Los patrones del tiempo saltan por los aires: estamos provocando un clima imprevisible
Las intensas lluvias primaverales han puesto fin de la manera más brusca a uno de los períodos de sequía más severos. Hemos pasado del tobogán climático a la montaña rusa, y solo nosotros podemos detenerla
Las abundantes lluvias primaverales han provocado, también, un desbordamiento del negacionismo climático en las redes sociales. Los mensajes apelando al final del cambio climático por la llegada de las lluvias muestran la dificultad de muchos para aceptar lo que es ya científicamente irrefutable. No importa que nuestro país se haya convertido en uno de los lugares más citados en las cumbres climáticas. No importa que el numero de víctimas causadas por episodios meteorológicos extremos aumente cada año, ni que la mitad del país se esté desertizando. Nada les desalienta en su afán por imponer la creencia a la ciencia.
Sin embargo, lo más sorprendente del caso es que quienes pretenden negar la evidencia científica del cambio climático aludan a uno de sus principales rasgos: el del aumento de la variabilidad. Desde el primero de sus informes, hace ya 35 años, el panel intergubernamental de expertos sobre el cambio climático, el famoso IPCC, viene señalando que en la región del Mediterráneo los períodos de sequía serán cada vez más severos, dando paso a episodios de lluvia intensa y a violentas danas que podrían provocar graves inundaciones. Es el clima de los extremos: el clima que estamos provocando.
Para el organismo científico más autorizado del mundo en materia de clima este aumento de la variabilidad y esta acentuación de los fenómenos meteorológicos extremos, vienen a confirmar la situación de emergencia climática que estamos atravesando. Una situación reconocida por el gobierno español y por el Parlamento Europeo y que va a ir a peor si no abandonamos cuanto antes la quema de combustibles fósiles, principal causa del aumento de las emisiones de carbono con las que estamos recalentando el planeta.
¡Que el tiempo no es el clima!
Otro de los sesgos del negacionismo climático es el de intentar elevar la anécdota a categoría confundiendo tiempo y clima. El tiempo es una línea, ni tan siquiera un capítulo, del libro entero que es el clima. Afirmar que una primavera lluviosa desmiente el cambio climático es rigurosamente falso. Aunque en algunas zonas ha llovido más del doble de lo normal, no significa que esa vaya a ser la tendencia de ahora en adelante. Los datos meteorológicos tienen un rango mucho menor que las tendencias climáticas. El hecho de que estemos atravesando la sexta primavera más lluviosa desde 1961 no señala una tendencia climática. Como bien anotan desde la AEMET “si la tendencia es hacia una disminución de las lluvias, un mes lluvioso no la desmiente”.
Además, si vamos al detalle y analizamos los datos de la AEMET correspondientes al actual año hidrológico observamos que las precipitaciones acumuladas entre el uno de octubre de 2024 y el trece de mayo de 2025 fueron de 588 litros por metro cuadrado (l/m2), lo que representa alrededor de un 20% más que el valor medio para dicho periodo (490 l/m2). Pero ojo porque ese aumento no ha sido homogéneo. Es más, en muchos territorios peninsulares ha llovido menos.
Así, y según los datos de la AEMET, mientras las precipitaciones han sido particularmente generosas en la Comunidad Valenciana, Murcia y el oeste de Andalucía, la mitad occidental de Castilla-La Mancha y zonas del sistema central, ha llovido menos en buena parte de la mitad norte, especialmente en el litoral cantábrico, así como en el sureste peninsular (salvo Murcia) y en ambos archipiélagos.
A juicio de los expertos, pese a que la alta variabilidad primaveral de las precipitaciones es una característica del clima mediterráneo, este aumento repentino de las lluvias, con registros propios de otras latitudes, ha sido provocado por una alteración de la ruta que siguen las borrascas. Normalmente éstas cruzan el Atlántico de oeste a este por un paso situado hacia el norte de Europa. Eso determina que en el norte de Europa los vientos húmedos del Atlántico, acompañando a los frentes, hagan que las primaveras sean mucho más lluviosas que las nuestras.
