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La gran enseñanza de la dana: debemos adaptarnos a lo imprevisible
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Un año de la dana de Valencia

La gran enseñanza de la dana: debemos adaptarnos a lo imprevisible

Los datos sobre precipitación acumulada y niveles de caudal confirman que la dana de Valencia fue un episodio del todo excepcional. La pregunta es ¿nos estamos preparando para la próxima excepción?

Foto: Un año después de la dana muchos coches destrozados siguen en el barranco del Poyo. (EFE/Kai Försterling)
Un año después de la dana muchos coches destrozados siguen en el barranco del Poyo. (EFE/Kai Försterling)

El episodio meteorológico extremo de la dana del 29 de octubre de 2024 en Valencia fue absolutamente excepcional. Los registros que se iban conociendo a medida que pasaban las horas generaban incredulidad. No puede ser, decíamos. Un año después los datos, ya históricos, registrados por la AEMET y la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) llevan de la incredulidad al pasmo.

La estación automática de la AEMET ubicada en la localidad valenciana de Turís marcó aquel día un dato fuera de serie: 771,8 litros de lluvia por metro cuadrado (l/m²). En tan solo una hora se registraron 184,6 l/m², pulverizando el récord de España durante ese período de tiempo. Los datos de los observatorios de la CHJ, como los de Chiva (461 l/m²), Benagéber (300 l/m²) y Siete Aguas (297 l/m²) entre otros, dan cuenta de la tremenda cantidad de agua que descargó aquel día en Valencia.

Como consecuencia de ello los caudales de los ríos, ramblas y barrancos de las cuencas del Alto y Bajo Turia alcanzaron niveles inimaginables. A su llegada al embalse de Forata el rio Magro, cuya crecida causó graves daños en Utiel y Requena, llegó a superar los 2.000 metros cúbicos por segundo (m3/s). Para poner este dato en perspectiva, según la CHJ el caudal calculado para una avenida extraordinaria en un periodo de retorno de 500 años sería de 1.127 m3/s.

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El tristemente famoso barranco del Poyo llegó a superar ese registro, alcanzando un caudal que se consideró cercano a los 2.300 m3/s No se dispone del dato exacto porque el sensor fue arrastrado por la corriente tras superar los dos mil. Una crecida sobrevenida a la que se sumaron las de otros barrancos como el del Gallego y el de l'Horteta, que según la CHJ pudo alcanzar los 3.000 m3/s. De ese modo los cauces de estos barrancos, que durante años aparecen resecos y polvorientos, llegaron a superar en la trágica tarde del 29 de octubre de 2024 el caudal del río Nilo.

Todo en este episodio meteorológico fue superlativo, dando lugar a la mayor y más trágica riada del siglo en nuestro país. Habría que mirar por el retrovisor de la memoria meteorológica para encontrar registros parecidos durante las décadas de los 50, los 60 y los 80 del pasado siglo. Y aún así apenas se encontrarían apuntes tan sorprendentes como los que muestran los registros horarios de aquella fatídica jornada.

La lluvia de un año en una hora

"En Chiva se han recogido 491 l/m² en solo ocho horas: prácticamente lo que puede llover en un año completo". De ese modo resaltaba la AEMET el carácter excepcional de dichos registros. En conversación con El Confidencial, el profesor Jorge Olcina, catedrático y director del Observatorio del Clima de la Universidad de Alicante, también quiere subrayar ese aspecto, “el de la sorprendente intensidad con la que cayó aquel día la lluvia, ese dato de los 185 litros acumulados en una hora. Algo que, más allá de marcar un récord, nos habla del cambio que se está produciendo en la manera de llover en el Mediterráneo, con precipitaciones cada vez más intensas en el tiempo, más focalizadas en un punto del territorio y por tanto sin margen para afrontar de la manera más adecuada una situación emergencia”.

placeholder Pilares de un puente arrastrado por el agua en Picanya. (Europa Press/Matias Chiofalo)
Pilares de un puente arrastrado por el agua en Picanya. (Europa Press/Matias Chiofalo)

Para este científico, especializado en ordenación del territorio y gestión de riesgos naturales que se nos presentan, el problema no está tan solo en ese cambio en el régimen de precipitaciones, en esa nueva realidad climática que ya estamos viviendo, sino en el bajo nivel de respuesta adaptativa. “Desde la Ley del suelo del 2008 (la última versión es del 2015), con el nuevo reglamento del dominio público hidráulico y el actual Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables (SNCZI) estamos mejor amparados. Con la ley en la mano la ocupación de zonas inundables es muy poco factible, otra cosa es que se sobrepasen los límites legales y se autoricen construcciones de manera indebida. Pero el problema de España es lo que hay mal construido, en zonas inundables, en zonas de riesgo. Ahí es donde tenemos que actuar y para hacerlo van a ser necesarias grandes inversiones”.

A partir de ahora los avisos rojos de la AEMET deben ser entendidos como lo que son: una última llamada

Según el profesor Olcina “no solo va a hacer falta mucha obra hidráulica y una reordenación del territorio que se ajuste a la normativa y respete los espacios inundables sino una gran campaña de educación para el riesgo. La población, especialmente en la zona mediterránea, tiene que ser consciente de donde vive y cómo debe actuar en caso de una emergencia. Este apartado es muy importante”. Todos debemos aprender la amarga enseñanza que nos dejado la dana y adaptarnos a lo imprevisible, porque no solo va a dejar de serlo sino que cada vez va a ser más habitual. Y lo primero que debemos hacer es prestar más atención a los avisos de emergencia, que deben ser interpretados como lo que son: una última llamada.

