Audio | La tempestad y la calma: tormentas en la sierra de Guadarrama
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Audio | La tempestad y la calma: tormentas en la sierra de Guadarrama

De la tempestad a la calma y vuelta a empezar en las cumbres de la sierra de Guadarrama, donde los estampidos de los truenos se escuchan a ambos lados de la línea divisoria entre Madrid y Segovia

placeholder Foto: Grandes y estruendosas descargas eléctricas. (Unsplash/@littleppl85)
Grandes y estruendosas descargas eléctricas. (Unsplash/@littleppl85)

En este verano extraño, imprevisible, que se ha vivido en media España, parece como si el otoño se hubiera presentado con varias semanas de adelanto. Frentes tormentosos han barrido esta semana buena parte de la península y han dejado a su paso grandes aguaceros, impresionantes espectáculos de luz y sonido y un penetrante olor a tierra mojada. Truena como solía, se podría decir.

De la tempestad a la calma y vuelta a empezar en las cumbres de la sierra de Guadarrama, donde los estampidos de los truenos se escuchan a ambos lados de la línea divisoria entre Madrid y Segovia. Sobre los Siete Picos, la cuerda de la sierra de la Mujer Muerta, el Montón de Trigo y, en general, sobre los pinares de Valsaín, las nubes en formación se agarran a las crestas y desde algún lugar remoto llega el retumbo de los primeros truenos.

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Horas después, una exhalación tras otra rasga la noche cerrada. A cada rayo le sigue un estampido que rellena el espacio, resuena en cada oquedad, choca contra cada roca y rebota por las montañas en forma de eco. Pero las descargas eléctricas caen tan seguidas que un trueno alcanza al siguiente y el valle se convierte así en una inmensa cámara de resonancia.

Amanece sobre las cumbres de otro cordal de la sierra, la Cuerda Larga vista desde los pinares y praderas del puerto de Cotos. Graznan, con voz fúnebre, las cornejas, reclaman, con sus chisporroteos característicos, los petirrojos. Y canta, optimista pese a todo, un zorzal charlo. Pero en las alturas se anuncian cambios. En las crestas cimeras de las Cabezas de Hierro los jirones de las nubes en formación se retuercen y ruedan, deshilachados, ladera abajo, a la vez que un nuevo retumbo anuncia que la calma que llegó tras la tempestad tiene las horas contadas.

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