Medio centenar de países se unen para evitar el colapso de la naturaleza
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PÉRDIDA DE BIODIVERSIDAD

Medio centenar de países se unen para evitar el colapso de la naturaleza

La One Planet Summit ha lanzado un nuevo mensaje mundial de alerta ante las amenazas, cada vez mayores, a que se enfrentan todos y cada uno de los ecosistemas de la Tierra

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Tigre de Bengala. (EFE)

Una cincuentena países de todo el mundo ha iniciado 2021 adquiriendo el compromiso de proteger el 30% de la biodiversidad del planeta en 2030. Esta iniciativa de la Coalición de Alta Ambición por la Naturaleza y los Pueblos ha sido bautizada como la iniciativa 30x30.

La pandemia del coronavirus ha azotado la salud de la población, la economía y el modo en que vivíamos, pero ha mostrado también la necesidad de recuperar el equilibrio con la naturaleza de manera urgente.

El año 2020 estaba llamado a ser un año clave para la biodiversidad con la celebración de la Cumbre de la Biodiversidad de la ONU en China (COP15), pero el covid-19 paralizó la acción multilateral y la cita fue aplazada al próximo mes de mayo en la ciudad de Kunming.

Emanuel Macron dijo que las vulnerabilidades ambientales están relacionadas, lo que nos obliga a tener un enfoque holístico del problema

Hasta entonces, estos 50 países, incluida España, reforzarán la acción internacional contra la pérdida de biodiversidad sumándose a la Coalición de la Alta Ambición para las Personas y la Naturaleza promovida por Francia, Reino Unido y Costa Rica.

Durante la Cumbre One Planet Summit, celebrada la semana pasada en París, el presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado, puso cifras a la realidad que vive la vida salvaje del planeta al señalar que en la actualidad solo están protegidos el 7% de la superficie marina y el 15% de la terrestre.

Este país centroamericano alberga un 5% de la biodiversidad mundial con una superficie equivalente al territorio de Castilla y León. En los últimos años, Costa Rica ha trazado uno de los planes ambientales más ambiciosos del mundo convirtiéndose así en referente internacional. De hecho, ha anunciado que en 2021 espera lograr que su generación eléctrica sea 100% renovable y se ha comprometido a alcanzar la neutralidad climática en 2050.

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Mariposa. (EFE)

El anfitrión de la cumbre, Emanuel Macron, manifestó que todas las vulnerabilidades ambientales están relacionadas, lo que nos obliga a tener un enfoque holístico del problema y buscar soluciones comunes y verificables.

El presidente francés reiteró la necesidad de “actuar ya” con acciones concretas, especialmente en agroecología o finanzas verdes. Su insistencia llega tras constatarse el incumplimiento del Convenio sobre Biodiversidad de Nagoya, firmado en 2010 y con el que los países se propusieron detener el avance de la pérdida de biodiversidad para 2020. Una década después, no solo no hemos logrado frenar esa ritmo de merma, sino que el deterioro de la vida silvestre y marina se está acelerando.

En el mismo evento, Francia presentó un plan regional para el Mediterráneo con el mismo objetivo: proteger el 30% de su biodiversidad en 2030. El plan ha sido respaldado por España y varios países ribereños. Para cumplirlo, Alberto II de Mónaco se comprometió a aportar 30 millones de euros para crear una veintena de áreas marinas protegidas antes de 2025 a través de la iniciativa Med Fund.

Foto: Foto: Unsplash/@photosbyjenni

Por su parte, el príncipe Carlos de Inglaterra, muy vinculado desde hace décadas al cuidado del medio ambiente y en particular a la agroecología, animó a los líderes empresariales a invertir en ecología y sostenibilidad. Para dar ejemplo, anunció la puesta en marcha de un plan de recuperación de 7.300 millones de libras esterlinas con los que corregir “promesas incumplidas”. El primer ministro británico, Boris Johnson, comprometió 3.000 millones de libras para financiar la salvaguarda de la biodiversidad mundial y el presidente Macron, otros 10.000 millones de euros en los próximos dos años.

