El intenso calor convierte el monte, recrecido y ahora reseco, en un polvorín
Tras una primavera lluviosa los bosques están recargados de vegetación. El avance del estiaje, por el rápido aumento de las temperaturas, anticipa el inicio de una temporada de incendios que se prevé de alto riesgo
Retirada de árboles secos en un bosque para mitigar el riesgo de incendio. (Jose Luis Gallego)
"Alerta máxima", "alto nivel de amenaza", "peligro extremo", "situación de emergencia". El alarmante tono de las noticias de actualidad sobre el riesgo de incendio sería más propio del mes de agosto que de mediados de junio, cuando aún no ha empezado el verano astronómico. Pero es que, según los expertos, este año la temporada arranca con unas condiciones especialmente adversas, lo que justifica los inquietantes titulares informativos.
Tras un inicio de primavera especialmente lluvioso, el monte bajo ha medrado mucho más de lo habitual en los espacios forestales, mientras que los ribazos y las cunetas de las carreteras se hayan cubiertos de abundante matorral. Estamos hablando de una enorme cantidad de biomasa que ahora aparece reseca por la falta de humedad y el calor extremo. Un combustible altamente inflamable y listo para prender a la menor negligencia: ya sea tirar una colilla por la ventanilla del coche, tirar un petardo cerca de una zona verde o la chispa de una herramienta agrícola o una barbacoa.
En conversación con El Confidencial el ingeniero forestal Celso Coco, uno de los mayores expertos en análisis y extinción de incendios forestales de nuestro país, remarca este aspecto. “El principal elemento que facilita la propagación de un incendio -nos comenta- es la continuidad de combustible vegetal. En el medio forestal, este combustible comprende toda la vegetación susceptible de arder. Cuando se produce la ignición, el fuego requiere inicialmente material fino seco, principalmente vegetación herbácea, que en estas épocas presenta ya un avanzado estado de sequedad”.
Una situación que este año, y aunque parezca una contradicción, se ha visto agravada por las intensas lluvias que han regado y reverdecido las más de 28 millones de hectáreas cubiertas de vegetación con las que cuenta nuestro país, convirtiéndolo en el segundo con mayor superficie forestal de toda la Unión Europea. Una superficie que va en aumento y que nos obliga a prestar una mayor atención a su cuidado y gestión para evitar que ese privilegio se convierta en una amenaza ante situaciones como la que nos encontramos.
Y es que, como nos resalta este experto, “este año las abundantes lluvias primaverales han mantenido niveles significativos de humedad en los combustibles más gruesos, lo que en principio podría moderar las intensidades del fuego”. Sin embargo, el adelanto del período de mayor frecuencia e intensidad de días calurosos “está incrementando progresivamente la disponibilidad de toda esa vegetación como combustible”.
El calor extremo convierte lo que la lluvia multiplicó en combustible reseco. (Jose Luis Gallego)
Así, lo que en un principio se vaticinaba como una bendición (las lluvias van a reducir el riesgo de incendio, pensaban muchos) ha acabado por convertirse en un agravante de la situación, pues esta demostrado que la suma de monte bajo recrecido y calor extremo multiplica el riesgo de incendio forestal.
Un riesgo que no hará sino ir en aumento en la medida en que el calor vaya a más y los procesos estiaje y deshidratación vegetal conviertan el monte en un pajar. Como explica Celso Coco “las altas temperaturas influyen directamente en este proceso al acelerar la desecación de la vegetación”. Un proceso que se agrava a medida que persisten los periodos de calor intenso como los que estamos atravesando este año y de manera tan temprana.
El problema en este tipo de situaciones es que, tal y como nos explica este ingeniero forestal “no solo se seca la hierba, sino que también va quedando disponible vegetación más leñosa, pudiendo llegar a afectar incluso a combustibles de mayor grosor”. Esta relación directa entre temperaturas elevadas y mayor disponibilidad de combustible hace que este año la temporada de incendios (horrible concepto, por cierto) se presente especialmente compleja y obligue a reforzar las tareas de prevención para no fiarnos toda la suerte a las de extinción.
