Cuando todo se hace bien, pero termina en tragedia: el alud mortal de Panticosa
Ahí arriba no somos nadie. Cuando la nieve se acumula en las cumbres y el hielo barniza los caminos la alta montaña se convierte en un lugar muy peligroso, incluso para los montañeros más expertos
Las tres víctimas del alud del Pico Tablato (2.700 m), situado en el Pirineo Aragonés, en las proximidades del balneario oscense de Panticosa, iban perfectamente equipadas y eran montañeros expertos. Además uno de ellos, el divulgador del montañismo Jorge García-Dihinx, era un gran aficionado a la meteorología que ponía especial énfasis en las normas de seguridad. No cabe duda de que antes de iniciar la travesía se había documentado sobre el tiempo que iba a hacer y conocía bien las condiciones del terreno.
En este caso todo parece apuntar a la fatalidad. La avalancha, un alud de nieve y hielo de grandes dimensiones (unos 300 metros de ancho y 700 de largo), se deslizó rápidamente ladera abajo barriendo el paisaje, sepultando al grupo de seis montañeros y causando la muerte a tres de ellos. Una tragedia que viene a demostrar un hecho claro: que en la alta montaña nevada el riesgo cero no existe y toda previsión es insuficiente.
El alpinismo es una de las aficiones más fabulosas y estimulantes que existen. Como el submarinismo. En ambos casos se trata de explorar medios tan recónditos como hostiles para el ser humano. Ascender a las cumbres o descender a las profundidades ejerce un alto poder de atracción para quienes tienen un espíritu explorador y persiguen el contacto directo con la naturaleza. Sin embargo las dos direcciones conducen al riesgo, un riesgo que aumenta a medida que nos adentramos en ambos mundos. La clave está en saber gestionarlo.
Prevenir, prevenir y prevenir
En la montaña de invierno la gestión del riesgo pasa por reforzar la prevención. Por eso antes de echarse al monte nevado es prioritario conocer las características del lugar al que vamos y las condiciones meteorológicas que nos van a acompañar, preparándose incluso las más imprevisibles, por remotas que sean. Hay que confiar en el grupo de gente que te va a acompañar, y lo más importante: conocer tus límites y aceptar los que te marca la montaña. Desatenderlos supone actuar con temeridad, y la temeridad allí arriba se paga muy caro.
En el caso del accidente del Tablato el operativo de rescate puesto en marcha por el Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (GREIM) de la Guardia Civil, formado por catorce agentes de alta montaña, dos perros de salvamento y un helicóptero, actuó con la máxima eficacia pese a la dificultad de acceso a la zona de la avalancha. Sin embargo, tras trasladar al hospital a una mujer herida, no pudieron hacer nada por las tres víctimas mortales, dos de las cuales ya habían sido recuperadas por los supervivientes del grupo.
El jefe del GREIM de Jaca, el teniente Baín Gutiérrez Vara, lleva años alertando de la masificación en la alta montaña pirenaica como consecuencia del auge del montañismo. Cada año son más las personas que se atreven a iniciar el ascenso al Aneto, la Maladeta o el Monte Perdido: centenares de personas algunos días del año, algunas incluso en pleno invierno. Y lo peor es que en buena parte de los casos carecen de la formación técnica, el conocimiento del terreno y la equipación adecuada. Todo ello deriva en un aumento de las operaciones de rescate, cuyo número y coste se ha disparado. Aunque este no ha sido el caso.
A medida que se van conociendo las circunstancias de la desgracia ocurrida en Panticosa se refuerza la idea del infortunio. Según Gutiérrez Vara la zona no era especialmente proclive a las avalanchas, aunque “Cuando se dan fuertes innivaciones la nieve se va transformando” y el riesgo se eleva en cualquier punto de la montaña. “El rescate ha sido muy complicado -declaraba tras la intervención de su equipo- tanto por las características del lugar como por la altitud (a 2.200 m)”. Por último el responsable del GREIM insistía en recalcar: “Habiendo nieve, el riesgo cero no existe”.
Las tres víctimas del alud del Pico Tablato (2.700 m), situado en el Pirineo Aragonés, en las proximidades del balneario oscense de Panticosa, iban perfectamente equipadas y eran montañeros expertos. Además uno de ellos, el divulgador del montañismo Jorge García-Dihinx, era un gran aficionado a la meteorología que ponía especial énfasis en las normas de seguridad. No cabe duda de que antes de iniciar la travesía se había documentado sobre el tiempo que iba a hacer y conocía bien las condiciones del terreno.