Nosotros tenemos la culpa de que en África sigan usando carbón para generar energía
  1. Medioambiente
mucho trabajo por delante

Nosotros tenemos la culpa de que en África sigan usando carbón para generar energía

La transición energética es una gran oportunidad para nosotros, para nuestra atmósfera, para nuestra salud y para nuestra economía. Otros países, no tienen la capacidad de sacar tanto de este cambio. De hecho, no pueden sacar nada

placeholder Foto: Foto: EFE
Foto: EFE

"¿Por qué a mí me multan si tiro la cáscara de plátano al contenedor que no toca, pero Chad genera el 100% de su energía de quemar petróleo sin ton ni son?". La responsabilización del individuo va de la mano de la llamada 'revolución verde'. Que existan muchos puntos que todavía no controlamos del todo (lo que es lógico, dado que es la primera vez que hacemos esto en la historia de la humanidad: dar un paso atrás sin movernos hacia atrás realmente) es bien sabido. Podríamos hablar del reciclaje de dos formas diferentes. La primera es que es necesario y ético si queremos reducir la contaminación y sobreexplotación a la que sometemos a nuestro hábitat (que hoy por hoy, es prácticamente todo el planeta) y la otra es que es una clara afrenta (siempre y cuando nos obliguen por ley a reciclar) a nuestra propiedad privada, dado que nos 'obligan' a cederla a terceros de forma gratuita, cuando ellos obtienen un beneficio de ello. También podríamos hablar del transporte aéreo y marítimo, muy contaminantes pero a la vez esenciales para determinadas actividades económicas.

Pero la transición que más se hace notar y la que nos ocupa hoy es la energética. A grandes rasgos, si hacemos girar una bobina de cobre dentro de un imán, generamos a través de ella una corriente eléctrica. Es así como funcionan (casi) todas las fuentes de electricidad mayoritarias, a excepción de las placas fotovoltaicas. Lo importante, en cambio, no es esto, sino cómo hacemos girar ese bobinado dentro de los imanes. Es aquí donde nos vemos obligados a utilizar fuentes de energía externas. Una opción, por ejemplo, es usar la fuerza del viento, recolectada a través de hélices, para ejercer la fuerza mecánica sobre el bobinado. Otra es utilizar la fisión controlada de determinados átomos para calentar agua, que a su vez (y gracias a la acción de una turbina) transmite esa energía al motor eléctrico. Este método (el de calentar agua, no el de fisionar átomos) es uno de los más comunes, sobre todo si implican la combustión de algún hidrocarburo.

"Es necesario que esas tecnologías sean compartidas (en especial por EEUU), para que otros países podamos hacer frente a la clisis climática"

Carbón, gas, biomasa y petróleo, todas ellas son fuentes de energía química realmente efectivas. Por cada gramo de estos materiales (dependiendo del tipo y calidad) podemos obtener grandes cantidades de electricidad. El problema es que para que esto ocurra deben quemarse, y este proceso de combustión une esos hidrocarburos y el oxígeno atmosférico para generar agua y CO₂, el más famoso gas de efecto invernadero. Si no fuese por este 'pequeño' inconveniente, este tipo de combustibles serían una auténtica joya, pero no es así, claro está.

Las renovables oportunidades

Es por esto que, principalmente en occidente, hemos iniciado la conocida como transición energética. Hay muchas formas de energía que podemos aprovechar y unas cuantas de ellas no tienen un impacto medioambiental tan severo como los hidrocarburos. Además, este cambio (aunque tiene muchos aspectos negativos, como la pérdida de empleos especializados en determinados sectores) también trae cosas buenas de la mano, como la creación de nuevas oportunidades económicas, y puestos de trabajo estables. En efecto, poner placas solares y generadores eólicos es otra forma de activar nuestra economía a la vez que reducimos las emisiones de CO₂ a la atmósfera. Eso es un 'win win' en toda regla, como dirían los anglosajones.

Según datos de BNEF, España es el mercado solar sin subvenciones más atractivo de Europa con 2,9 GW encargados en 2020, cuatro veces más que el año anterior. Por poner este dato en contexto, podemos decir que Alemania e Italia añadieron 297MW y 285MW respectivamente, una cantidad enormemente inferior. Según datos de Red Eléctrica de España, en nuestro país un 23,4% de la energía que generamos procede del viento, un 8,1% del sol a través de placas fotovoltaicas y un 2,1% también del sol, pero gracias a su efecto térmico (con grandes espejos que reflejan la luz en un punto concreto). Que estos datos no hagan más que aumentar año a año es una excelente noticia, dado que no solo implican un descenso de nuestra dependencia de los combustibles fósiles, sino también el crecimiento rápido de un nuevo sector económico.

