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"Va a empezar a jarrear". ¿Y si no? Los riesgos que enfrenta Cataluña en la gestión de sus pantanos
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Embalses y cambio climático

"Va a empezar a jarrear". ¿Y si no? Los riesgos que enfrenta Cataluña en la gestión de sus pantanos

Enero de 2024. Los embalses de las cuencas internas están al 15% y peligra el suministro a Barcelona. Enero de 2026. Están al 90% y se anuncian fuertes lluvias. ¿Empezamos a vaciar pantanos?

Foto: El pantano de Foix, en Barcelona, ha empezado a desembalsar. (ACA)
El pantano de Foix, en Barcelona, ha empezado a desembalsar. (ACA)

Con las reservas casi al noventa por ciento de su capacidad, la Agencia Catalana del Agua (ACA) ha anunciado que incrementará durante los próximos días la liberación de agua de algunos pantanos de las cuencas internas ante la previsión de importantes lluvias. El objetivo de esta medida, impensable hace apenas un año, es estabilizar volúmenes y disponer de mayor resguardo. A tal efecto se pasará de liberar tres metros cúbicos por segundo (m3/s) a 15 m3/s. La pregunta es: ¿y si al final no llueve tanto? ¿Echaremos de menos toda esa agua el año próximo?

Ante tal incertidumbre, totalmente justificada si tenemos en cuenta que en enero de 2024 esos mismos embalses estaban al 15%, la ACA anticipaba estos días que durante todo el episodio de lluvias se realizará un seguimiento continuado tanto de la evolución de los caudales de los ríos como de su repercusión en los embalses, con el objeto de corregir las medidas si fuera necesario. Vivimos en un clima mediterráneo que se caracteriza por su irregularidad, es cierto. Pero el cambio climático está dicha irregularidad, acentuando los fenómenos extremos y dando pie a cambios enormes un año para otro.

Foto: cataluna-emergencia-sequia-pantano-sau

Uno de los pantanos que ha experimentado un cambio más espectacular es el de Sau, en la provincia de Barcelona, que retiene las aguas del río Ter para abastecer a la gran región metropolitana de Barcelona: 5,5 millones de habitantes. Actualmente se encuentra al 94,63% de su capacidad. El año pasado por estas mismas fechas se encontraba al 12,74%. En 2024 llegó a bajar hasta el 4% y el abastecimiento a Barcelona se vio seriamente comprometido. Si en aquel momento alguien hubiera pronosticado que en menos de un año estaría desembalsando lo hubieran tildado de majadero. Sin embargo en esas estamos.

placeholder El Pantano de Sau (Barcelona) roza el máximo tras secarse en 2024.(EFE/Quique García)
El Pantano de Sau (Barcelona) roza el máximo tras secarse en 2024.(EFE/Quique García)

Como bien señala el ACA, ante la situación de alta incertidumbre a la que nos lleva el cambio climático, el objetivo es aumentar el resguardo en los embalses que tienen volúmenes más altos asumiendo los aportes de las cabeceras sin lamentar una pérdida de recurso. Ahora bien, ante la previsión de fuertes lluvias, los protocolos de prevención de riesgos aconsejan proceder a desembalsar: siempre de manera controlada y dando aviso de ello a la población.

Los embalses pueden convertirse en bombas de relojería ante un aumento de la torrencialidad de los ríos por precipitaciones intensas. La rotura de la presa de Tous en octubre de 1982 es un buen ejemplo de ello. El día 20 un intenso episodio de gota fría (hoy llamada dana explosiva) dio lugar a precipitaciones que llegaron a rondar los mil litros por metro cuadrado en algunas poblaciones de la cuenca del Júcar, cuyo caudal se elevó de tal modo que acabó rompiendo los muros de la presa de Tous y provocando una de las mayores catástrofes naturales de nuestra historia reciente. Hasta la dana de Valencia.

El ejemplo de Forata

El 29 de octubre de 2024, día de la dana, el pantano de Forata, que recoge las aguas del río Magro, estaba bajo mínimos a las once de la mañana. La intensificación de las lluvias hizo que a las siete de esa misma tarde alcanzase su nivel máximo (100%). Las compuertas del aliviadero se abrieron de manera controlada y dando aviso a la población. Durante el episodio más severo de precipitación el volumen de entrada llegó a superar los 2.200 m3/s mientras que el ritmo de desembalse era de 1.100 m3/s. Pese a eso la presa resistió y contribuyó a laminar la avenida.

placeholder El pantano de Forata, en Valencia, desembalsando. (EP/R.Solsona)
El pantano de Forata, en Valencia, desembalsando. (EP/R.Solsona)

Los estudios posteriores han demostrado que sin el desembalse de Forata la catástrofe podría haber sido mayor. Hoy sabemos que el riesgo de colapso de la infraestructura existió. De hecho, el servicio valenciano de emergencias llegó a contemplar un escenario de rotura de la presa y tenía preparado un aviso para la puesta en marcha el plan de emergencia de presas de la Generalitat Valenciana.

A medida que el cambio climático avanza, la gobernanza del agua resulta cada vez más compleja. Nos hallamos ante un escenario de alta incertidumbre en el que debemos adaptarnos a las sequías, que cada vez serán más severas y recurrentes, pero también a los episodios de fuertes precipitaciones como los propiciados por las danas. Unos episodios que cada vez serán más imprevisibles y violentos. Por eso la planificación del agua debe abordarse desde una doble perspectiva: como recurso y como riesgo. Y la gestión de los embalses deberá atender cada vez más a esa doble función.

Con las reservas casi al noventa por ciento de su capacidad, la Agencia Catalana del Agua (ACA) ha anunciado que incrementará durante los próximos días la liberación de agua de algunos pantanos de las cuencas internas ante la previsión de importantes lluvias. El objetivo de esta medida, impensable hace apenas un año, es estabilizar volúmenes y disponer de mayor resguardo. A tal efecto se pasará de liberar tres metros cúbicos por segundo (m3/s) a 15 m3/s. La pregunta es: ¿y si al final no llueve tanto? ¿Echaremos de menos toda esa agua el año próximo?

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