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Las nuevas infraestructuras gasistas amenazan la transición energética
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Freno a las renovables

Las nuevas infraestructuras gasistas amenazan la transición energética

Ignorar el coste asociado al abandono de activos y el fracaso de las inversiones en nuevos equipamientos de combustibles fósiles amplificará los riesgos económicos

Foto: Estación distribuidora de gas natural (REUTERS/W.Kardas)
Estación distribuidora de gas natural (REUTERS/W.Kardas)

Actualmente existe una controversia en torno a la persistencia del gas como tecnología ligante entre el viejo modelo energético y el nuevo 100% renovable. Lo mismo sucede con sus infraestructuras de licuefacción, regasificación, distribución y transporte. Y no, no son necesarias a menos que queramos obstaculizar gravemente la transición energética.

Así concluye una investigación científica, publicada en Nature Energy, que analiza la expansión en las nuevas políticas y proyectos de las infraestructuras gasistas y realiza una amplia revisión bibliográfica. No solo serán los activos varados, sino que ponen en evidencia que el gas natural tiene un impacto climático subestimado hasta la fecha al haberse obviado, en numerosos casos, las graves fugas de metano. Un error fatídicamente repetido desde hace años.

El serio problema de las fugas

Actualmente, la extracción y el uso de combustibles fósiles representan alrededor del 15-22% de las emisiones totales de metano. Junto con las fuentes naturales y agrícolas, la investigación muestra que la contribución de las fuentes antropogénicas de combustibles fósiles a las emisiones totales de metano se ha subestimado en un rango del 20-60%. Las fugas de metano en la producción y el transporte son las principales culpables.

Foto: Central de carbón de Niederaussem, Alemania. (Reuters/W. Rattay)

Sin embargo, no existe una cifra única y válida para los índices de emisiones fugitivas de metano relacionadas con el sector del gas natural. A pesar de ello, hay estudios regionales sobre las emisiones asociadas al sector del petróleo y el gas en Canadá y Estados Unidos que muestran que los supuestos anteriores rebajaron las emisiones de metano en un 50-60%.

No obstante, recuerdan que el potencial de calentamiento global (PCG) del metano es hasta 87 veces mayor que el del CO2 en los primeros 20 años tras su emisión y hasta 36 veces mayor en los primeros 100 años. Dado el elevado potencial de calentamiento global del metano, especialmente en los primeros 20 años, el uso del gas natural como sustituto (temporal) del carbón puede, incluso, provocar un aumento adicional de la temperatura a corto plazo.

El gas bloquea a las renovables

Otro argumento que esgrimen los defensores del gas natural es que es necesario para cumplir los objetivos climáticos nacionales e internacionales debido a sus bajas emisiones. Según el estudio, este argumento es capcioso porque el gas natural provoca más emisiones de las que se le suelen atribuir de manera oficial. Además, el uso continuado del gas natural crea 'bloqueos de carbono' que retrasan el despliegue masivo de las renovables.

placeholder Gasoducto en Grecia (REUTERS Alexandros Avramidis)
Gasoducto en Grecia (REUTERS Alexandros Avramidis)

El término 'bloqueo del carbono', desconocido para muchos, describe la interacción de los sistemas tecnológicos tradicionales con los combustibles fósiles y las instituciones relacionadas, creando barreras para su eliminación progresiva. Pueden ser, por ejemplo, de naturaleza infraestructural, institucional o de comportamiento social o empresarial.

El mayor bloqueo procede de las infraestructuras. Los gasoductos, las terminales de GNL y las centrales eléctricas de gas tienen una vida técnica de varias décadas, implicando un riesgo especialmente grave. Si las infraestructuras energéticas actuales siguen funcionando como hasta ahora, se liberarán aproximadamente 658 GtCO2 . Estas emisiones superarían todo el presupuesto del CO2 restante para limitar el calentamiento global a 1,5 °C (420-580 GtCO2). Desde el punto de vista del objetivo climático esto significa que hay que reducir el tiempo de funcionamiento de la infraestructura.

Foto: Emisiones de metano captadas por una cámara infrarroja. (Reuters/CATF/James Turitto) Opinión

Para justificarla irracional construcción de nuevas infraestructuras, los actores gasistas establecidos, sobre todo en Europa, han propuesto el uso de gases sintéticos y de e-combustibles en todos los sectores. Independientemente de que la reutilización de la infraestructura sea técnicamente posible o económicamente viable, esta idea supone un peligro de bloqueo del carbono, aseguran los autores del estudio.

El riesgo económico se incrementa

Ante una incipiente ralentización del crecimiento económico global, uno de los principales riesgos económicos es la generación de nuevos activos varados (infraestructuras con una alta inversión que no obtienen la amortización esperada por cesar su uso), un reto clave en la transición energética. El riesgo del encallamiento de activos se aplica a las infraestructuras de gas natural existentes y a las nuevas, debido a su larga vida técnica y a sus períodos de amortización.

El estudio, con una revisión bibliográfica extensa, muestra que el uso de las infraestructuras de combustibles fósiles existentes y previstas no es compatible con el objetivo de no superar los 1,5 °C de calentamiento y que las inversiones en nuevas infraestructuras son muy arriesgadas. Debido a la difusión de tecnologías de bajas emisiones y a una política climática más estricta, la demanda de combustibles fósiles disminuirá. Por lo tanto, es un sinsentido económico.

placeholder Tramo del gasoducto que une España y Algeria en Almería (REUTERS/J.Nazca)
Tramo del gasoducto que une España y Algeria en Almería (REUTERS/J.Nazca)

Aunque todavía no se dispone de estimaciones sobre el varamiento de las infraestructuras de gas a nivel mundial, los cálculos para los activos de combustibles fósiles y el sector del gas ofrecen algunas perspectivas desalentadoras; y es que podrían causar una pérdida descontada de la riqueza mundial de 7 a 11 billones de dólares. Según inciden, los proyectos actuales de gas y petróleo, por valor de al menos 2,3 billones de dólares, no se ajustan a lo que ordena el Acuerdo de París.

En 2030, hasta 90.000 millones de dólares de las actuales centrales eléctricas de carbón y gas podrían quedar varados (con 400.000 millones de dólares de activos varados para 2050). Ignorar el riesgo de abandono de activos y de nuevas inversiones en infraestructuras de combustibles fósiles amplificará los riesgos económicos, por lo que lastrar la descarbonización no es la mejor opción.

Actualmente existe una controversia en torno a la persistencia del gas como tecnología ligante entre el viejo modelo energético y el nuevo 100% renovable. Lo mismo sucede con sus infraestructuras de licuefacción, regasificación, distribución y transporte. Y no, no son necesarias a menos que queramos obstaculizar gravemente la transición energética.

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