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La agricultura y las renovables sí son compatibles: así funciona la agrivoltaica
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La agricultura y las renovables sí son compatibles: así funciona la agrivoltaica

¿Se puede unir la agricultura y las energías renovables de modo que la economía tradicional de un territorio conviva con la incipiente? Sí, y estos ejemplos así lo demuestran

Foto: Imagen: cedida.
Imagen: cedida.

El crecimiento de las energías renovables en España es incuestionable. Y dentro de esta tendencia, la energía fotovoltaica es la gran protagonista. Basta con mirar los datos de Red Eléctrica de España (REE): desde 2018, la potencia de energía fotovoltaica instalada se ha multiplicado por ocho.

Este auge, eso sí, a menudo provoca intensos debates. Ante la proliferación de instalaciones fotovoltaicas en ciertas zonas, especialmente rurales, ¿puede producirse un contraste entre la actividad habitual y la emergente? Si muchas de estas infraestructuras florecen en entornos que eran de actividad agrícola o ganadera, ¿supone la fotovoltaica romper con el modelo económico tradicional de la zona en cuestión?

Agrivoltaica: agricultura y renovables, de la mano

La respuesta es no. O al menos, no necesariamente, si se consigue que ambos tipos de actividad convivan. Y eso es precisamente lo que pretende la agrivoltaica, un modelo que combina la producción de energía solar con el cultivo agrícola en la misma superficie. Para ello, se utilizan sensores conectados (Internet of Things, IoT) que monitorizan cada parámetro agronómico.

La gestión agrícola se realiza mediante plataformas digitales que coordinan las necesidades del cultivo, apostando por un ecosistema tecnológico donde la agricultura y la energía trabajan juntas.

En España hay diversos casos de este modelo. En provincias como Palencia, Valladolid, Soria, Salamanca, Ciudad Real y Guadalajara ya se desarrollan proyectos que van desde los 6 hasta los 50 MW, adaptándose a diferentes condiciones climáticas y del suelo. Bajo los paneles solares, se llevan a cabo cultivos tan diversos como fresas, espárragos, alfalfa, setas, trufas, lavanda u olivos.

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Imagen: cedida.

Actualmente, la agrivoltaica está evolucionando hacia un modelo más avanzado: plantas fotovoltaicas hibridadas con sistemas de almacenamiento en baterías (BESS) y diseñadas para alcanzar la máxima eficiencia eléctrica posible. Esto significa que cada proyecto no solo produce energía limpia combinada con agricultura, sino que, además, lo hace con una ingeniería optimizada para reducir las pérdidas, mejorar la gestión de la generación y garantizar la estabilidad en la red.

"La agrivoltaica es innovación, almacenamiento y máxima eficiencia", afirma Álvaro Martínez Serrada, director de Proyectos y responsable de Gestión Agro en Solaria. "Este enfoque convierte cada proyecto en un laboratorio dinámico de transición energética, donde producción y tecnología trabajan juntas para afrontar diferentes retos, con un enfoque avanzado de sostenibilidad".

Todo ello, además, acompañado de "la participación activa de agricultores locales, cooperativas y empresas del territorio, consolidando un modelo que genera no solo energía, sino también oportunidades".

En este auge de la agrivoltaica, Solaria lleva tiempo instalando sus propias infraestructuras fotovoltaicas en terrenos agrícolas en España e Italia. A día de hoy, en nuestro país, la compañía cuenta con plantas en diez territorios, que alcanzan los 801 MW de potencia.

"Las actividades de negocio de Solaria tienen en su esencia el fomento de la transición a una economía libre de carbono mediante la generación y comercialización de energía eléctrica 100% renovable a partir de tecnología solar fotovoltaica", añade Martínez Serrada. De hecho, la compañía "se ha convertido en punta de lanza en esta innovación, integrando sistemas BESS en varias de sus plantas agrivoltaicas". Con ello, "no solo generamos energía limpia, sino que también creamos un modelo avanzado que optimiza la operación".

Con todas estas plantas, la compañía pretende establecer una estrategia de gestión ambiental, favorecer la lucha contra el cambio climático, proteger la biodiversidad y hacer un uso responsable y eficiente de los recursos. Además, se encuentra "totalmente involucrada en asumir compromisos en las zonas en las que se ubica"; y uno de ellos es "el impulso a los usos tradicionales del territorio, tanto en agricultura como ganadería, primando a agricultores y ganaderos que aplican estas prácticas".

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Y es que, como asegura Martínez Serrada, "la agrivoltaica no es una tendencia pasajera: es una respuesta estratégica a los retos del cambio climático, la seguridad alimentaria y la transición energética".

El crecimiento de las energías renovables en España es incuestionable. Y dentro de esta tendencia, la energía fotovoltaica es la gran protagonista. Basta con mirar los datos de Red Eléctrica de España (REE): desde 2018, la potencia de energía fotovoltaica instalada se ha multiplicado por ocho.

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