La voz de los ingenieros

Desde la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y de la Ingeniería Civil coinciden en señalar la necesidad de promover unas infraestructuras más resilientes ante el probable aumento del riesgo climático. En el transcurso de una reciente jornada dedicada a debatir en torno a lo sucedido hace ahora un año, su presidente, José Trigueros, señalaba que “la dana del año pasado demostró las consecuencias de décadas de retraso en inversión y planificación”. A su entender, “si las infraestructuras hidráulicas previstas se hubieran ejecutado, el número de víctimas y los daños materiales habrían sido mucho menor pues algunas de ellas, como las obras de laminación en el barranco del Poyo, habrían permitido retener parte de la avenida y dar más tiempo para salvar vidas”.

placeholder El barranco del Poyo a su paso por Chiva tras la dana de 2024. (Reuters/Bruna Casas)
El barranco del Poyo a su paso por Chiva tras la dana de 2024. (Reuters/Bruna Casas)

Para José Carbonell Castelló, secretario técnico del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Levante (COIAL), buena parte de la respuesta adaptativa pasa por implementar soluciones basadas en la naturaleza. “Los biosistemas, los cauces y las infraestructuras verdes deben integrarse con la ingeniería civil para mejorar la resiliencia del territorio. Solo entendiendo la naturaleza como aliada podremos mitigar los efectos de las lluvias torrenciales y las avenidas”, explicaba en la misma jornada.

Algo en lo que coinciden desde SEO/Birdlife. Esta organización conservacionista lleva años reclamando la restauración del régimen de caudales, la recuperación de las zonas de policía, constituidas por una franja lateral de cien metros de anchura a cada lado del cauce, y la restauración de los ecosistemas fluviales autóctonos. Unas medidas que apelan al diálogo entre las administraciones y la confluencia de intereses en búsqueda del bien común. Algo que sin embargo, ante el escenario político que vivimos/sufrimos en España, puede resultar una quimera.

Ni en éstas se ponen de acuerdo

A la pregunta de si hemos aprendido algo de lo sucedido y si se han puesto en marcha las medidas de prevención y adaptación oportunas ante el próximo 'episodio imprevisible' Jorge Olcina responde de manera categórica: “no, no se ha tomado ninguna medida resolutiva, las heridas abiertas se han intentado coser, cicatrizar, pero poco más. Lamentablemente no hay acuerdo entre administraciones, tenemos dos planes de reconstrucción distintos, uno del gobierno central y otro del gobierno autonómico, sin coordinación entre ellos”. En su opinión “eso no propicia la respuesta racional y sensata de la reconstrucción que hay que hacer, una reconstrucción que va a necesitar mucho dinero y sobre todo mucha cooperación”.

placeholder Reconstrucción de los puentes de la A-7 sobre el barranco del Poyo. (EFE/Ana Escobar)
Reconstrucción de los puentes de la A-7 sobre el barranco del Poyo. (EFE/Ana Escobar)

El catedrático Antonio Serrano, exsecretario de Estado de Ordenación del Territorio, reivindica el conocimiento técnico a la hora de diseñar los planes de adaptación “no basta con diseñar obras: hay que mantenerlas, vigilarlas y gestionarlas con criterios técnicos, no políticos”. En su solvente opinión la alta vulnerabilidad que sufrimos frente a episodios como el de la dana de Valencia no solo se explica por el episodio de lluvias extremas, sino por el mantenimiento de un modelo urbanístico que ha ignorado los riesgos naturales.

“En los últimos años -expone- se ha permitido un urbanismo descontrolado en áreas inundables: ocupando cauces, vegas y suelos que deberían haberse preservado como zonas de flujo. Hemos planificado contra el territorio, no con él”. Para este experto es necesario llevar a cabo una nueva planificación urbanística que tenga en cuenta la situación de riesgo a la que nos conducen los escenarios de cambio climático hacia los que avanzamos. “Cada nueva vivienda en zona de riesgo es una vulnerabilidad añadida y una responsabilidad que, como hemos comprobado, tarde o temprano se acaba pagando”.

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Por último el profesor Olcina insiste en apelar al diálogo y la cooperación entre administraciones. En su opinión, en lugar de eludir responsabilidades y culpar al otro “Deberían ponerse de acuerdo para afrontar de manera conjunta los retos urbanísticos y de obra hidráulica a los que debemos hacer frente y en educar a la población en la prevención del riesgo”. Y también pone en valor la opinión de los afectados, a quienes “no se les ha consultado sobre cómo llevar a cabo la reconstrucción”. Para este experto esa terrible vivencia, una experiencia tan desgarradora como significativa “no se está teniendo en cuenta, ni por una parte ni por la otra: ni por parte del gobierno central ni por parte del gobierno autonómico, y eso es un grave error estratégico”.

El episodio meteorológico extremo de la dana del 29 de octubre de 2024 en Valencia fue absolutamente excepcional. Los registros que se iban conociendo a medida que pasaban las horas generaban incredulidad. No puede ser, decíamos. Un año después los datos, ya históricos, registrados por la AEMET y la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) llevan de la incredulidad al pasmo.

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