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'Varroa destructor', el enemigo invisible que está vaciando las colmenas españolas
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Un sector en peligro

'Varroa destructor', el enemigo invisible que está vaciando las colmenas españolas

Los apicultores se enfrentan a los daños de este terrible ácaro en la soledad del campo. Algo que escapa a la razón pues los servicios que nos prestan estos ganaderos van mucho más allá de la producción de miel

Foto: Los apicultores piden más apoyo, por el bien de todos. (EFE/Luis E. Noriega)
Los apicultores piden más apoyo, por el bien de todos. (EFE/Luis E. Noriega)

"Lo dejo. Ya no puedo más: esto se acabó". Eva es una de las apicultoras que decidió dejar de luchar contra los elementos y abandonar la que durante años había sido su gran pasión: producir miel con sus propias colmenas. “Nunca fui tan feliz como sacando los panales colmados de miel, rodeada de mis abejas, en pleno contacto con la naturaleza. Ni tampoco más desdichada al ver con horror como las iba perdiendo a medida que repoblaba las colmenas”.

Los elementos contra los que luchaba Eva y el resto de apicultores españoles eran varios: desde el cambio climático y la contaminación del aire hasta la temible avispa asiática; desde los neonicotinoides y el resto de pesticidas letales para las abejas (algunos de ellos prohibidos) hasta plagas como la tropialepsosis o la aethinosis. Y el peor de todos los enemigos: la varroosis, una patología de las abejas melíferas provocada por el ácaro Varroa destructor (su nombre lo dice todo). Esta es la plaga que ha motivado el abandono de miles de apicultores aficionados y que hoy en día constituye la mayor amenaza para los profesionales.

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Jesús Manzano es un reconocido perito judicial en apicultura, profesor titulado y asesor de empresas apícolas. En conversación con El Confidencial explica el orígen del desánimo de Eva. “En la década de los 80 se calcula que entre un 30% y un 40% de los apicultores abandonaron la actividad, y lo hicieron porque no supieron adaptarse a la nueva situación. En muchos casos la apicultura constituía una actividad complementaria, una afición sencilla y placentera. Pero con la llegada de la varroa, y ante la necesidad de formarse, de buscar tratamientos y contratar servicios veterinarios, la cosa se les complicó. Hubo quien perdió sus colmenas, las volvió a poner y las volvió a perder, y finalmente se rindió”.

Mucho más que hacer miel

Aunque el peso de la apicultura en el conjunto del sector ganadero es muy bajo, pues representa menos del 0,5% de la producción ganadera española, su importancia va mucho más allá de eso. Y es que las abejas de la miel son uno de los principales insectos polinizadores, por eso desempeñan un papel fundamental tanto en la polinización de los cultivos (tres cuartas partes dependen de esa función), como en el mantenimiento de los ecosistemas silvestres y la biodiversidad que albergan.

Por todo ello, más que unos singulares ganaderos, los apicultores son quienes propician buena parte de los servicios ecosistémicos que nos presta la naturaleza, además de los grandes facilitadores de las cosechas, por eso merecen una mayor atención por parte de las administraciones ante la tormenta perfecta de amenazas a la que están haciendo frente desde hace cuatro décadas.

placeholder Apicultores con sus colmenas en Serradilla del Arroyo, Salamanca. (EFE/Carlos García)
Apicultores con sus colmenas en Serradilla del Arroyo, Salamanca. (EFE/Carlos García)

España es la principal potencia apícola europea. Producimos alrededor de 34.000 toneladas de miel y casi dos mil toneladas de cera de abeja al año, lo que equivale al 16% del total UE. Si atendemos a la base de datos del Registro General de Explotaciones Ganaderas (REGA), en nuestro país existen alrededor de tres millones de colmenas que son atendidas por cerca de 37.000 apicultores, de los que tan solo el 18% son profesionales. La legislación actual considera apicultor aficionado al que posee menos de 15 colmenas, semiprofesional al que administra hasta 150 y profesional al que gestiona más de esa cantidad. Todos ellos, desde aficionados a profesionales, están obligados a darse de alta en el REGA con objeto de cumplir con las normativas que regulan esta actividad.

En cuanto a la distribución territorial de nuestra cabaña apícola, el 66,7% del total de colmenas se concentra en cuatro comunidades autónomas: Extremadura con el 22%, Andalucía (20%), Castilla y León (14%) y Comunidad Valenciana (11%). Y en todas ellas se están produciendo marcados descensos de producción melera como consecuencia del aumento de mortandad entre las abejas.

Según el programa de vigilancia sobre las pérdidas de colonias de abejas en España 2024-2025, elaborado por el Ministerio, la mortalidad invernal de estos insectos ronda actualmente el 20%, mientras que distintas publicaciones científicas consideran que el límite aceptable de tasa de mortalidad invernal para la apicultura europea se sitúa en torno al 10%. Estamos doblando ese valor límite. Y una de las principales causas de esa alta mortandad es la plaga de varroosis, que representa hoy en día la mayor amenaza a la salud de las abejas melíferas, la producción de miel y los servicios de polinización que nos prestan.

