Electrocuciones, aves en peligro y un acuerdo histórico que marca un antes y un después
Se trata de la primera causa de mortandad para algunas de las rapaces más amenazadas, como el águila perdicera. La colaboración entre grupos conservacionistas, administraciones y eléctricas es clave para reducirla
El águila perdicera es una de las especies más amenazadas por electrocución. (EFE/Gobierno de Aragón)
Las líneas aéreas y las torres de alta tensión suponen una amenaza directa para las aves por el riesgo de colisión y electrocución. El problema es bien conocido por la administración central, que en 2008 aprobó un Real Decreto que establecía un marco legal para lograr minimizar el impacto que la distribución y el transporte eléctricos tienen sobre las aves. Sin embargo, los informes de los expertos demuestran que la normativa está resultando ineficaz.
Actualmente la electrocución y la colisión con los tendidos eléctricos y las infraestructuras que los soportan es la causa de cerca de la mitad de los ingresos de aves heridas en los Centros de Recuperación de Fauna, especialmente entre las rapaces. Estamos hablando de decenas de miles de ejemplares de diferentes especies, entre las que se encuentran algunas tan amenazadas como el águila imperial, el milano real o el águila perdicera, para quien representa la principal causa de mortandad.
El doctor Joan Real, profesor del departamento de biología evolutiva de la Universidad de Barcelona y director del Equipo de Biología de la Conservación (EBC/UB) de esta entidad, lleva más de cuatro décadas estudiando el impacto de las líneas eléctricas de alta tensión en la avifauna, y muy especialmente en la perdicera. Considerado como uno de los mayores expertos en el estudio y seguimiento de esta problemática, a lo largo de su carrera como investigador no ha dejado de aportar informes técnicos que demuestran la necesidad de una distribución eléctrica más segura para las aves.
El pasado miércoles el profesor Real inauguró la mesa redonda 'Diálogo y cooperación para una transición energética compatible con la protección de la biodiversidad'. El encuentro se celebró en la Universidad de Barcelona y sirvió para poner de manifiesto que la necesaria descarbonización del modelo energético y el avance hacia una electrificación de la demanda sustentada en las renovables, no deben suponer un peligro para las aves. El acto precedió a la firma de un acuerdo entre Endesa y la organización conservacionista SEO/Birdlife, que lleva décadas alertando de la gravedad del problema. El profesor Joan Real no dudó en calificar dicho acuerdo de “histórico”.
Un impacto documentado
Los científicos denominan ‘bioindicadores’ a aquellas especies cuyo estatus poblacional marca un determinado estándar de calidad ambiental. Si su presencia va a menos tenemos un problema; si se recupera es que lo estamos solucionando. En los años ochenta el Dr. Real y su equipo de colaboradores asistían con gran preocupación al declive del águila perdicera por la presencia de torres de alta tensión en su territorio. En este caso la rapaz estaba actuando como bioindicador de un problema que afectaba también a otras especies de gran tamaño, como el búho real, el sisón o el urogallo, y a las grandes aves veleras como grullas y, de manera muy destacada, cigüeñas.
Torres de alta tensión sobre un bosque. (EFE/C.Bruna)
Para avanzar en el conocimiento de esta problemática se procedió a cartografiar las miles de torres distribuidas por el área de campo del águila perdicera y localizar los ‘puntos negros’, es decir aquellas en las que se producían más electrocuciones. De ese modo descubrieron que hasta el 70% de las muertes se daban en el 5% de las torres. Por eso se debían priorizarse las acciones correctoras en dichos puntos. Y así se hizo. Y efectivamente: la gráfica poblacional de la perdicera empezó a remontar.
La mesa redonda contó con la participación del Secretario de Transición Ecológica de la Generalitat de Catalunya, Jordi Sargatal; el director de Sostenibilidad de Endesa, Jorge Pina; el responsable de Transición Verde de SEO/BirdLife, Juan Carlos Atienza; y el investigador del Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio)Antonio Hernández. Y todos coincidieron en la necesidad de integrar la protección de la biodiversidad en el despliegue eléctrico que debe acompañar al abandono de los combustibles fósiles.
Pero también acordaron que los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero deben ser compatibles con los de restauración y conservación de la naturaleza, tal y como establece la normativa europea, así como que la manera más eficaz de lograr avances al respecto es fomentando las alianzas entre ciencia, empresa y sociedad y promoviendo proyectos de colaboración que sumen a todas las partes, como el que se presentaba esa jornada.
Esperando la nueva ley
El compromiso de colaboración llega en plena tramitación del nuevo Real Decreto que sustituirá al de 2008 y que prevé un aumento de los requisitos para garantizar la seguridad de todas las líneas eléctricas de alta tensión para las aves. A este respecto Endesa recordó que, como parte de su compromiso con la conservación y mejora de la biodiversidad, llevan años procediendo a la revisión de todo el parque existente, y anunció a que todas las actuaciones que se lleven a cabo para su ampliación contarán con las medidas necesarias para garantizar la protección de la avifauna. También exigió que la nueva normativa incluya el reconocimiento formal de las inversiones destinadas a tal fin.
Por desgracia las aves no saben leer. (Europa Press/Ricardo Rubio)
Desde SEO/BIrdLlife celebran las declaraciones de compromiso y el espíritu de colaboración de una de las grandes eléctricas, aunque se muestran cautos y prefieren hablar de un "manifiesto de interés conjunto" más que de un acuerdo. En ese sentido aseguran quepermanecerán "vigilantes" para que todo lo acordado se traduzca en acciones concretas para garantizar la mínima incidencia sobre la fauna de estas infraestructuras.
Respecto al proyecto de Real Decreto apuntan la necesidad de que propicie un marco legal más eficiente y ambicioso, ya que "las aves se mueven" y no basta con actuaciones puntuales en lugares determinados, sino en corregir los tendidos peligrosos para las aves en todo el territorio atendiendo a las incidencias que, gracias a la ciencia ciudadana, se detectan en toda la red. Solo de ese modo lograremos un despliegue responsable del sistema eléctrico que contribuya a afrontar un reto doble, aunque íntimamente entrelazado: el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.
Las líneas aéreas y las torres de alta tensión suponen una amenaza directa para las aves por el riesgo de colisión y electrocución. El problema es bien conocido por la administración central, que en 2008 aprobó un Real Decreto que establecía un marco legal para lograr minimizar el impacto que la distribución y el transporte eléctricos tienen sobre las aves. Sin embargo, los informes de los expertos demuestran que la normativa está resultando ineficaz.