El espíritu indómito y agreste del lobo ibérico
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Crónicas de la vida salvaje

El espíritu indómito y agreste del lobo ibérico

La relación entre el lobo y el ser humano ha estado marcada desde siempre por el conflicto. La convivencia con este bello animal no ha sido nunca fácil, pero entre todos debemos lograr que sea posible

placeholder Foto: Lobo ibérico (Foto: Andoni Canela)
Lobo ibérico (Foto: Andoni Canela)

Del lobo se dice de todo, cosas buenas y cosas malas, con y sin razón. Sanguinario, feroz, brutal, despiadado, enemigo ancestral. Perseguido, masacrado, chivo expiatorio, víctima. Superviviente, astuto, inteligente, audaz, oportunista, adaptable, indómito.

Atributos válidos o aplicables a estos bellos animales, pero también al ser humano. Adjetivos contradictorios y enfrentados que reflejan los marcados contrastes de opinión que genera su existencia. Pero quizás hay uno que puede dar lugar a un consenso entre las partes: me refiero a ese último calificativo; indómito.

placeholder Rastro de lobo en una pista de montaña (Foto: Andoni Canela)
Rastro de lobo en una pista de montaña (Foto: Andoni Canela)

Del latín 'Indomĭtus' (RAE) significa no domado, que no se deja domar, difícil de sujetar o reprimir. Y efectivamente: así es el lobo. Añadiría también otro rasgo destacable: el de su resistencia, el no darse nunca por vencido. Resiliencia total.

Lobos y seres humanos han compartido el planeta durante milenios. Han evolucionado juntos y casi siempre enfrentados. En muchos lugares, como sucedió en gran parte de Europa Occidental, el ser humano logró exterminar al lobo. Pero, el 'canis lupus' resistió a la persecución y sobrevivió en unos pocos refugios naturales. Ahora, regresa a parte de sus antiguos territorios.

Foto: Lobo ibérico. (Ana Retamero/ WWF) Opinión

El lobo mata al ganado cuando puede, o cuando le dejan. Para comer. Ya sea ese mismo día o al siguiente. Para él mismo o para su manada. El ser humano mata al lobo cuando puede, quiere o cuando le dejan. A tiros, con trampas o veneno. De manera legal e ilegal. A veces, para defender su comida. También para vengarse o por simple odio. Ambas especies son sociales y viven en grupos familiares o en manadas.

placeholder Notas de campo sobre el seguimiento del lobo. (Foto: Andoni Canela)
Notas de campo sobre el seguimiento del lobo. (Foto: Andoni Canela)

Repaso la libreta de campo de aquellos años en los que intentaba fotografiar por primera vez a un lobo ibérico. Para mí, es el animal que siempre ha representado el lado más salvaje de la naturaleza. También el más misterioso y esquivo. Tras varios intentos, a finales del siglo XX, logré ver el primero. Fue bajo la lluvia, y apenas unos segundos, mientras cruzaba un claro del bosque. Un visto y no visto. Quizás hasta imaginado.

Foto: Ejemplar de lobo ibérico. (EFE)

Con la fe renovada, un año más tarde, regresé al mismo lugar: la sierra de la Culebra. Era mi tercer viaje a este enclave perdido en el oeste de Zamora, muy cerca de la frontera con Portugal.

Lluvia, pinares y matorrales. Huellas en el barro. Espero al lobo. Pasan los días. Frío, humedad, viento. El termómetro bajo cero. El lobo no aparece. Los ciervos saludan, los jabalíes también. La lluvia me acompaña. Veo al mismo zorro tres días seguidos. El último día, tiene todo su pelaje mojado y oscuro. El frío continúa.

placeholder Observación de lobo ibérico en Zamora. (Foto: Andoni Canela)
Observación de lobo ibérico en Zamora. (Foto: Andoni Canela)

Del alba hasta que llega la noche: contemplación, esperanza, cansancio. El lobo sigue sin aparecer. Y el séptimo día… por fin, llega el momento. Inesperado y sorprendente. Así suelen ser los escasos encuentros cercanos con el lobo. Cruzamos la mirada unos segundos. Luego, él mira al infinito y... desaparece. Y es entonces cuando me pregunto: ¿pensarán los lobos?

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