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Estas son las 1.080 semillas que España ha enviado al 'arca de Noé' en caso de apocalipsis
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Restauración ecológica

Estas son las 1.080 semillas que España ha enviado al 'arca de Noé' en caso de apocalipsis

El arca de Noé vegetal albergará, por primera vez, semillas de España. Por el momento, enviarán un millar de las 44.000 existentes

Foto: Luis Guasch evalúa algunas muestras de semillas de vegetales.
Luis Guasch evalúa algunas muestras de semillas de vegetales.
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Más de mil variedades vegetales de España estarán a buen recaudo en el noruego Banco Mundial de Semillas de Svalbard. La primera muestra que se enviará desde el Centro de Recursos Fitogenéticos del INIA-CSIC tan solo es una pequeña muestra de lo que almacenan en el instituto, que alberga 44.000 especies diferentes de todo tipo de vegetales. A -18° C, cientos de botes metálicos cerrados herméticamente almacenan la riqueza vegetal de España, una copia de seguridad global de las 37 colecciones distribuidas por toda la geografía del país.

placeholder Bolsas con semillas que se enviarán a Svalbard.
Bolsas con semillas que se enviarán a Svalbard.

Preparados para cualquier desastre de “dimensiones brutales”, tal y como indica Luis Guasch, director del mencionado centro, desde el arca de Noé vegetal de Svalbard tan solo se han sacado muestras en una ocasión: para recomponer el banco vegetal de Siria tras ser bombardeado. La actual guerra de Ucrania y Rusia evoca, de nuevo, la principal utilidad del Banco Mundial, aunque expertos señalan que recomponer la biodiversidad de un espacio posbélico va mucho más allá de sembrar las semillas que antes germinaban en ese mismo lugar.

placeholder Pruebas que realiza el instituto para probar la calidad de las semillas.
Pruebas que realiza el instituto para probar la calidad de las semillas.

Ahora, decenas de bolsas de aluminio trifoliado cerradas herméticamente se almacenan en el INIA-CSIC, preparadas para su próximo destino en Noruega. Las cajas, de dimensiones específicas, serán transportadas con el debido cuidado: “Vamos a enviar ejemplares de trigo, judías, garbanzos, algarrobas, lentejas, acelgas, espinacas, berenjenas, centeno, nabos, cebollas, zanahorias, perejil, tomates, maíces…”, enumera el propio Guasch antes de abrir la cámara congeladora. Dentro, cuatro pasillos con unas estanterías que llegan casi hasta el techo acogen las 44.000 variedades que, a día de hoy, hay censadas en toda España. “Enviamos 500 semillas de cada muestra. De perejil, por ejemplo, van muchas más en la bolsa porque son más pequeñas. En el caso de las judías o los maíces, mucho más grandes, en lugar de una bolsa van dos”, concreta el investigador del INIA-CSIC.

placeholder Muestras de trigo conservadas a -4 grados centígrados.
Muestras de trigo conservadas a -4 grados centígrados.

Por el momento, 1.080 muestras engrosarán la copia de seguridad mundial de Noruega. Se trata del primer envío por parte de España. “Desde allí, te exigen que sean muestras muy recientes, y nosotros tenemos algunas de los años setenta, así que esas no las podemos enviar. Lo que intentamos es multiplicarlas en campo, en condiciones que esas muestras no se contaminen con otras”, enuncia el experto. Una vez en Noruega, ese depósito pertenece única y exclusivamente al país emisor, por lo que ningún otro Estado podría hacer uso de las semillas allí almacenadas.

Colaboración internacional

Esa característica del banco vegetal noruego no es óbice para que se puedan compartir muestras de semillas entre países. “Todos los bancos españoles y muchos internacionales estamos vinculados al tratado de recursos fitogenéticos para la agricultura y alimentación. Se firmó en 2004 y se basa en un sistema multilateral mediante el cual se ceden semillas a agricultores y centros de conservación sin ningún coste. Así se favorecen la mejora y el cultivo de alimentos”, explica Guasch. De esta forma, cualquier país que quisiera semillas españolas del banco nacional o de las restantes 37 colecciones podría solicitarlas. De hecho, el instituto cuenta con dos cámaras congeladoras: la primera con semillas guardadas en botes de cristal, 22.000 muestras a -4° C, que utilizan para pedidos y estudios de conservación; la segunda es el banco nacional, con el doble de muestras en botes de latón.

placeholder Visión de la primera cámara congeladora.
Visión de la primera cámara congeladora.

Por tanto, Svalbard no es un banco como tal, sino un depósito. Allí no hacen control de viabilidad de las semillas con el paso del tiempo. Esto, que puede parecer un inconveniente, no es tal si se tiene en cuenta que en el banco español siempre habrá una copia de las semillas guardadas en Noruega. “Los lotes que enviamos también los conservamos en la colección base, a la que sí hacemos controles. Si hay algún problema aquí, inmediatamente sabemos que la muestra enviada tendrá el mismo, así que tendríamos que sustituirla”, añade el director del INIA-CSIC.

placeholder Algunas muestras de semillas.
Algunas muestras de semillas.

