El riesgo de 'japonización' de la Eurozona mete aún más presión sobre Mario Draghi
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REUNIÓN DEL BCE

El riesgo de 'japonización' de la Eurozona mete aún más presión sobre Mario Draghi

El banquero italiano no ha conocido la tranquilidad en sus dos años al frente del BCE. Hoy afrontará otro examen... con la deflación como invitada de excepción

Foto: El presidente del BCE, Mario Draghi, durante una rueda de prensa
El presidente del BCE, Mario Draghi, durante una rueda de prensa

Su estreno oficial fue el 3 de noviembre de 2011. Ese día,Mario Draghi se enfrentó a su primera reunión de política monetaria como presidente del Banco Central Europeo (BCE). Había accedido al cargo apenas dos días antes. Yno esperó más tiempo para marcar su terreno. De forma inesperada, rebajó los tipos de interés del 1,5 al 1,25%. A las primeras de cambio dio carpetazo a la era Trichet, siempre con elgatillo más suelto para subir los tipos que para bajarlos,y bautizó la era Draghi, caracterizada desde ese primer momento por una interpretación más flexible y laxa de la doctrina monetaria.

Hoy, dos años después, otra reunión de noviembre evaluará hasta qué punto Draghi ha sido capaz de mudar la piel del BCE. Los precios, que constituyen el Norte hacia el que siempre apunta la aguja de la entidad, vuelven a preocupar. Pero no por su subida, es decir, porque existan presiones inflacionistas, sino por el temor contrario. Según los datos provisionales, en octubre la inflación interanual de la Eurozona se redujo hasta el 0,7%, el nivel más bajo desde 2009. Este dato acentúa la tendencia que se venía viendo en los meses previos y se aleja cada vez más del objetivo de la institución de mantener los precios por debajo, pero cerca, del 2%.

Aunque, sobre todo, lo que hace es incrementar el miedo a que la Zona Euro se japonice; esto es, que acabe cayendo en la deflación -caída general y continuada de los precios-, el fenómeno opuestoa la inflación y contra el que Japón lleva luchando más de una década sin demasiado éxito. Por tanto, el dilema al que se enfrentaDraghi está servido:alo largo de su historia -incluso ya con esta crisis en marcha-, el BCE ha dado sobradas muestras de lo rápido que es para elevar los tipos si la inflación aprieta, ¿mostrará ahora la misma velocidad cuando los precios, en vez de subir, amenazan con bajar?

Palabras para preparar los hechos

Esa incógnita desemboca en las distintas opciones de las que Draghi disponepara reaccionar. La más sencilla y la que tiene más a mano sería una rebaja de los tipos de interés, desde el actual 0,5% hasta el 0,25%. Podría hacerlo -anunciará su decisión a las 13.45 horas-porque desde julio viene manteniendo el discurso de que "los interés seguirán al nivel actual o incluso más bajo durante un largo periodo de tiempo". Es decir, la puerta a una reducción está abierta desde entonces.

Sin embargo, apenas 3 de los 70expertos consultados por la agencia financiera Bloomberg creen que abaratará hoy el precio del dinero. Para los analistas, el BCE dejará pasar esta cita para recabar más estadísticassobre los preciosy pospondráese recorte hasta la reunión de diciembre, en la que también actualizará sus previsiones económicas. "Creemos que el BCE preferirá esperar a los datos de noviembre para tener una imagen más clara sobre la evolución de los precios y elaborar unas nuevas previsiones sobre la inflación", sostienen los expertos de Barclays. En su opinión, no habrá cambios en el precio del dinero en esta ocasión.

En ese caso, y como no puede ser ajeno a las cifras de octubre, Draghi optaríapor una intervención verbal. "Por ejemplo, podría decir que 'los riesgos de lainflación son a la baja' en vez de que 'los riesgos sobre la inflación están ampliamente equilibrados'. Supondría una señal importante para los mercados y anticiparía una respuesta inminente",Martin Harvey, experto en renta fija deThreadneedle.

Misión 'euro débil'

Aunque en las circunstancias actuales, con unos tipos que ya están en mínimos históricos y unos bancos que no traducen esas condiciones financieras tan expansivasen préstamos a la economía real, abaratar más el dinero no seríauna pociónmágica, sí tendría influencia. Primero,paralanzar al mercado y los agentes económicos el mensaje de que el BCE está ahí y lo seguirá estando para evitar males mayores -la deflación-en la región; y segundo,para debilitar al euro, cuya fortaleza, en caso de prolongarse o acentuarse, supondría una infuencia deflacionista adicional.

Este segundo efecto, el de contribuir a la depreciación del euro, no es menor. De hecho, la fortaleza de la moneda única, que en las últimas semanas alcanzó su cambio más alto desde 2011 enlos 1,38 dólares y que ahora se mueve en torno a los 1,35 dólares, ha generado ya críticas desde Italia, el país natal de Draghi, desde donde se ha pedido que el BCE actúe para frenarlo. En este contexto, la divisa se colará sin duda en la rueda de prensa que ofrecerá el banquero italiano desde las 14.30 horas. "La medida más efectiva que el BCE podría adoptar para reducir el riesgo de deflación sería hacer bajar al euro. Creemos que está sobrevalorado y que si la entidad expresa esta misma preocupación podría depreciarlo", enfatiza Marie Diron, de Ernst & Young.

Evitar la trampa

Si no ejecutamedidas concretas, con esa intervención verbalganaría tiempo para explorar otras vías que requerirían más reflexión por aquello deser menos habituales. En su abanico destacan dos opciones: abrir de nuevo su barra libre de liquidez para prestar dinero a los bancos a muy largo plazo (estas operaciones se conocen por las siglas LTRO) y situar los tipos de interés de la facilidad de depósito en terreno negativo.

Las podría anunciar por separado o incluso de forma combinada en la reunión de diciembre.Con la primera suministraría más dinero para que las entidades pudieran prestarlo luego a la economía real; con la segunda pretendería incentivar que, en efecto, los bancos movieran ese dinero y no lo tuvieran parado. En la actualidad, y pese a que el BCE no retribuye el dinero que los bancos aparcan en la facilidad de depósito porque el interés de este recurso se encuentra en el 0% desde julio de 2012, las entidades aún llevan cada día más de 50.000 millones de euros a esta ventanilla. Si situara los intereses en negativo, los bancos tendrían que pagar por usar la facilidad, una penalización con la que Draghi perseguiría que las entidades hicieran circular ese dinero.

Porque el problema reside en que, por mucha liquidez que meta en el sistema el BCE, las entidades no la hacen fluir. La embalsanpara reforzar su propia situación, una reacción que contribuye a la trampa de liquidez que sufre la región: ni los tipos en mínimos históricos ni las masivas inyecciones de dinero del BCE reactivan el crédito,la inversión y el consumo. Para revertir esta situación, resulta preciso que el dinero circule. Pero esta necesidad se enfrenta actualmentecon dos amenazas potenciales; el riesgo deflacionista, que detendría aún más el dinero, y los tests de estrés que pasará la banca europea en 2014, ante los que podría mostrarse aún más cautelosa a la hora de conceder préstamospara salir bien en la foto. Draghi, por tanto, no lo tiene fácil. Nunca lo ha tenido desde el 1 de noviembre de 2011.

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