Regalar animales exóticos: la barbaridad 'de moda'
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Regalar animales exóticos: la barbaridad 'de moda'

El tráfico de animales es una de las principales formas de contrabando en todo el mundo, favorece la expansicón de las especies invasoras y supone una de las mayores amenazas a la biodiversidad del planeta

Foto: Un serval en una jaula. Foto: Reuters/Terray Sylvester
Un serval en una jaula. Foto: Reuters/Terray Sylvester

Con la llegada de la Navidad, las mascotas son uno de los regalos más habituales. Como bien se encargan de aclarar diversas organizaciones, esto no siempre es una buena idea, pues muchos de ellos acaban abandonados pocos meses después. Los animales de compañía no son un juguete, sino una responsabilidad, y de las 'gordas'. Por si esto fuera poco, otro problema al que nos enfrentamos ahora es la popularización de la compra de animales de compañía exóticos como nutrias, kinkajúes o monos tití.

No solo se trata de animales no domésticos, complicados de mantener en buenas condiciones, que requieren cuidados muy especiales (haciendo que solo los centros de conservación puedan proporcionarles los cuidados que realmente necesitan), sino que su mera presencia en nuestro país conlleva un riesgo de salud pública (pudiendo ser vectores de zoonosis -enfermedades capaces de saltar la barrera entre diversas especies-), de biodiversidad, y, dependiendo de las especies, pueden suponer hasta un peligro para la seguridad ciudadana.

No existe una necesidad, para nadie sobre la faz de la Tierra, de tener en su casa, a modo de compañía, una nutria o un mono tití

Es un problema cada día más común. Por ejemplo, el centro de rescate de mamíferos exóticos AAP Primadomus en Villena (Alicante) ha recibido en el último mes 12 kinkajúes (Potos flavus), un mamífero carnívoro de la familia de los prociónidos, a la que también pertenecen los mapaches; 5 servales (Leptailurus serval), un felino proveniente de África; y un mono tití, un diminuto primate de entre 18 y 30 cm de largo.

Foto: Petirrojo europeo. Foto: SEO/Birdlife

La oferta de estas especies a través de internet es masiva, no es de extrañar, por tanto, que desde diversas organizaciones denuncien que este mercado mueva millones de euros en España. Del mismo modo denuncian que los proveedores de las especies exóticas se aprovechan de las redes sociales con el objetivo de conseguir popularizar estos animales, y así aumentar la demanda.

placeholder Dos cotorras argentinas en un árbol de Madrid. (EFE/Mariscal)
Dos cotorras argentinas en un árbol de Madrid. (EFE/Mariscal)

Las organizaciones también denuncian la celebración del evento 'Expoterraria' (que se celebró el 18 de septiembre en Madrid y el 6 de noviembre en Barcelona), en el que no solo se exponen estas especies, enjauladas en "deplorables condiciones", sino que también se permite el contacto directo y continuo del público con ellas, lo que supone un serio riesgo de salud (tanto para los animales, como para los seres humanos).

La crisis de biodiversidad

La introducción accidental de especies exóticas invasoras en el territorio español (o en cualquiera al que no pertenezcan de forma natural) supone un serio riesgo para los ecosistemas y para las especies autóctonas (como es el caso del camalote). Pero en este caso se trataría de una introducción completamente voluntaria. Uno de los más claros ejemplos de esto son las cotorras argentinas y de Kramer (Myiopsitta monachus y Psittacula krameri respectivamente), que han invadido la ciudad de Madrid y han puesto en riesgo a la fauna autóctona como los gorriones, las palomas y los mirlos. También es el caso del mapache introducido en muchas localidades españolas o las tortugas de florida (Trachemys scripta elegans) que ha invadido la Comunidad Valenciana.

Foto: Un ejemplar de cotorra argentina (SEO/BirdLife)

Esto obliga a las autoridades a poner remedio al problema (lo que a su vez implica el sacrificio de miles de animales), lo que a su vez desata un debate y un dilema moral para muchos animalistas, pues estas especies invasoras suponen un riesgo para las autóctonas, pero su eliminación forzosa también puede ser cuestionable (el Ayuntamiento de Madrid pretende sacrificar a 12.000 cotorras, dado que debido a que están catalogadas como una especie exótica invasora, no pueden ser reintroducidas, por ley, al medio natural).

Lo que está claro es que estos problemas no tendrían por qué tener lugar. No existe una necesidad, para nadie sobre la faz de la Tierra, de tener en su casa, a modo de compañía, una nutria (que pueden llegar a ser muy agresivas y peligrosas en la época de celo) o un macaco. Los animales no son, en ningún caso, un juguete. Y si por un simple capricho deseamos tener una especie exótica, estaremos poniendo en riesgo mucho más de lo que creemos.

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