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Audio: un verano por delante, un resumen, un calendario sonoro
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Sábados de campo

Audio: un verano por delante, un resumen, un calendario sonoro

A finales de junio hay tres sonidos que describen el comienzo del verano: los estampidos de las tormentas secas, la matraca continua de las cigarras -más intensa cuanto más alta es la temperatura- y los ladridos de los corzos en celo

Foto: Campo español durante el verano. (iStock)
Campo español durante el verano. (iStock)

Tormentas secas y con lluvia, el celo de los corzos, las chicharras y el calor, el frescor de las lagunas por las noches, las señales de alarma de los jóvenes volantones y la berrea de los ciervos. Mes a mes, el verano es una suite sinfónica. Lo que sigue es su relato.

A finales de junio hay tres sonidos que describen el comienzo del verano: los estampidos de las tormentas secas, la matraca continua de las cigarras -más intensa cuanto más alta es la temperatura- y los ladridos de los corzos en celo. Cae la tarde, pero todavía hace calor y el rascar de las cigarras es el último resto del bochorno del día. En el cielo retumba un trueno reseco, una tormenta sin lluvia. Y abajo, en la penumbra creciente, los ladridos de un corzo indican que junio es su mes para la reproducción.

Audio/vídeo: Carlos de Hita

En julio la sequedad extrema ya es una constante y la actividad sonora busca refugio en los pocos espacios de frescor. Por la noche, en una laguna, una tabla encharcada, croan miles de anfibios, parpan y chapotean los patos azulones; unas fochas pitan y corretean sobre el agua y gruñe, con voz enfadada, un rascón.

Por la mañana temprano, en un bosque, en la hora fresca del amanecer, cantan mirlos y zorzales, un cuco da la hora y tamborilean los pájaros carpinteros, los picos picapinos.

placeholder La sequedad característica del campo español en agosto. (Carlos de Hita)
La sequedad característica del campo español en agosto. (Carlos de Hita)

Agosto es el mes en el que los campos se vacían. Seco el ambiente -de ahí la palabra “agostarse”-, enmudecidos los anfibios, buena parte de las aves migrantes se preparan para viajar al sur. Las golondrinas comunes vuelven a ser gregarias y forman sus partituras alineadas en los cables del tendido eléctrico.

A la vez, entre los que se quedan o aún no han partido, corren señales de alarma. En los bosques las canciones territoriales de las aves en primavera dan paso a una maraña de silbidos agudos, carraspeos, chasquidos y gruñidos. Son las señales de alarma de los adultos que avisan así del peligro a los inexpertos jóvenes volantones. Sonidos muy simples, difíciles de localizar, que cumplen la doble función de avisar del peligro sin poner en riesgo a quien la emite.

Foto: La sequedad característica del campo español en agosto. (Carlos de Hita)

Pasarán -ojalá- el calor y la sequedad, llegarán las tormentas de septiembre y con la primera hierba fresca comenzará la berrea de los ciervos. El último episodio del verano, el primero del otoño.

Tormentas secas y con lluvia, el celo de los corzos, las chicharras y el calor, el frescor de las lagunas por las noches, las señales de alarma de los jóvenes volantones y la berrea de los ciervos. Mes a mes, el verano es una suite sinfónica. Lo que sigue es su relato.

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