La respuesta esta en el Ártico
Sin embargo el aumento de la temperatura del mar y especialmente el acelerado deshielo del Ártico, que se recalienta a un ritmo cuatro veces superior al resto del planeta, están reforzando el bloqueo anticiclónico en el área de paso de las borrascas: una especie de taponamiento atmosférico que impide su normal circulación. En consecuencia, ese tren de borrascas que normalmente circula más al norte ha acabado desviándose de su ruta para seguir su recorrido desde más abajo, atravesando la Península Ibérica. Por eso en el norte de Europa están viviendo una primavera tan insólitamente seca y soleada mientras aquí no dejan de pasar frentes.
En conversación con El Confidencial, el profesor Javier Martín Vide, catedrático de geografía física de la Universidad de Barcelona y uno de nuestros climatólogos más expertos, remarca que “este tipo se situaciones inversas al patrón habitual, con un anticiclón de bloqueo instalado en el centro y el norte de Europa, no son excepcionales”. Por lo que “para concluir que ese taponamiento ha podido verse reforzado por el cambio climático debería llevarse a cabo un estudio de atribución”.
Mientras se estudia esa posible relación causa efecto, y como remarca este experto, "lo que ya es del todo innegable es que la actividad antrópica esta alterando el balance energético del planeta, lo que provoca a su vez no solo el calentamiento global, sino también un clima cada vez más impredecicle, con una mayor frecuencia e intensidad de los episodios extremos".
Un escenario de alta incertidumbre
Lo que también destaca el profesor Martín Vide es el sorprendente aumento que han experimentado nuestras reservas hídricas en tan corto período de tiempo. Un cambio de escenario tan repentino como imprevisible, pero que en este caso ha tenido una consecuencia positiva, poniendo fin a una situación de escasez que en algunos territorios había alcanzado niveles muy alarmantes. El ejemplo más asombroso lo tenemos en Cataluña, donde se ha vivido una de las sequías más severas de la historia.
Hace un año por estas fechas los embalses de las cuencas internas catalanas, de los que se abastece la gran Área Metropolitana de Barcelona, estaban al 25% de su capacidad. Recordemos que habían llegado a descender por debajo del 18%. Pese a esa leve mejora, las alertas se mantuvieron activadas. Nada hacía prever que la situación iba a cambiar a corto plazo. Y en cambio un año después todo ha cambiado.
A fecha de hoy las reservas acumuladas en esos mismos embalses superan el 80% de su capacidad. La iglesia románica de Sau, que durante meses estuvo luciendo al sol como una construcción fantasmagórica, en mitad de un pantano reseco, vuelve a estar ahora sumergida bajo las aguas. Una situación que refleja nuestra alta vulnerabilidad ante los avatares de un tiempo imprevisible y que, lejos de negacionismos, debería servirnos de acicate para promover las necesarias medidas de adaptación al cambio climático.
Los expertos que siguen y analizan su evolución, la evolución del cambio climático, destacan la necesidad de afrontarlo desde dos frentes: la mitigación, es decir, la reducción de las causas que lo provocan; y la adaptación, para eludir riesgos y evitar sus peores consecuencias. Pero hay un tercer frente que sigue abierto para buena parte de la sociedad: el de la aceptación. Aceptar que el cambio climático nos esta pasando, que no va a desaparecer, aunque llueva un año entero, y que todavía está en nuestras manos evitar los peores escenarios. Ese es el reto que debería unirnos a todos.
Las abundantes lluvias primaverales han provocado, también, un desbordamiento del negacionismo climático en las redes sociales. Los mensajes apelando al final del cambio climático por la llegada de las lluvias muestran la dificultad de muchos para aceptar lo que es ya científicamente irrefutable. No importa que nuestro país se haya convertido en uno de los lugares más citados en las cumbres climáticas. No importa que el numero de víctimas causadas por episodios meteorológicos extremos aumente cada año, ni que la mitad del país se esté desertizando. Nada les desalienta en su afán por imponer la creencia a la ciencia.