La importancia de la gestión forestal
Durante estos días, del 16 al 20 de junio, se celebra en Gijón el IX Congreso Forestal Español, principal foro científico y técnico del ámbito forestal en España. Este importante evento, que se celebra cada cuatro años y está organizado por la Sociedad Española de Ciencias Forestales (SECF), reúne en Asturias a más de un millar de participantes (investigadores, gestores, profesionales del sector y estudiantes) para analizar los retos y las oportunidades a la que se enfrenta un país con un patrimonio forestal tan inmenso como el nuestro en una situación como la actual.
Celso Coco, que participa en el comité del Congreso y nos atiende desde Gijón, destaca la importancia de la gestión forestal y su papel crucial en la mitigación del riesgo de incendio en situaciones como la que afrontamos este año y que probablemente se agravarán en años venideros en la medida en que el cambio climático nos empuje hacia los inquietantes escenarios previstos por los expertos del IPCC para el área mediterránea.
El sotobosque ha medrado considerablemente tras las abundantes lluvias. (Jose Luis Gallego)
“Más allá del aprovechamiento de recursos, la gestión forestal consiste en implementar medidas preventivas dentro de las posibilidades presupuestarias de cada administración. Las principales herramientas disponibles son la reducción de la continuidad vegetal mediante tratamientos silvícolas (cortas de forma planificada) y la mejora de infraestructuras como pistas forestales y puntos de agua que faciliten las labores de extinción”.
El problema es que la gestión forestal no se puede abordar de la noche a la mañana y activarse de manera puntual para responder ante situaciones coyunturales, sino que debe tener un carácter continuado y transversal. Desde el punto de vista de este ingeniero forestal, que también ejerce una importante actividad divulgadora desde su página 'educación forestal' “para el presente año aún sería posible aplicar medidas preventivas inmediatas como el desbroce de herbáceas en zonas críticas, aunque a mi juicio vamos un poco tarde por el riesgo añadido que conlleva la ejecución de estas operaciones con tanto combustible reseco”.
Y es que, aunque el famoso aforismo ‘los incendios no se apagan en invierno’ no sea del todo cierto, si lo es que, para que sea efectiva, la tarea de mitigar el riesgo debe afrontarse de manera continua y a lo largo de todo el año mediante una política forestal basada en criterios científicos y técnicos, mucho más seria, ambiciosa y alejada del actual caos legislativo.
La gestión forestal sostenible no consiste en 'limpiar el monte' sino en cuidar de él mediante la mejora de sus ecosistemas
Según Coco, de lo que si estamos todavía a tiempo es de proceder al mantenimiento de cortafuegos o áreas cortafuegos, una actividad que podría verse complementada con la planificación de acciones a más largo plazo, como quemas prescritas en temporadas de menor riesgo, ya fuera de campaña. Pero como insiste en destacar este ingeniero forestal, lo más eficaz sería “integrar los aprovechamientos forestales sostenibles con selvicultura preventiva, ya que de ese modo mantendríamos una bioeconomía productiva, sostenible y de cercanía ayudando a reducir la despoblación rural”.
Finalmente como nos recuerda este divulgador de la cultura forestal, tan escasa en un país de bosques como el nuestro,“un monte vivo y rentable arde menos” y en consecuencia preserva mejor la biodiversidad que acoge. Por eso es necesario romper con el tabú de que la gestión forestal es contraria a la conservación de la biodiversidad. Muy al contrario, como nos demuestra la realidad en las provincias que cuentan con bosques mancomunados y sometidos a una gestión forestal sostenible, cuando se fomenta la implicación social se pueden dar a la vez el aprovechamiento de los recursos forestales, la conservación de la naturaleza y las oportunidades de desarrollo rural.
"Alerta máxima", "alto nivel de amenaza", "peligro extremo", "situación de emergencia". El alarmante tono de las noticias de actualidad sobre el riesgo de incendio sería más propio del mes de agosto que de mediados de junio, cuando aún no ha empezado el verano astronómico. Pero es que, según los expertos, este año la temporada arranca con unas condiciones especialmente adversas, lo que justifica los inquietantes titulares informativos.