Si creías conocer al jilguero, te sorprenderá descubrir las amenazas que enfrenta
El popular ‘colorín’ une su suerte a la del medio agrario, donde ejerce de bioindicador de calidad ambiental. Por eso con su descenso actúa como el canario de la mina, alertando del deterioro de nuestros campos
Es una de las preguntas que se hacen los aficionados a la ornitología de campo: ¿dónde están los jilgueros? Durante años, este popular pájaro de contrastado plumaje, un semáforo alado de vivos colores rojos y amarillos, deleitaba los paseos por los paisajes agrarios con su llamativa presencia y su alegre canto. Pero el campo está cambiando y con él la biodiversidad que acoge, por eso el más común de nuestros pájaros cantores lo es cada vez menos.
Para dar a conocer la situación que atraviesa este conocido y todavía abundante paseriforme, la organización conservacionista SEO/Birdlife lo ha elegido como Ave del Año 2026 tras ganar una votación abierta a todo el púbico en la que han participado más de once mil ciudadanos. Esta distinción, que viene celebrándose anualmente desde 1988, tiene como principal objetivo llamar la atención sobre la conservación de las aves y sus hábitats, así como reivindicar las medidas que se deben llevar a cabo para garantizar su protección.
Con la elección del jilguero, uno de los pájaros más conocidos por el gran público, se pretende centrar el foco en una especie que, pese a no estar directamente amenazada de extinción, si que representa como pocas los diferentes problemas a los que se enfrenta la conservación de la naturaleza en un amplio abanico de entornos: desde los ecosistemas agrarios y el medio rural hasta el entorno de las grandes ciudades, donde esta especie también resulta frecuente.
Del tamaño de un gorrión, con quien comparte familia junto a otros fringílidos como el verderón, el pardillo o el pinzón, el jilguero recibe el nombre de ‘colorín’ en muchas partes de España por su elegante y atractivo plumaje. El pecho y las partes bajas del vientre son de color blanco, mientras que el dorso y los flancos son de un fino marrón café con leche. En la cabeza destaca sobremanera el rojo intenso de su faz, rodeando el abultado pico rosado. Los ojos están ocultos en un antifaz negro, como el capirote y la nuca, en contraste con las mejillas de color blanco. Aunque lo que más llama la atención es la combinación entre amarillo y negro que luce en las alas, muy visible en vuelo, lo que permite identificarlo a la primera del resto de las aves con las que comparte habitat.
La triste costumbre de enjaularlos
Muy gregario y sociable, suele verse casi siempre volando en grupo, y aunque frecuenta pinares, encinares y otros bosques abiertos, prefiere habitar los paisajes en mosaico: las lindes de los caminos y los márgenes de las tierras de labranza, el entorno de los huertos, olivares, dehesas y viñedos. Pero además de vivir en el campo, también es frecuente observarlo en parques y jardines urbanos, donde, si el ruido del tráfico lo permite, podemos disfrutar de su bello canto: uno de los más variados y musicales entre las aves canoras. Tanto es así que desde antiguo viene siendo perseguido y capturado mediante todo tipo de técnicas de trampeo para mantenerlo enjaulado con el afán de disfrutar de su bella melodía, participar en concursos de canto o comerciar con ellos.
Como bien señalan desde SEO/Birdlife, aunque su buena situación poblacional no hace temer por su presencia, la especie está sufriendo un pronunciado y sostenido declive en los últimos años por las amenazas derivadas de las actividades humanas: desde esa captura ilegal con fines de comercio y tenencia en cautividad, hasta los efectos de la industrialización del campo, con una agricultura cada vez más intensiva y basada en las grandes extensiones de monocultivos y el uso excesivo de plaguicidas y herbicidas incluso en los parques y jardines urbanos.
El anillamiento científico ha conseguido demostrar que buena parte de los jilgueros que pueblan nuestros campos llegan desde Finlandia, Rusia y otros lejanos lugares de la Europa central. En el caso de los que crían aquí la mayoría se quedan todo el año, pero por estas fechas los movimientos de invernada de las aves que huyen del frio del norte de Europa pueden llegar a multiplicar por diez la población española. Asimismo, algunos de los jilgueros ibéricos parten hacia África para pasar el invierno mezclados con las poblaciones allí sedentarias.
Vida y costumbres
En nuestro país el período de cría va desde mediados de marzo hasta principios de agosto, pudiendo llegar a realizar varias puestas en años de abundancia. El nido del jilguero también es muy característico. Consiste en un pequeño cuenco de ramillas, hierba, lana de oveja o pelos de caballo que recoge de los campos, suele situarlo en las ramas altas de los árboles, sirviéndole de un año para otro. La hembra es la encargada de incubar los huevos (hasta media docena por puesta) durante alrededor de dos semanas, siendo alimentada y atendida en todo momento por el macho. Si todo va bien los pollos abandonan el nido a las tres semanas, y si el tiempo y la disposición de alimento acompañan suele darse una segunda y hasta una tercera puesta.
Según SEO/Birdlife, además de los problemas de conservación derivados del deterioro de los ecosistemas agrarios y la disminución de los espacios verdes en las grandes ciudades, la llamativa coloración de su plumaje y su variado canto constituyen su perdición, siendo el ave más perseguida y trampeada en España, con miles de ejemplares muertos o enjaulados cada año.
Por todo ello la campaña Ave del Año 2026 centrará sus esfuerzos en visibilizar estas amenazas y poner el foco en la importancia de conservar la biodiversidad en los paisajes agrarios impulsando un modelo agrícola productivo pero en armonía con la naturaleza, cosa que no está reñida sino todo lo contrario. En la necesidad de reverdecer las ciudades y aplicar esquemas de jardinería menos intensiva, y por supuesto en la lucha contra la captura y el comercio ilegal de esta emblemática especie y el resto de fringílidos.
Es una de las preguntas que se hacen los aficionados a la ornitología de campo: ¿dónde están los jilgueros? Durante años, este popular pájaro de contrastado plumaje, un semáforo alado de vivos colores rojos y amarillos, deleitaba los paseos por los paisajes agrarios con su llamativa presencia y su alegre canto. Pero el campo está cambiando y con él la biodiversidad que acoge, por eso el más común de nuestros pájaros cantores lo es cada vez menos.