Hace 70 años podías comprar 10 pisos con el Gordo de la Lotería de Navidad: así se ha devaluado hoy el premio
Hace décadas, ganar el Gordo de la Lotería de Navidad era sinónimo de riqueza y estabilidad. Hoy, con la inflación y el precio de la vivienda disparados, el sueño millonario apenas llega para una casa
Agraciados con el primer premio del Sorteo Extraordinario de Lotería de Navidad 2023. (Europa Press)
Soñar con el Gordo de la Lotería de Navidad sigue siendo una tradición que resiste al paso del tiempo, pero lo que ya no igual es el poder adquisitivo del premio. Aunque el sorteo reparte la misma ilusión que hace décadas, el dinero que se gana con un décimo afortunado tiene hoy mucho menos valor del que tuvo en sus primeros años. Lo que antes garantizaba una vida sin preocupaciones, ahora apenas alcanza para saldar una hipoteca o comprar una vivienda fuera del centro de las grandes ciudades.
Hace casi setenta años, el Gordo era sinónimo de riqueza. En 1957, con los tres millones de pesetas que otorgaba el primer premio, un ganador podía permitirse comprar hasta diez pisos y diez coches. Una fortuna que permitía vivir de las rentas y cambiar de vida por completo. En cambio, hoy el agraciado con el primer premio recibe 400.000 euros por décimo antes de impuestos, lo que se queda en unos 328.000 euros netos. Suficiente para un piso (y no en el centro) y un par de coches.
Durante las décadas siguientes, el valor del premio fue reduciéndose mientras la economía española cambiaba a pasos agigantados. En 1967, el Gordo alcanzó su mayor rentabilidad con 7,5 millones de pesetas, lo que equivaldría a 1,2 millones de euros actuales. Daba para comprar doce pisos en zonas exclusivas de Madrid y hasta 22 coches de lujo. Hoy, la diferencia es abismal.
De la fortuna de los 50 a la inflación actual
La depreciación del premio de la Lotería de Navidad ha sido constante desde mediados del siglo XX. En los años 80, con un Gordo de 25 millones de pesetas, los premiados aún podían hacerse con cuatro viviendas y tres coches. Pero con lallegada del euro, el panorama cambió radicalmente. El premio pasó a ser de 200.000 euros en 2002, una cifra que, con el paso del tiempo, se ha quedado corta ante el aumento delcoste de la vida.
Desde 2011, la cuantía del Gordo se mantiene congelada en 400.000 euros por décimo. En aquel momento, la cifra era más que suficiente para comprar dos pisos y tres coches, pero la inflación del 26% acumulada desde entonces y la subida del más del 30% en el precio de la vivienda han reducido su valor real. Hoy, los 320.000 euros netos tras impuestos equivalen a apenas 237.000 euros de 2011.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística confirman esa pérdida de poder adquisitivo. En ciudades como Madrid o Barcelona, los precios de la vivienda se han duplicado desde entonces. Un piso de 80 metros cuadrados, que costaba 154.000 euros en 2011, supera ya los 200.000 en promedio y más de 400.000 en las zonas más demandadas. El sueño de tener “un piso en la ciudad y otro en la playa” ha pasado a ser solo eso: un sueño.
“En 1920, con el gordo, podían comprarse 24 casas”
El economista Santiago Niño Becerra lleva años advirtiendo de cómo el valor real del Gordo se ha ido desvaneciendo con el tiempo. En una de sus declaraciones más recordadas lo resume con precisión: “En euros actuales, el premio gordo facultaba para comprarse dos casas en Madrid. Dos casas en Madrid, sí. Pero es que la cosa mejoró, porque en 1920, con el premio gordo de la lotería, podían comprarse 24 casas. 24, ¿eh? Cuidado, siempre en euros constantes, en valor actual, ¿eh?”.
Niño Becerra apunta que la pérdida de poder del premio comenzó a partir de los años 50 y 60: “Lo que sucedió, y la razón me la puedo imaginar, pero a ciencia abierta no la sé, a partir de 1950-60, los premios de la lotería, los premios gordos, básicamente empezaron a descender”. Según explica, esa reducción pudo deberse a una estrategia para aumentar los beneficiosde la venta de décimos.
Para el economista, el problema actual no es solo de la Lotería, sino del contexto económico en el que vivimos: “No te compras una casa ya. No, en algún sitio puede que sí. Pero el problema no es de la lotería, es de Madrid, de Bilbao, de Barcelona, de Sevilla, de tal, en fin”. Pese a ello, reconoce que la Lotería de Navidad mantiene un valor simbólico que va más allá del dinero: “Tiene algo que une. En el trabajo, en las empresas, se hacen números colectivos. Tiene alma”.
Los vendedores, los otros premiados del sorteo
Mientras los premios pierden poder adquisitivo, los loteros mantienen viva la tradición y son, de alguna manera, los otros grandes beneficiarios del sorteo. En España hay más de 4.000 administraciones que dependen en gran parte de la campaña navideña, una época que concentra hasta el 40% de sus ventas anuales.
Las comisiones que perciben los vendedores oscilan entre el 4% y el 6% del valor de los décimos vendidos, lo que les permite obtener unos ingresos importantes en los meses previos al sorteo. Sin embargo, también reclaman unaactualización de las cuantías de los premios. La Asociación Española de Administraciones de Lotería (Anapal) lleva años pidiendo al Gobierno que incremente el primer premio, congelado desde 2011, y que revise los márgenes que perciben los loteros.
El Gordo de la Lotería de Navidad sigue siendo un símbolo nacional, pero su valor económico se ha ido diluyendo con el paso de las décadas
En las últimas campañas, los vendedores insisten en que el Gordo “ya no es lo que era”. Denuncian que mientras los costes operativos aumentan y la inflación reduce su margen, el atractivo del premio principal sigue estancado. Aun así, cada 22 de diciembre las colas frente a las administraciones vuelven a repetirse, demostrando que la ilusión, a diferencia del dinero, no se devalúa.
Soñar con el Gordo de la Lotería de Navidad sigue siendo una tradición que resiste al paso del tiempo, pero lo que ya no igual es el poder adquisitivo del premio. Aunque el sorteo reparte la misma ilusión que hace décadas, el dinero que se gana con un décimo afortunado tiene hoy mucho menos valor del que tuvo en sus primeros años. Lo que antes garantizaba una vida sin preocupaciones, ahora apenas alcanza para saldar una hipoteca o comprar una vivienda fuera del centro de las grandes ciudades.