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No queda agua en Doñana para dejar regar a todo el que quiera
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Un paraíso natural amenazado

No queda agua en Doñana para dejar regar a todo el que quiera

La decisión de la Junta de Andalucía de aprobar el 'Plan de la Fresa' llega en el peor momento posible: con los indicadores hídricos del Parque Nacional bajo mínimos y con un periodo sin lluvias cada día más extenso

Foto: Parque Nacional de Doñana.
Parque Nacional de Doñana.

A una semana de que la Junta de Andalucía cambiara la regulación del riego en Doñana (proyecto conocido como 'Plan de la Fresa' y que legaliza -y perdona- el regadío que antes era ilegal) con los votos a favor de PP, Cs y VOX y con la abstención del PSOE de Andalucía, la situación de alarma se dispara, dado que la amenaza de sequía parece más preocupante que en los años anteriores debido al anticiclón presente desde Navidad que ha dejado sin lluvias a gran parte de la península y a que el 2021 terminó con un 35% menos de lluvias de lo normal.

La limitación hídrica llegó ayer al Congreso de los Diputados durante la sesión de control al Gobierno, donde la vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, explicó que "es imposible legalizar nuevas hectáreas de riego en el entorno del Parque Nacional de Doñana (lo que pretende el Plan de la Fresa) salvo que se expropien los derechos de los regantes legales porque, simplemente, no hay agua".

"Está comprobado que los periodos secos se están alargando en el tiempo"

Siempre se ha cultivado en Doñana, no es nada nuevo. Las templadas condiciones meteorológicas, el suelo fértil y el amplio acceso histórico al agua de este entorno lo han convertido en el lugar de cultivo idóneo. Hasta ahora, existía un equilibrio entre los regantes y los niveles hídricos del Parque Nacional, pero lo que propone el 'Plan de la Fresa' no es una sustitución de unos por otros, sino que los nuevos regantes se sumen a los ya presentes. Esto, inevitablemente, va a suponer un serio golpe a las condiciones hídricas del Parque Nacional y a su componente más importante: su acuífero.

Foto: Pantano de Ricobayo en la provincia de Zamora, muy por debajo de su capacidad. (EFE/Mariam A. Montesinos)

Según explican desde la organización ambiental WWF, "el régimen de explotación del acuífero de Doñana es totalmente insostenible desde al menos la mitad de los años 90 del siglo pasado". Y explican las razones: "Las extracciones para la agricultura de regadío, y especialmente la producción de fresas y arándanos, han ido mermando las reservas de agua y no han permitido la recuperación de las mismas, aún en años de lluvias abundantes, lo que ha provocado que el acuífero haya pasado de 9 sectores estables y 7 en mal estado en 1994, a solo 5 sectores estables y 11 en mal estado actualmente".

Según la organización ambientalista, el estado del acuífero del Parque Nacional hoy en día está "en peor estado que durante la gran sequía de 1995". Esto supone graves problemas. El primero es que las reservas hídricas de Doñana no se recuperan al mismo ritmo al que extraemos el agua (cosa que sí ocurriría con un modelo de regadío sostenible como el tradicional). El segundo problema es que el acuífero situado en el subsuelo del Parque Nacional, dada su proximidad al atlántico, está en riesgo de sufrir un proceso de salinización, por el que el agua salada del mar se filtra y acaba contaminando las aguas subterráneas, lo que tiene un impacto ecológico masivo que solo se puede solucionar inyectando agua dulce (ya sea regenerada, desalada o natural) en el acuífero, pero no se puede inyectar lo que no hay.

placeholder Cultivo de fresas en Doñana (Foto: Jose Luis Gallego)
Cultivo de fresas en Doñana (Foto: Jose Luis Gallego)

Además, debemos tener en cuenta que de las reservas hídricas del Doñana no solo depende el regadío de la fresa, sino también el acceso a agua potable y de saneamiento de las poblaciones cercanas al acuífero, así como el propio Parque Nacional, hogar de cientos de especies diferentes y uno de los ecosistemas más importantes de nuestro país. Su deterioro supone una seria amenaza a la biodiversidad de este país.

La situación de Doñana en el futuro

El clima está cambiando, así lo llevan confirmando miles de estudios científicos desde hace décadas. La emisión de gases de efecto invernadero están provocando un aumento de las temperaturas a nivel global, pero también un cambio de los patrones meteorológicos normales.

El portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), Rubén del Campo, explicaba a El Confidencial que la situación anticiclónica actual no es excepcional (ha habido periodos sin lluvia mucho más extensos en el tiempo en años anteriores). Del mismo modo, la cantidad de agua que, año a año, cae sobre la península Ibérica no está variando notablemente. Lo que ocurre es que, como explica el experto, "está comprobado que los periodos secos se están alargando en el tiempo". Esto supone también que los "episodios de lluvias torrenciales son cada vez más frecuentes e intensos". Dicho de otro modo: llueve lo mismo, pero peor.

Foto: Estación depuradora de aguas residuales. (EFE/ J. Lane) Opinión

Las lluvias torrenciales acaban en el mar, no en el subsuelo. Es por esto que lo que importa no es solo la cantidad de lluvia, sino también su calidad. La acentuación de los fenómenos climáticos extremos (como lluvias torrenciales y sequías) es una de las principales consecuencias de la crisis climática. En Doñana no va a haber cada vez más agua, sino menos, y su nivel disminuirá mucho más rápido si dejamos regar a todo el que quiera.

A una semana de que la Junta de Andalucía cambiara la regulación del riego en Doñana (proyecto conocido como 'Plan de la Fresa' y que legaliza -y perdona- el regadío que antes era ilegal) con los votos a favor de PP, Cs y VOX y con la abstención del PSOE de Andalucía, la situación de alarma se dispara, dado que la amenaza de sequía parece más preocupante que en los años anteriores debido al anticiclón presente desde Navidad que ha dejado sin lluvias a gran parte de la península y a que el 2021 terminó con un 35% menos de lluvias de lo normal.

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