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La financiación climática sigue sin llegar a los países más pobres
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La financiación climática sigue sin llegar a los países más pobres

Para que la acción climática avance realmente a nivel internacional, es necesario apoyar a las economías más débiles, y eso, pese a lo pactado, no está sucediendo

Foto: La movilidad sostenible no llega a las ciudades africanas (EFE/A.Akinleye)
La movilidad sostenible no llega a las ciudades africanas (EFE/A.Akinleye)

La capacidad de inversión para la implantación de nuevas tecnologías sostenibles, apoyadas por las políticas climáticas de los gobiernos, es desigual según los distintos países. De hecho, existe una gran brecha que separa a los países más ricos de los más pobres. Así lo denuncia la oenegé CARE International con su informe “That’s not new money”, al comprobar que los países del G7 incumplen, reiteradamente, sus promesas de financiación nueva y adicional para las regiones más pobres del planeta, pese a que son las que más la necesitan.

Foto: Foto. Unsplash/@karsten_wuerth.

La mayor parte de la financiación pública para el clima, comunicada por los países ricos, procede directamente de los presupuestos de ayuda al desarrollo, a pesar de los compromisos adquiridos, desde hace 13 años, de aportar nuevos fondos. Entre la financiación desviada se incluyen la destinada a la salud, la educación, la igualdad de género y la erradicación de la pobreza.

Compromisos y promesas incumplidas

En la Cumbre Climática (COP 15) de 2009 celebrada en Copenhague, estos países se comprometieron a proporcionar "financiación nueva y adicional" por valor de 100.000 millones de dólares al año para 2020 con el fin de apoyar al Sur global en sus esfuerzos de adaptación y mitigación del cambio climático. Pero han incumplido ese compromiso holgadamente.

La suma de la financiación pública para el clima, proporcionada por estos países ricos, asciende a un total de 220.000 millones de dólares durante los años 2011 y 2018. De esta cantidad, sólo 99 millones pueden considerarse "débilmente" adicionales al apoyo al desarrollo. Utilizando una definición más estricta de adicionalidad, desde CARE se calcula que la cifra es alarmantemente inferior, de tan solo 14.000 millones de dólares.

placeholder La acción climática sigue siendo simbólica en el tercer mundo (EFE/J.Marín)
La acción climática sigue siendo simbólica en el tercer mundo (EFE/J.Marín)

La causa es que la proporción que se considera "nueva y adicional", concepto del que no existe una definición clara, ha disminuido en los últimos ocho años. A pesar de notificar cantidades tan grandes de financiación, sólo el 0,1% de la financiación climática notificada por los países del G7 resultó ser "muy adicional". Por lo tanto, los países del G7 no han aportado financiación climática extra, aparte de sus obligaciones de ayuda al desarrollo.

"Es bastante chocante ver que las principales naciones del mundo no se preocupan por sus compromisos internacionales de apoyo al clima y al desarrollo en los países pobres”, declara John Nordbo, autor del informe y asesor principal (clima) de CARE International. “En lugar de ser la columna vertebral de la gobernanza mundial, estos países, en realidad, socavan la cooperación internacional y crean desconfianza en el resto del mundo", añade.

Las honrosas excepciones

No todos incumplen las promesas. Luxemburgo, Noruega y Suecia si aportaron sistemáticamente financiación "nueva y adicional" para el clima más allá de sus actuales presupuestos de ayuda al desarrollo. Estos tres países representan el 2% del GNI (Ingreso Nacional Bruto, por sus siglas en inglés) de los países ricos y aportan el 81% del total de esos 14.000 millones de dólares. CARE hace un llamamiento al G7 y a otros países desarrollados para que sigan el ejemplo de estos países, convirtiendo las palabras en hechos y aporten 100.000 millones de dólares de verdadera financiación climática "nueva y adicional".

placeholder El cambio climático debe afrontarse ya y en todo el mundo (EFE/S.Guzmán)
El cambio climático debe afrontarse ya y en todo el mundo (EFE/S.Guzmán)

De hecho, en el último mes, los propios ministros de los diferentes países del G7 han reiterado en eventos públicos su actual compromiso de apoyar los esfuerzos de adaptación y mitigación en el Sur global y de cumplir su objetivo preacordado. De cumplirse, llegarían en 2023. Sin embargo, el informe revela que estos apoyos aún no están respaldados por fondos con una dotación económica adecuada.

El ejemplo de la mayor disparidad es el de Estados Unidos, al ser el más rico y el que menos financiación extra aporta. Los datos son abrumadores. Y es que solo contribuye con el 8% del total de 220.000 millones de dólares de financiación contra el cambio climático, lo que supone el 0,01% de su GNI.

La lucha contra el cambio climático debe ser una respuesta conjunta de todos los países, apoyando a los que menos tienen

Como la mayor economía del mundo, que representa el 24% del GNI mundial en 2018, y como defensor del Acuerdo de Copenhague de 2009, los Estados Unidos está a años luz de asumir su responsabilidad de proporcionar su parte equitativa de la financiación climática a escala internacional. Karl Deering, Director Senior de Justicia Climática, CARE US, recuerda que "en marzo, el Congreso de los Estados Unidos aprobó 1.000 millones de dólares para la financiación internacional del clima para 2022, lo que queda muy lejos de la promesa de la Administración Biden de aportar 11.400 millones de dólares anuales.”

Foto: Inundaciones en Filipinas. (Francis Malasig/EFE)

La revelación de CARE de que los países ricos están desviando el dinero destinado a la ayuda al desarrollo a la financiación del clima; es especialmente condenatoria y preocupante ante los actuales retos mundiales. Las estadísticas recientes de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) muestran que la ayuda al desarrollo está repartida entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la respuesta y el socorro humanitario, la COVID-19 y las olas de refugiados.

A pesar de ello, el G7 y otros países ricos incumplen sistemáticamente su promesa de alcanzar el objetivo del 0,7%. La lucha contra el cambio climático debe ser una respuesta conjunta de todos los países, apoyando a los que menos tienen, porque son los que más lo necesitan y están en la primera línea de batalla de la emergencia climática.

La capacidad de inversión para la implantación de nuevas tecnologías sostenibles, apoyadas por las políticas climáticas de los gobiernos, es desigual según los distintos países. De hecho, existe una gran brecha que separa a los países más ricos de los más pobres. Así lo denuncia la oenegé CARE International con su informe “That’s not new money”, al comprobar que los países del G7 incumplen, reiteradamente, sus promesas de financiación nueva y adicional para las regiones más pobres del planeta, pese a que son las que más la necesitan.

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