Más allá del dinero

Para poner en marcha toda esto, se requiere de un instrumento legal en el seno de la ONU, cuya aprobación también está paralizada desde hace ya cerca de un año. Precisamente, en marzo de 2020 estaba previsto votar una propuesta de un nuevo Tratado del Mar que incluía la protección del 30% de la superficie marina del planeta. Se trata de una antigua reivindicación de las ONG dedicadas a la conservación marina.

La Coalición de la Alta Ambición busca recuperar el tiempo perdido y aprobar con urgencia este tratado, que permitiría establecer áreas protegidas en las aguas que quedan fuera de la jurisdicción de los países. Es allí donde en la actualidad se cometen más agresiones contra la naturaleza, desde vertidos de diversa índole a la dañina pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR). Y es que las áreas de alta mar siguen careciendo de un marco jurídico vinculante pese a representar dos tercios de la superficie de los océanos.

Al evento, asistieron representantes de distintos países y organismos internacionales, como el viceprimer ministro de China, Han Zheng, el secretario general de la ONU, António Guterres, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, los citados príncipes de Mónaco y Reino Unido, así como la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera.

placeholder Una ballena, en aguas de Italia. (EFE)
Una ballena, en aguas de Italia. (EFE)

Ribera prometió trabajar para proteger la biodiversidad terrestre y marina de España, que ya cuenta con el 12% de las costas nacionales protegidas, uniéndose así al plan propuesto por Francia. “Hay que preservar la naturaleza, pero los esfuerzos de conservación ya no son suficientes. Necesitamos revertir la pérdida de naturaleza y para ello debemos producir y consumir de una manera diferente”, reflexionó Ribera en su intervención, en la que explicó que las líneas de actuación pasarán por luchar contra la pesca ilegal, por un despliegue “responsable” de las energías renovables marinas y por desarrollar nuevas áreas protegidas de interés pesquero, a las que considera la herramienta “más eficaz” en la conservación.

Humanidad y naturaleza

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, aprovechó su intervención en la cumbre para lograr que 2021 sea el año “de la reconciliación entre la humanidad y la naturaleza”. Guterres se ha convertido en uno de los máximos impulsores de la acción climática, reclamando a la comunidad internacional que intensifique sus iniciativas porque las actuales no son suficientes.

“Hasta ahora, hemos estado destruyendo nuestro planeta —afirmó—, abusando de él como si tuviéramos uno de repuesto”. “Nuestro actual consumo de recursos requiere casi dos planetas, pero solo tenemos uno. Si equiparáramos la historia de la Tierra con un año natural, habríamos usado un tercio de sus recursos naturales en los últimos 0,2 segundos”, sentenció.

Foto: Foto: Andoni Canela

Pero Guterres mantiene contra viento y marea una visión optimista y plantea el presente año como una “oportunidad”: la de la recuperación tras la pandemia para iniciar una senda que “brinde salud para todo el mundo, revitalice las economías y rescate la biodiversidad”, algo que deberá hacerse con políticas “inteligentes” e inversiones “adecuadas”.

Pero la iniciativa también provoca temores, en especial entre los pueblos indígenas, que han alzado la voz para exigir que la protección de espacios naturales no se realice sin contar con ellos. En ese sentido, recordaron que cuando se amplió el Parque Nacional de Kahuzi-Biega en República Democrática del Congo, en 1975, los mbuti perdieron parte de su acceso al bosque y a las plantas medicinales en las que basan sus cuidados. En esa misma línea, el director del Programa Integrado para el Desarrollo del Pueblo Pigmeo, Diel Mochire, lamenta que cuando se declaró la protección de su territorio, los pigmeos se vieron obligados a comprar sus alimentos en lugar de seguir obteniéndolos de la naturaleza. Las necesarias acciones para frenar la galopante pérdida de biodiversidad no pueden dejar de lado a las poblaciones indígenas que habitan en las áreas protegidas, que deben participar en la toma de decisiones sobre los territorios de los que depende el pleno desarrollo de sus vidas.

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