El caso de Chad

Pero ahora nos encontramos con un dilema: ¿por qué nosotros, que como todos los países desarrollados consumimos ingentes cantidades de energía (según datos de la Agencia Internacional de Energía -IEA-, en España consumimos, por cabeza, 5.087,43 kWh, muy cerca de la media europea) tenemos que recurrir a nuevas fuentes, que al menos en los inicios son caras, mientras que otros países menos desarrollados se dedican a quemar petróleo, carbón y bosques enteros para generar su electricidad?

Foto: Foto: Unsplash/@publicpowerorg.

La respuesta corta es muy simple: porque no les queda otra. A nosotros sí. En 2016 se aprobó el Acuerdo de París, en el que todos y cada uno de los países del mundo se comprometieron a limitar el calentamiento global a los 2 ºC. Para ello, todos acordaron reducir la cantidad de gases de efecto invernadero, los mayores responsables de este cambio climático, que emitían a la atmósfera. Nosotros, occidente, ya estamos trabajando en ello, pero otros países no. Por ejemplo Chad, que según datos de la IEA, obtiene el 98% de su energía eléctrica de la quema de petróleo. Pero en este país africano vive 'poca' gente (algo más de 15 millones) y todos ellos viven con una limitación energética más que severa (13,08 kWh, un 0,25% de la que consumimos nosotros) y su renta per cápita es 35 veces inferior a la nuestra según datos del FMI.

Otro ejemplo es Nigeria, un país considerablemente más rico que Chad, con un consumo eléctrico mucho mayor (123,01 kWh). Ellos también obtienen su electricidad principalmente de la quema de biomasa (por decirlo de otro modo, talar, transportar y quemar los árboles de la selva), seguido del petróleo, el gas y el carbón. Ellos, salvo por un minúsculo porcentaje de renovables obtenido gracias a la energía hidroeléctrica, también 'ignoran' las energías limpias.

Estos son solo dos ejemplos, pero es una tendencia que se mantiene entre todas las economías menos desarrolladas del mundo (y en algunas de las más desarrolladas también, como India o China, pero eso es otra historia). Teniendo en cuenta estos datos, es extraordinariamente fácil señalar a estos países con el dedo y gritarles: "Yo estoy haciendo mi parte, estoy sacrificándome por el planeta. Tú no".

placeholder Hindou Oumarou Ibrahim. EFE
Hindou Oumarou Ibrahim. EFE

Pero no es tan simple la historia. Como decíamos antes, en los países desarrollados la transición energética, a pesar de ser un sacrificio en algunos aspectos, también es una oportunidad capaz de activar la economía y propiciar el crecimiento de sectores que hace tan solo unos años ni nos los imaginábamos. Pero en los países menos desarrollados, la transición energética solo se logra de una forma: sacando la cartera e importando tecnologías, materiales y recursos humanos especializados de fuera. Dicho de otro modo: estos países no tienen la oportunidad de ganar nada con este cambio, nosotros sí.

Como explica Hindou Oumarou Ibrahim, una activista medioambiental, geógrafa y Coordinadora de la Asociación de Mujeres Fulani y Gentes Autóctonas del Chad (AFPAT), "ahora tenemos más herramientas que nunca antes en la historia de la humanidad para hacer frente a la crisis climática. Pero es necesario que esas tecnologías sean compartidas (en especial por EEUU), para que otros países podamos hacer frente a la clisis climática. Para esto hace falta financiación". Según datos de la IEA, se calcula que en el caso de África en general, se necesitan un mínimo de 39.000 millones de dólares para la industria de las renovables (y eso no tiene en cuenta los más de 159.000 millones de dólares necesarios en inversión en redes de distribución y acceso del público a la electricidad).

Es necesario hacer un examen de conciencia. Si nuestro objetivo es, realmente, el cumplimiento del Acuerdo de París y la limitación a 2 ºC del calentamiento global, debemos reducir drásticamente las emisiones de CO₂ a la atmósfera, pero eso no puede pasar por dejar a su suerte a aquellos que no pueden permitirse bajo ningún concepto llevar a cabo estos cambios. La financiación y la distribución de tecnologías es absolutamente necesario para cumplir nuestros objetivos.

Cambio climático Contaminación Economía Combustibles fósiles
El redactor recomienda