¿Solidaridad europea? España cierra centrales de carbón, Alemania las abre
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Una en construcción, otra propuesta

¿Solidaridad europea? España cierra centrales de carbón, Alemania las abre

Mientras que nosotros sacrificamos tanto puestos de trabajo como megavatios por el bien del medioambiente, otros países considerados 'defensores' del planeta hacen todo lo contrario. No deberíamos mirar al norte, sino ellos a nosotros

placeholder Foto: Central térmica de carbón de As Pontes. (EFE)
Central térmica de carbón de As Pontes. (EFE)

La transición energética está aquí. El Congreso ya ha avisado de que, una vez entre en vigor la nueva Ley de Cambio Climático, podremos decir adiós a la extracción de hidrocarburos y a la minería del uranio. Pero ni siquiera hace falta. Las centrales menos eficientes y más contaminantes de todas, las de carbón, tocan a su fin en nuestro país.

Está previsto que entre 2021 y 2026 cierren las pocas centrales de carbón que nos quedan (dos en Asturias, dos en Andalucía, una en Galicia y otra en las Islas Baleares). No solo lo hacemos porque haya mejores formas de generar energía, sino también para evitar la contaminación que estas plantas provocan. En general, toda la producción energética a través de los hidrocarburos supone la liberación de gases de efecto invernadero, en concreto CO₂. No hay otra: es así como funciona la reacción química de la combustión.

"Hay que hacer todo lo humanamente posible para combatir el cambio climático", pero a la vez abrir centrales nuevas

El final de los días de esta industria responde a razones muy concretas. Para empezar, emitir CO₂ tiene un impuesto asociado, los famosos derechos de emisión. Cuando una planta es extraordinariamente eficiente, como en el caso del gas natural, son asumibles por kW generado. En el caso del carbón, la poca eficiencia de este combustible supone un descenso de los beneficios, así como lo hace que el precio del gas natural haya descendido continuamente en los últimos 10 años. Hasta aquí todo bien: España es un país coherente.

Pero no nos equivoquemos: estamos haciendo un sacrificio. Esas plantas, por contaminantes y poco eficientes que fueran, generaban electricidad que usábamos, día a día. Según explicaba Alberto Martín, socio responsable de energía de KPMG, "cerrar los 4.500 megavatios de centrales de carbón nacional existentes implicaría que sería necesario incentivar la construcción de centrales a gas, con una inversión en torno a los 3.000 millones de euros".

Hipocresía europea

Y mientras nosotros sacrificamos megavatios y puestos de trabajo debido a nuestro firme compromiso con el medioambiente, otros países a los que tenemos idealizados como adalides de la lucha contra la crisis climática se ponen a abrir y planear nuevas centrales de carbón. Es el caso de Alemania, que en 2007 empezó a construir (y sigue en ello) la central Datteln 4, una planta de carbón con una capacidad de 1.100 MW y la propuesta (aprobada) de ampliar la central de gas de Stade Dow, en el estado de Niedersachsen, para instalarle, además, una capacidad de 920 MW de energía usando el carbón como combustible.

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Foto: EFE.

Es más severo el caso de Polonia (con cinco centrales en construcción o planificadas y más de 40 operativas —y sin intención de cerrar—), pero tampoco se han proclamado 'paladines' del medioambiente. Sin embargo, en el mensaje de año nuevo de 2019, la canciller alemana, Angela Merkel, explicaba que "el calentamiento de la Tierra es real y amenazante, y está provocado por la acción humana". No solo eso, sino que además dijo: "Hay que hacer todo lo humanamente posible para combatirlo. Soy consciente de que algunos temen que las medidas aprobadas sean excesivas y que para otros son insuficientes".

Cuando un paciente de infarto de miocardio llega a Urgencias y el médico lo envenena con cianuro, no es que las medidas para salvarle la vida hayan sido 'insuficientes', sino que buscan el objetivo completamente opuesto. Por extrema que sea esta comparación, es curiosamente similar. La lucha contra el cambio climático no pasa por el carbón, en ningún caso. Es más que doloroso cumplir nuestros compromisos mientras que nuestros vecinos y aliados dicen una cosa y hacen la opuesta.

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