El ácaro destructor

La varroosis esta poniendo en jaque la actividad apícola en todo el mundo, salvo Australia y Nueva Zelanda, donde han conseguido frenarla. Pero ojo porque como nos recuerda Jesús Manzano, fundador de Ecocolmena, el problema partió del propio sector. “La varroa solo vive en la abeja de la miel y no puede viajar a lomos de ningún otro ganado, por lo que solo se desplaza cuando lo hacen los apicultores. En muy pocas décadas se expandió desde Asia por el comercio de abejas. Y si. Es cierto que hoy en día es la principal amenaza para las abejas, pero es un problema causado por el hombre al moverlas de un lugar a otro”

placeholder Abejas afectadas por varroa. (Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural/ Gobierno de México)
Abejas afectadas por varroa. (Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural/ Gobierno de México)

Se calcula que el 60% de las colmenas estadounidenses están afectadas por este parásito, con un agravante. Sin el tratamiento adecuado, la acción de estos ácaros puede acabar con una colonia completa de abejas en apenas dos años. Y los tratamientos no están funcionando pues como confirma un estudio elaborado por investigadores del Bee Research Lab de aquel país, la varroa se está tornando inmune a la mayor parte de los tratamientos empleados para eliminarla.

Como alertan estos investigadores en un artículo publicado en la revista científica Biorxiv, “dado que los virus que afectan a las abejas son transmitidos por el ácaro Varroa destructor se analizó su resistencia en las colonias colapsadas al amitraz: un acaricida que se ha demostrado eficaz ampliamente utilizado por los apicultores. Y se encontró resistencia al acaricida en todas las Varroa recolectadas, lo que subraya la urgente necesidad de nuevas estrategias de control para este parásito”.

La situación en nuestro país no es mucho mejor. Desde que se detectara su presencia a mediados de los 80, este ácaro de origen asiático no ha dejado de expandirse por todo el territorio nacional. En algunas de las principales comunidades productoras, como Extremadura, afecta ya a la mitad de las colmenas, y los remedios no están funcionando. En declaraciones a El Periódico de Extremadura el presidente de la Asociación Cacereña de Apicultores se lamentaba de que al principio “con un solo tratamiento al año lográbamos matarla, mientras que ahora necesitamos hasta cuatro diferentes para poder pelear contra ella y mantener a salvo las colmenas”.

placeholder Aplicación de tratamiento contra la varroa. (Ecocolmena)
Aplicación de tratamiento contra la varroa. (Ecocolmena)

Como nos explica el profesor Manzano, “el principal problema que plantea la varroa es que resulta imposible de eliminar: podemos aplicar puntualmente aquellos fármacos que resulten efectivos contra una cepa, pero no fumigar toda la explotación pues acabaríamos intoxicando a toda la colonia. Además con ello no ganaríamos nada porque al día siguiente nos entrará una nueva montada en un zángano o en una abeja exploradora y volveremos al punto inicial. Eso genera hastío, pérdida de ilusión y abandono de la actividad”.

Precisamente una de las consecuencias más graves del declive de la profesión es la falta de relevo generacional. Según expone el portavoz de los apicultores cacereños “poco a poco nos damos cuenta de que la apicultura ya no es rentable, lo notamos también en las incorporaciones de los jóvenes. Antes entraban diez o veinte jóvenes al año en la asociación, ahora, uno, dos o tres”. Por eso reclaman una mayor implicación de los laboratorios y de la administración y más veterinarios especializados en apicultura.

En búsqueda de soluciones

En Estados Unidos y Canadá, donde la plaga de varroa también se ha disparado en los últimos años, la Honey Bee Health Coalition ha editado una guía, disponible en castellano, que presta asesoramiento gratuito a los apicultores para hacer frente a esta plaga. Su interesante contenido recoge todo tipo de métodos prácticos: desde el uso de remedios naturales hasta el empleo de medicamentos químicos (siempre bajo estricto control veterinario). Esta organización también impulsa la investigación y el conocimiento compartido: dos herramientas clave para el éxito. En España también existe documentación al respecto.

Aquí, el programa europeo de investigación Better-B 2023-2027, en el que participan 17 países incluido el nuestro, centra buena parte de su acción en ayudar a los apicultores de toda Europa a elegir los tratamientos locales más eficaces contra la varroa y reducir el riesgo de que desarrolle una respuesta resistente. Pero las perspectivas de hallar un remedio eficaz y accesible contra el ácaro destructor siguen siendo bajas. Otra de las líneas de investigación, la de obtener abejas de laboratorio mejoradas genéticamente para resistir a la varroa, las llamadas superabejas, sigue generando mucha polémica, dentro y fuera de los centros de investigación.

Entre tanto, como Eva, cada vez más aficionados y profesionales optan por colgar el ahumador y abandonar una de las actividades más importantes para la actividad agraria, la conservación de la naturaleza y la seguridad alimentaria. Su rendición sería la ruina del campo... y la nuestra.

"Lo dejo. Ya no puedo más: esto se acabó". Eva es una de las apicultoras que decidió dejar de luchar contra los elementos y abandonar la que durante años había sido su gran pasión: producir miel con sus propias colmenas. “Nunca fui tan feliz como sacando los panales colmados de miel, rodeada de mis abejas, en pleno contacto con la naturaleza. Ni tampoco más desdichada al ver con horror como las iba perdiendo a medida que repoblaba las colmenas”.

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