¿Puede la industria del hormigón realmente volverse neutra en carbono para 2050?
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¿Puede la industria del hormigón realmente volverse neutra en carbono para 2050?

La fabricación de cemento es responsable del 8% de los gases de efecto invernadero generados en todo el mundo y la promesa de la Asociación Global de Cemento y Hormigón es conseguir cero emisiones de aquí a 2050. ¿Utopía o realidad?

placeholder Foto: La industria cementera debe afrontar una reconversión medioambiental (EFE)
La industria cementera debe afrontar una reconversión medioambiental (EFE)

"Nuestra ambición climática es el compromiso de nuestras empresas miembro de reducir la huella de CO₂ de sus operaciones y productos, y aspirar a entregar a la sociedad hormigón neutro en carbono para el año 2050. Trabajaremos en toda la cadena de valor del entorno construido para cumplir con este objetivo en un contexto de economía circular, a lo largo del ciclo de vida completo". Esta es la ambiciosa promesa de la Asociación Mundial de Productores de Cemento y Hormigón (GCCA).

El hormigón es el producto artificial más utilizado en el mundo (lo empleamos en puentes, carreteras, escuelas, hogares, hospitales...), por lo que se convierte en un material fundamental para afrontar los desafíos de construcción resiliente para proteger tanto las ciudades como el medio ambiente de un clima en constante cambio, puesto que seguirá siendo necesario en el futuro.

Más de la mitad del CO₂ emitido por el cemento se debe a la reacción química y no al calentamiento de los hornos con combustibles fósiles

A pesar de su importancia, el hormigón también conlleva un reto que el mundo deberá afrontar en las próximas décadas. En 2019, los seres humanos creamos 4.100 millones de toneladas de cemento, el 'pegamento' indispensable del hormigón, según el Servicio Geológico de EE. UU. Pero al fabricar cemento, ese material omnipresente, también se produce dióxido de carbono. De hecho, la industria del cemento representa actualmente alrededor del 8% de las emisiones globales de CO₂, según la Agencia Internacional de Energía.

Los problemas con el cemento comienzan con la química y la fórmula CaCO3 + calor> CaO + CO2; cocinas carbonato de calcio a 1450 °C con mucho combustible fósil y obtienes mucho dióxido de carbono, entre otras cosas. Luego se mezcla con agua y se obtiene hormigón.

placeholder En gran parte de los espacios urbanos, el cemento es un material omnipresente. Unsplash
En gran parte de los espacios urbanos, el cemento es un material omnipresente. Unsplash

Por cada tonelada de cemento que se produce, la descarbonización de la piedra caliza para crear la cal produce alrededor de 0,47 toneladas de CO2. Dado que la huella de carbono promedio del cemento es de alrededor de 0,913 toneladas de CO2e / tonelada, más del 50% de la huella de carbono de este material se debe a la reacción química más que a la energía necesaria para fabricalo. Si el hormigón fuera un país ocuparía el cuarto lugar en el mundo como contaminante climático.

Cambiar a energías limpias y renovables requiere más cemento y hormigón, y no menos. Crear centrales hidroeléctricas requieren cientos de millones de metros cúbicos de hormigón. Y lo mismo pasa con turbinas eólicas y otras tecnologías similares.

¿Entonces cómo se soluciona el problema?

No hay una solución única, sino diversas propuestas o alternativas, por el momento:

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha financiado la investigación de alternativas al carbonato de calcio. Parece que la única alternativa al carbonato de calcio, en términos de propiedades químicas y disponibilidad, es el Al2O3, también conocido como bauxita o mineral de aluminio -que contiene grandes cantidades de óxido de aluminio-, cuyo suministro global se requiere actualmente para producir aluminio. Existen otras alternativas, pero ninguna está disponible en el volumen requerido para satisfacer la demanda mundial de cemento.

Foto: El futuro de la arquitectura podría pasar por la madera. (Unsplash/@capitannikolai)

De la misma forma, ciertos aditivos también pueden reducir la huella de carbono del hormigón. La arcilla puede añadir resistencia y reducir las emisiones en el cemento. Pero, irónicamente, algunos aditivos útiles para fortalecer son en sí mismos subproductos de industrias que contaminan el carbono.

La startup canadiense CarbonCure Technologies, por su parte, tiene una iniciativa muy interesante: incrusta CO2 en concreto fresco, fortaleciéndolo mientras atrapa el carbono a través de un proceso de mineralización.

placeholder La mayoría de las infraestructuras que utilizamos a diario dependen del cemento. Unsplash/@qwitka
La mayoría de las infraestructuras que utilizamos a diario dependen del cemento. Unsplash/@qwitka

Además, tres de las cinco empresas cementeras más grandes del mundo (HeidelbergCement, el grupo suizo LafargeHolcim y CEMEX) se han fijado objetivos de emisiones adecuados para 2030; y las tres tienen la mira puesta en convertirse en carbono neutral para 2050.

Otra opción es reciclar el hormigón

El reciclaje de hormigón endurecido de edificios demolidos, ofrece un potencial adicional para reducir las emisiones de carbono. El hormigón triturado no es solo una opción viable para reemplazar la arena de construcción, que ahora escasea, sino que también podría reducir las emisiones asociadas con el hormigón. Podría ser un enfoque muy prometedor.

Lograr este objetivo de neutralidad de carbono de aquí a 2050 representa una transición desafiante para las empresas con operaciones a gran escala en todo el mundo, pero también ofrece la oportunidad de realizar cambios sustanciales que resultarán en reducciones de CO₂ significativas a nivel mundial; lo que, a su vez, ayudará al avance de esta importante transición energética.

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