El almacén al que van destinadas estas 1.080 muestras tan solo se abre tres o cuatro veces al año, únicamente cuando se lleva o retira material. “Si hubiera una hecatombe, no perderíamos estos alimentos”, explica Guasch. Precisamente, esa es la idea que persiguen tanto en el centro español, ubicado en Alcalá de Henares, como en Svalbard. “Aquella copia de seguridad que había en Noruega sirvió para recomponer el Centro Internacional de Investigaciones Agrícolas en Zonas Áridas [Icarda, por sus siglas en inglés], que estaba en Alepo y fue bombardeado durante la guerra”, ilustra el director del centro fitogenético.

Las semillas que salvarán Ucrania

Él mismo es consciente de que el banco de semillas ucraniano, ubicado en Járkov, una de las ciudades que más están sufriendo el conflicto bélico con Rusia, puede terminar destruido a consecuencia de los bombardeos. “Le dije a su director general que desde el CSIC habían ofertado una línea para traer a España a investigadores de Ucrania, y que si la aceptaban estaríamos encantados de recibirles. Me contestó que si hubiera alguna posibilidad de venir, me lo haría saber, pero que era muy difícil llegar hasta aquí al estar cerca de la frontera con Rusia”, relata Guasch.

En el caso de Ucrania, en Svalbard conservan unas 6.000 muestras de un total de 50.000, es decir, apenas un 10% de su biodiversidad vegetal. “Imagino que ellos escogerían lo más relevante y tendrán muchas otras en diversos bancos, pero está claro que la destrucción del banco de Járkov sería una pérdida”, expresa Guasch. Sandra Magro, doctora en Ecología y CEO de Creando Redes, experta en restauración de paisajes, considera que un escenario posbélico necesita tener en cuenta muchos factores a la hora de recomponer la biodiversidad perdida.

placeholder Luis Guasch enseña una muestra de semillas guardada en el depósito.
Luis Guasch enseña una muestra de semillas guardada en el depósito.

“No se trata de coger unas semillas y plantarlas, ni mucho menos. Primero habrá que realizar una valoración de daños, que pueden llegar a ser muy graves en un territorio que ha sufrido una guerra”, agrega. Por ejemplo, si un bombardeo ha provocado agujeros en el suelo, las medidas para recomponer el paisaje pueden pasar, incluso, por la remodelación del relieve, ya que se habrá roto el suelo y desaparecido la cubierta vegetal.

El éxodo y sus consecuencias ecológicas

Hay otros ejemplos de degradación no tan considerables, aunque también necesitarían intervención. Magro se refiere al desplazamiento de personas, tal y como sucede actualmente en Ucrania: “Eso puede alterar la cubierta vegetal del suelo, pero no afectar de forma profunda el funcionamiento ecológico. En estos casos, muchas veces delimitando el acceso a esas zonas y si el territorio está bien conectado con un entorno natural que aporte semillas, puede ser suficiente para eliminar la perturbación que se ha generado”. Por ello, la experta incide en que es esencial ir mucho más allá de las ya conocidas grandes campañas de replantación.

placeholder Antiguos ejemplares de trigo que aún conservan en el inventario.
Antiguos ejemplares de trigo que aún conservan en el inventario.

“Al fin y al cabo, la idea de la restauración ecológica está ligada a la mínima intervención. Una vez que estamos seguros de que el factor que produce la degradación no existe y hemos evaluado los daños, con un vallado del terreno podemos llegar a la regeneración”, en sus propios términos. De hecho, así sucedió durante el confinamiento, cuando la vegetación colonizó espacios normalmente utilizados por los seres humanos.

Además, el potencial aporte de semillas ucranianas procedentes del banco de Svalbard, en el caso de que se viera afectado el de Járkov, sería esencial siempre y cuando se haya eliminado la perturbación. Magro no solo referencia las bombas y los desastres a nivel urbano que produce la guerra, pues sus consecuencias indirectas, como el éxodo de miles de personas, también tendrán repercusiones en la biodiversidad. Así lo explica la experta: “Los ecosistemas se mantienen y cuidan porque hay un tejido social que tiene interés por esos espacios. Ya hemos sido testigos de cómo es imposible mantener en buen estado de conservación entornos naturales con mucha población de paso y gente desplazada”.

placeholder En el instituto prueban la viabilidad de las semillas.
En el instituto prueban la viabilidad de las semillas.

Los desastres del conflicto bélico, así, llegarían hasta la gran pérdida de los vínculos entre la ciudadanía y el territorio. “La restauración se traduce en acciones puntuales, pero tiene una consecuencia casi estratégica para planificar un entorno. Habrá que ver qué quiere hacer Ucrania tras la guerra, porque no será lo mismo si desaparecen algunas zonas de cultivo que si la población pasa hambre y se quieren extender”, agrega Magro. Así, de nuevo, las personas y sus necesidades, su enlazamiento con el entorno natural, el arraigo, serán imprescindibles para la regeneración de un espacio ahora asediado por las bombas rusas.

Más de mil variedades vegetales de España estarán a buen recaudo en el noruego Banco Mundial de Semillas de Svalbard. La primera muestra que se enviará desde el Centro de Recursos Fitogenéticos del INIA-CSIC tan solo es una pequeña muestra de lo que almacenan en el instituto, que alberga 44.000 especies diferentes de todo tipo de vegetales. A -18° C, cientos de botes metálicos cerrados herméticamente almacenan la riqueza vegetal de España, una copia de seguridad global de las 37 colecciones distribuidas por toda la geografía del país.

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