No te vas a creer quién está llenando de plástico los humedales
La cigüeña blanca se ha convertido en un comensal habitual de los vertederos, donde ingiere accidentalmente una gran cantidad de plástico. Un plástico que después regurgita en el corazón de lagunas, esteros y marismas
La adaptación al medio de algunas especies puede dar lugar a situaciones de conflicto sorprendentes. Uno de los ejemplos más claros lo tenemos en la creciente costumbre de las cigüeñas blancas a acudir a los basureros en busca de alimento. ¿Por qué voy a estar persiguiendo ranas por las charcas si aquí hay comida en abundancia?, parecen pensar. Por eso en estos días, antes de aparecer de nuevo en su nido del campanario, “Por San Blas -dos de febrero- la cigüeña verás” dice el refranero, las vemos sobrevolando acudiendo en masa a los basureros: toda una metáfora de los tiempos que estamos viviendo.
Hace apenas veinte años el Libro Rojo de los Vertebrados de España clasificaba a la cigüeña blanca como ‘especie vulnerable’ y remarcaba que la familiar zancuda podía verse amenazada de extinción debido a las grandes sequías en su área de invernada en África, la pérdida de su hábitat natural, el uso indiscriminado de pesticidas y el aumento de tendidos eléctricos.
Debido a éstas y otras causas no naturales, como la caza ilegal (¿qué monstruo es capaz de disparar a una cigüeña?) los censos marcaban una acentuada merma de efectivos: 14.500 parejas en 1948, 12.000 en 1957, 7.000 en 1974 y 5.000 en 1985. Pero a partir de ese año se produce una asombrosa recuperación: cerca de 8.000 parejas en el censo del 90, 12.000 en el 95 y 33.000 en 2004, según el último censo llevado a cabo por la organización conservacionista SEO/BirdLife. Las últimas estimaciones indicaban que la población reproductora de cigüeña blanca en España superaba las 42.000 parejas. Pero ojo porque los resultados del último censo nacional, que se acaban de dar a conocer esta misma semana, señalan que la población española de cigüeña blanca ha vuelto a descender hasta los niveles de 2004: 34.000 parejas.
La recuperación de la cigüeña blanca responde, por una parte, a las grandes campañas de recuperación y educación ambiental llevadas a cabo por los grupos ecologistas, locales y nacionales: instalación de nidos artificiales, regeneración de lagunas o corrección de tendidos, además de charlas en las escuelas y las aulas de cultura de los pueblos. Pero sin duda también obedece al desarrollo de ese sorprendente proceso de adaptación que ha llevado a las cigüeñas a convertirse en comensal habitual de los vertederos. Una adaptación que está dando lugar a un problema de contaminación difusa tan grave como inesperado.
Del vertedero a la laguna
El pasado año un estudio publicado en ‘Ardeola’, la prestigiosa revista científica sobre ornitología editada por SEO/BirdLife, alertaba que dos de cada tres cigüeñas blancas son víctimas de la contaminación por plástico. El estudio, llevado a cabo en Aragón, detectó contenidos plásticos en los tractos digestivos de 1.045 cigüeñas blancas sobre un total de 1.550 ejemplares analizados mediante necropsia y determinó que tres cuartas partes de esos plásticos tenían su origen en los vertederos.
Ante estos datos los autores del trabajo reclamaban una mejor gestión de estos conflictivos equipamientos, a los que pese a todos los esfuerzos llevados a cabo en materia de recogida selectiva y reciclaje, seguimos depositando más del 46% de los residuos que generamos en España, para desesperación de las autoridades de la UE que no dejan de amonestarnos.
Pero hace dos meses otro estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores de la Estación Biológica de Doñana (EBD/CSIC) en los espacios naturales de la Bahía de Cádiz, señalaba que, debido a ese nuevo hábito alimenticio, las cigüeñas, junto a otras especies como las gaviotas, se están convirtiendo en vectores (biovectores, según los científicos) de la contaminación por plástico en los aguazales que conforman su hábitat natural y a los que siguen acudiendo tras alimentarse en los vertederos.
El depósito se realiza a través de las egagrópilas que estas aves liberan en mitad del humedal. La egagrópila es el amasijo de huesos, pelo, escamas y otros restos orgánicos que determinadas especies, como las rapaces, expulsan por la boca tras digerir a sus presas. En este caso en lugar de restos orgánicos lo que expulsan las cigüeñas son restos de plástico de todo tipo: desde gomas elásticas que confunden con lombrices hasta fragmentos de envases, envoltorios y bolsas que ingieren por error.
Un problema de difícil solución
Según los datos de este nuevo informe, publicado en la revista científica 'environmental research', la cigüeña blanca es la especie que ‘transporta’ más plástico por individuo, pero no la que vierte mayor cantidad en total. Las estimaciones indican que la gaviota sombría podría transportar hasta 285 kilos al año, la gaviota patiamarilla 160 y la cigüeña blanca 86 kilos. En conjunto más de media tonelada de plástico esparcido por el corazón del humedal da lugar a un grave problema de contaminación de difícil solución.
Para la cigüeña blanca los vertederos se han convertido en una especie de bufé libre, un lugar en apariencia seguro al que acudir a todas horas del día y durante todo el año en busca de alimento. Por eso han dejado incluso de migrar. Pero como señala el profesor de investigación de la EBD/CSIC Andy J. Green, las consecuencias de ese vertido indirecto pueden afectar al conjunto del ecosistema ya que “los plásticos de menor tamaño pueden incorporarse a la cadena trófica a través de organismos como los invertebrados filtradores”, pero el resto de seres vivos “pueden sufrir los efectos tanto de los propios plásticos como de sus aditivos, que son a veces incluso más peligrosos”.
Para Julián Cano, investigador predoctoral de la EBD/CSIC y primer autor del artículo “evitar que las aves visiten los vertederos no es sencillo. El problema está relacionado con nuestro modelo de consumo basado en el ‘usar y tirar’ y con una mala gestión de nuestra basura”. Ni las cigüeñas ni las gaviotas son las responsables de este problema. Lo único que han hecho estas aves es ‘buscarse la vida’ evolutivamente hablando y aprovechar nuestro desdén con las basuras. “Separar mejor los residuos, mejorar el reciclaje y, sobre todo, reducir el consumo de plásticos son claves para evitar que estos materiales acaben en los espacios protegidos”, concluye este investigador.
La adaptación al medio de algunas especies puede dar lugar a situaciones de conflicto sorprendentes. Uno de los ejemplos más claros lo tenemos en la creciente costumbre de las cigüeñas blancas a acudir a los basureros en busca de alimento. ¿Por qué voy a estar persiguiendo ranas por las charcas si aquí hay comida en abundancia?, parecen pensar. Por eso en estos días, antes de aparecer de nuevo en su nido del campanario, “Por San Blas -dos de febrero- la cigüeña verás” dice el refranero, las vemos sobrevolando acudiendo en masa a los basureros: toda una metáfora de los tiempos que estamos viviendo.