La maldita manía de dar de comer a los jabalíes, y no solo por la peste porcina
Según la Generalitat, el probable origen del brote de peste porcina africana declarado en Collserola fue un jabalí alimentado con un bocadillo que contenía restos de embutido infectado
Alimentar a los jabalíes comporta un grave riesgo, para nosotros y para ellos. (EFE/Patrick Pleul)
El despliegue de efectivos de vigilancia y control en los accesos al Parque Natural de Collserola ante el brote de peste porcina africana (PPA) es espectacular. La gran zona verde que envuelve el Área Metropolitana de Barcelona se ha convertido ahora mismo en un campo de batalla contra un enemigo invisible. Unidades de los Mossos d'Esquadra y de las policías locales, Agentes Rurales, Agrupaciones de Defensa Forestal (ADF) y brigadas de Protección Civil, todos ellos reforzados por la Unidad Militar de Emergencias (UME).
La firmeza y eficacia en el nivel de respuesta y el excelente trabajo de coordinación que se está llevando a cabo invitan a mantener la confianza respecto a las posibilidades de mitigar la expansión de la enfermedad. Una enfermedad que, conviene insistir, no entraña riesgo alguno de contagio humano, pero sí que supone una grave amenaza para el sector porcino: uno de los pilares fundamentales de la industria agroalimentaria española.
La PPA está considerada como una de las enfermedades más virulentas y letales para el cerdo, tanto doméstico como salvaje, dada la ausencia de una vacuna o un tratamiento eficaces y su alta capacidad de transmisión. Por eso es tan importante conseguir aislar y erradicar la cepa del virus que afecta a los jabalís de Collserola antes de que pueda saltar a una granja.
Puesto de control en los accesos a Collserola, en Barcelona. (Europa Press/Lorena Sopêna)
En ese sentido, buena parte de las investigaciones de los veterinarios se ha centrado en establecer el origen del brote y determinar cómo se ha producido el contagio que (al cierre de este artículo) habría matado ya a medio centenar de jabalíes. Y todo apunta a que el origen se deba a un comportamiento humano: ya sea por dejar bolsas de basura orgánica fuera de los contenedores o por alimentarlos directamente con restos de un bocadillo que contenía embutido infectado. De hecho, el consejero de agricultura de la Generalitat, Óscar Ordeig, ha señalado esta última posibilidad como “muy elevada”.
De comer a morder
Respecto a esta cuestión, los veterinarios llevan años alertando sobre los riesgos de dar de comer a los animales salvajes que habitan en los parques y jardines urbanos, como palomas o ardillas, o merodean por las urbanizaciones y las afueras de las ciudades, como corzos o jabalíes. Los casos de accidentes y contagios de enfermedades son tan abundantes como extraordinariamente graves en algunos casos.
Alicia no quiere dar a conocer el suyo, por eso prefiere mantenerse en el anonimato. Su vida cambió por completo una tarde de verano en la que acudió al parque londinense de Hyde Park y decidió compartir sus frutos secos con una simpática ardilla gris. Animada por la confianza del animal y su cándido aspecto, dejó que comiera de su mano. ¡Y zasca! Apenas fue un pinchazo.
Una ardilla salvaje comiendo de la mano de una persona. (Unsplash)
De regreso al hotel comenzó a sentir molestias y decidió acudir al hospital. Así se inició su pesadilla. Un calvario que la llevó a la UVI y que, tras superar varios episodios de extrema gravedad, la ha dejado con importantes secuelas de por vida. La ardilla era portadora de la rabia. Los carteles estaban por todas partes: ‘Do not feed the squirrels’.
En el caso de los jabalíes, la situación es aún más grave, pues estos animales salvajes no solo se han convertido en comensales humanos, sino que cada vez son menos desconfiados y más osados a la hora de rebuscar o incluso demandar alimento. El Ayuntamiento de Barcelona, donde la presencia del cerdo salvaje ha dejado de ser un hecho anecdótico para convertirse en algo cada vez más habitual, advierte desde su página de información ciudadana que “algunos ejemplares, acostumbrados a la presencia humana, han perdido el miedo, se están volviendo cada vez más exigentes y pueden llegar a ser agresivos para obtener comida”.
