Sarrios, los alpinistas de las cumbres pirenaicas
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Crónicas de la vida salvaje

Sarrios, los alpinistas de las cumbres pirenaicas

Estos inquilinos de las cumbres tienen una especial predilección por las áreas más rocosas, que utilizan como refugio dada la gran destreza que tienen para moverse por ellas

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Foto: Andoni Canela

La mañana amanece con nieve, húmeda y persistente. Me pongo las polainas y camino monte arriba. La nieve me llega por encima del tobillo. Un par de cuervos graznan mientras pasan volando sobre mi cabeza. Siluetas negras en el cielo. Sigue nevando. Es como un mantra. El paisaje se pinta con copos, como un dibujo punteado de tinta blanca. La nieve cubre los árboles, los arbustos, las rocas… hasta el último pedazo de tierra. Todo es blanco.

Sigo caminando. Antes de llegar a la zona más alta, los pinos negros están ya cargados de nieve. Es justo en un claro del bosque donde encuentro mi objetivo: los sarrios. Los sarrios son de los habitantes animales más fascinantes del Pirineo. Estos bóvidos también denominados rebecos pirenaicos tienen un aspecto a medio camino entre el ciervo y la cabra montés, con un cierto parecido al corzo. El sarrio ('Rupicapra p. pyrenaica') se considera como una subespecie diferente del rebeco cantábrico ('R. p. parva'). Ambas poblaciones, que divergieron hace miles de años, comparten las características principales de la especie.

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Foto: Andoni Canela

Continúo ascendiendo tras el primer encuentro. Dejo atrás el bosque y desde lejos me percato de cómo otro grupo de sarrios más numeroso sube una ladera empinada. Les cuesta caminar y se hunden pesados en la nieve. Intento mantener la distancia para que no se espanten. A simple vista son casi negros. Su pelaje de invierno contrasta con el del resto del año, es mucho más denso y oscuro. El paisaje desnudo de vegetación, rodeado de altas montañas, refleja muy bien la morada de estos animales.

Los sarrios son de los mamíferos más representativos de la alta montaña. Viven totalmente adaptados a la dureza de su entorno. Ocupan las zonas alpina y subalpina de las grandes cordilleras y se mueven además en el límite forestal. Durante el verano pueden ascender hasta las mismas cumbres de algunas montañas y alcanzar incluso los 3.000 metros de altura. Tanto los machos como las hembras tienen cuernos y los mantienen durante todo el año. Los de los machos son más grandes y más curvados. En la cara tienen una especie de antifaz formado por una mancha negra desde los ojos hasta el hocico.

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Foto: Andoni Canela

Ayudado por el telescopio contemplo la escena con detalle. Los sarrios están en una zona expuesta al viento donde hay menos nieve, lo que les facilita encontrar el alimento. Están comiendo. Cada cierto tiempo mueven las patas delanteras con ahínco excavando en la nieve. Los sarrios comen preferentemente hierba y en especial gramíneas, pero cuando la nieve o el hielo cubren la hierba se alimentan también de ramas de diferentes arbustos y árboles.

Durante el invierno es frecuente ver machos solitarios y grupos pequeños mixtos de machos y hembras junto a sus crías. En la zona donde me encuentro, los grupos en invierno suelen ser de unos 15 o 20 animales. Sin embargo, en verano se concentran en un número mucho mayor. Este pasado verano encontré grupos de más de 100 ejemplares en estos mismos montes. Los sarrios tienen especial debilidad por las zonas rocosas, en las que hallan refugio y seguridad ante posibles peligros. Gracias a sus duras y puntiagudas pezuñas se pueden agarrar a las rocas y moverse con gran habilidad por paredes rocosas y zonas pedregosas. Son lugares seguros para prevenirse de posibles depredadores.

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Foto: Andoni Canela

En el Pirineo, son las águilas reales y los zorros sus depredadores principales. Cazan crías de pocas semanas y animales debilitados. Los ejemplares adultos pueden ser presas ocasionales de los escasos lobos y osos que habitan esta cordillera. En un par de ocasiones, en este mismo lugar por el que camino he visto águilas reales haciendo vuelos en picado a la espera de que algún cabrito se despeñara.

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