágicas, que desde entonces han quedado grabadas a fuego en la historia del euro: "Dentro de nuestro mandato, estamos preparados para hacer lo que sea necesario para proteger el euro. Y créanme, será suficiente". Este compromiso público reforzó las maltrechas costuras del euro, que hasta entonces amenazaban con descoserse por completo, y comenzó a apagar las tensiones en la deuda pública periférica. Marcó un auténtico antes y después en la crisis del euro y en el manejo de la comunicación como herramienta monetaria dentro de la institución. 

6 de septiembre de 2012: el dique disuasorio de la OMT. Para reforzar con hechos las palabras de julio, Draghi concretó su compromiso en el lanzamiento de un nuevo programa de compra de deuda pública, que responde a las siglas OMT (Outright Monetary Transactions o Operaciones Monetarias de Compraventa). A diferencia de las adquisiciones de bonos que el BCE realizó entre 2010 y 2012, en esta versión 2.0 la entidad se comprometía a comprar todos los títulos de entre uno y tres años que hiciera falta, sin límite alguno, a cambio de una condición: que el país que quisiera beneficiarse de esas compras pidiera el rescate -si es que aún no había sido rescatado-. Pese a este matiz, el efecto disuasorio de la OMT fue inmediato y sostenido en el tiempo, puesto que su influencia todavía perdura. Un auténtico dique que ha contenido las presiones sobre la deuda periférica. De algún modo, es lo más cerca que el BCE puede estar de los programas de expansión cuantitativa (QE) que la Reserva Federal estadounidense viene realizando desde 2008. 

4 de julio de 2013: una hoja de ruta para los tipos. El BCE siempre había defendido que sus reuniones de política monetaria no estaban predeterminadas, es decir, que las decisiones no estaban tomadas de antemano. Draghi quebró esa tradición en julio de este año, cuando instauró una hoja de ruta para los tipos de interés. En concreto, introdujo el siguiente compromiso en el comunicado oficial en el que la entidad explica sus decisiones: "Los tipos de interés permanecerán en el nivel actual o más bajo durante un largo periodo de tiempo". Ancló así los intereses en mínimos históricos e incluso adelantó que podría reducirlos más. Así lo ha acabado haciendo en la reunión de noviembre. 

7 de noviembre de 2013: acción... reacción. El último martillazo de Draghi aún resuena. Una rebaja de los tipos de interés desde el 0,5% hasta el mínimo histórico del 0,25%. Pero no es este detalle el que otorga trascendencia a este movimiento. Lo más relevante es la velocidad a la que ha reaccionado Draghi. Una semana después de conocer que la inflación interanual de la Eurozona cayó en octubre por debajo del 1% y se situó en las cotas más bajas desde 2009, respondió con más medidas monetarias de corte expansivo. Con Trichet, un movimiento similar hubiera sido impensable. De hecho, el mercado no esperaba el recorte, una realidad que confirma hasta qué punto Draghi ha cambiado las cosas. "Esta decisión es más importante porque forzará al mercado a revisar su evaluación sobre la función reactiva del BCE que por lo que puede influir a corto plazo en la demanda o la inflación", constatan desde Royal Bank of Scotland. "Es obvio que el BCE, bajo la presidencia de Draghi, ha llegado a ser mucho más pro-activo que bajo ninguno de sus predecesores", apuntan a su vez desde ING CB. 

 

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