De recibir a exigir
Hace tiempo que los barceloneses de la parte alta de la ciudad dejaron de sorprenderse al ver merodear a los cerdos salvajes por los parques y jardines del barrio. Las fotos de las piaras trotando por las calles de Horta-Guinardó, Montbau o Canyelles dejaron de ser portada de los diarios cuando se convirtieron en algo habitual. No digamos ya en el Tibidabo o Vallvidrera, donde se habían convertido directamente en los amos de las calles.
Una piara de jabalíes transitando por las calles. (Cedida)
Sin embargo, la cosa empezó a salirse de madre cuando los jabalíes empezaron a bajar por las calles principales para retozarse en los parterres del centro, incluidos los de Plaza Catalunya. Y es que la convivencia con estos animales salvajes nunca debió llegar hasta ese punto. En los núcleos urbanos que envuelven la Sierra de Collserola, estos animales no solo acuden a los contenedores para tumbarlos a testarazos y alimentarse de las basuras, sino que acosan a la gente para exigirles que les dé de comer: hay videos que muestran cómo incluso se suben a las mesas de picnic para zamparse su almuerzo repartiendo mordiscos.
Un estudio de la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB), cuyo campus, por cierto, se ha convertido en uno de los espacios más frecuentados por los jabalíes, advertía hace años del riesgo que supone para la población un contacto tan directo con estos animales salvajes. Tanto por el riesgo de sufrir daños personales como por la posibilidad de que ambos (nosotros y ellos) actuemos como vectores de enfermedades. Una previsión que, como estamos comprobando ahora, no pudo resultar más certera.
Las autoridades llevan años llamando a la colaboración ciudadana para evitar estos daños y perjuicios. Pero a pesar de los carteles de ‘Prohibido dar de comer a los jabalíes’ y de las sanciones municipales, que en algunos casos rondan los mil euros, las imágenes de gente alimentando a estos animales salvajes siguen proliferando en las redes sociales. Y ante esto no hay despliegue de medios que valga ni medidas de control que resulten eficaces. En conversación con El Confidencial, uno de los agentes rurales que participan en las tareas de prevención de este tipo de conflictos en el medio natural se lamenta de esa falta de responsabilidad por parte de los ciudadanos.
Un jabalí busca comida en los contenedores junto a sus crías. (EFE/Esther Gómez)
La espectacular expansión demográfica del cerdo salvaje por las zonas urbanas y periurbanas no se debe tan solo a los hábitos carroñeros de este animal omnívoro, el gran oportunista de la fauna ibérica, sino al efecto llamada de nuestro comportamiento condescendiente hacia él, tratándolo como si fuera una mascota en lugar de un animal salvaje que en ocasiones puede ser extremadamente peligroso. Algo que remarca este policía de la naturaleza.
“Es desesperante -nos cuenta- ver imágenes como las que se comparten en Instagram, de gente dando de comer a los jabalíes, corriendo tras ellos o intentando coger a sus crías, pese a todo lo que hacemos para avisar del riesgo que ello supone”. Un riesgo que, como estamos comprobando estos días, no solo lo es para nosotros, sino también para la fauna salvaje con la que compartimos espacio y hacia la que deberíamos mostrar una mayor consideración y recato.
El despliegue de efectivos de vigilancia y control en los accesos al Parque Natural de Collserola ante el brote de peste porcina africana (PPA) es espectacular. La gran zona verde que envuelve el Área Metropolitana de Barcelona se ha convertido ahora mismo en un campo de batalla contra un enemigo invisible. Unidades de los Mossos d'Esquadra y de las policías locales, Agentes Rurales, Agrupaciones de Defensa Forestal (ADF) y brigadas de Protección Civil, todos ellos reforzados por la Unidad Militar de Emergencias (UME).