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La vida exagerada de Tip
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La vida exagerada de Tip

 En una España en la que cada vez se ríe menos y se corre más; en una España cada vez más crispada y, diría con tristeza

En una España en la que cada vez se ríe menos y se corre más; en una España cada vez más crispada y, diría con tristeza enfrentada, quiero detenerme para sonreír. La alegría no tiene un sólo rostro ni es patrimonio exclusivo de nadie, pero hay un personaje al que nadie podrá olvidar porque ha hecho brotar la risa como ningun otro y ha repartido carcajadas entre público y amigos. Es Tip y a él, a Luis Sánchez Polack, quiero rendirle un homenaje de gratitud y más que nunca de nostalgia.

Cuando vuelve a mi recuerdo este genial humorista, participo de esa admiración humana y profesional unánime. A Tip le conocí personalmente y lo llevé de mi mano por las calles de Roma durante su inolvidable viaje de novios a Italia. Era una luna de miel que durante el día era "a tres", ya que me separaba de Amparo y del "recien casado" sólo cuando les dejaba en el hotel. Poco faltó para que me dejara convencer por los dos para que les acompanara a Venecia.

Inseparable de Tip era el bicarbonato, que le apagaba la acidez de estómago que le producía la úlcera. Recuerdo que paseando por la via Appia, en un tour turístico visitando monumentos romanos, catacumbas y villas de los famosos, de repente se acordó que no se había traído el bote. Nos pusimos como locos a buscar una farmacia, cuando la encontramos dio un grito de felicidad "Vaya bicarbonato excelente que voy a tomarme... un bicarbonato vegetariano porque seguro que lo fabrica la mujer del" apio!".

Durante el viaje de novios, Luis fue invitado a dar una conferencia en el Instituto Cervantes en la vía de Villa Albani (por cierto, un lugar como muchos de la Ciudad Eterna habitado por un fantasma; en este caso por la amante del yerno de Mussolini, el conde Ciano). Mientras entrábamos, observé que Tip agarraba un extintor de incendios y se lo llevó bajo el brazo. Al empezar la charla, lo colocó encima de la mesa diciendo: "Ustedes se preguntarán por qué he traído este objeto, pero es que me acaban de recordar que estoy en la patria del Ex-Tintoretto"". Fue la primera de las carcajadas de aquella tarde.

La noche antes de su partida para Venecia cenamos en Mario, un famoso restaurante cerca de la Plaza de España especializado en judías toscanas, que se cuecen dentro de botellones de cristal y se condimentan con aceite de las colinas florentinas y cebolla fresca. Luis se comió dos platos y socarrón advertía a su querida Amparo: "!Amparín amore, qué tronada te espera esta noche!".

El 8 de febrero de 1.999, Luis Sanchez Polack, por primera y única vez en su vida, hizo llorar a mucha gente. Era la única manera en la que un hombre como él podía dar un disgusto a los amigos. Soportó los peores golpes de la vida y devolvió a cambio sonrisas, como un surtidor de alegría. Aquel día de febrero nos dijo para siempre adiós. Y como con Tip no cabe la tristeza, cierro mi recuerdo con tres anecdotas, que dan la medida de la alegría de su generosidad y de la santidad propia de uno de sus "santos varones". Una me la contó el maestro Enrique García Asensio, al que Tip convenció para que tocara el violín de un mendigo que pedía limosna en una calle de Valencia, mientras él pasaba la gorra a los transeúntes para aumentar la recaudación del pobre que a penas había recogido algunos céntimos.

La otra anécdota se la debo a mi nuera Reyes, nieta del director y fundador de la SER, Virgilio Onate. Eran los años gloriosos de Tip y Top , la pareja radiofonica formada por Luis y Joaquín Portillo. Una manaña, al salir de la emisora, coincidieron con Don Virgilio que se marchaba tambien a su casa. Sin pensarlo mucho, le cogieron por sorpresa y le llevaron en "sillita a la reina" hasta meterle en un taxi pidiéndole al conductor que le llevara a Moratalaz "y si dice que no quiere ir, no le haga caso porque está un poco chiflado". Don Virgilio lo soportó con buen humor y resignación. Cosas de "sus chicos" y es que ya Tip le tenía acostumbrado. Cada vez que se lo tropezaba en los pasillos de la SER, le saludaba haciéndole la reverencia y diciéndole: "Don Virgilio déjeme que le bese su insigne calva".

El último de mis recuerdos ocurrió en el aeropuerto de Valencia donde vinieron a recogerme Amparo y Luis... Luis, tocado con un fez moro y una rama de matorral arrancada al pasar. Nada más verme empezó a gritar: "Ah Alà Alà Alaàaa" llegó Paloma jamalajà jamalajà de Roma Romà". Ni que decir que dimos el espectáculo mientras yo me ponía como un tomate y Amparo se reía diciendole: "Ay Luisito eres único". Que Dios te bendiga Luis Sánchez Polack, que estás en los cielos" !Qué bien lo estará pasando San Pedro!