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George Orwell no se vende: Europa frena el intento de convertir al autor de '1984' en una marca
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George Orwell no se vende: Europa frena el intento de convertir al autor de '1984' en una marca

La última instancia de la EUIPO pone fin a una batalla de casi ocho años en la que el patrimonio de la viuda del escritor intentó blindar su nombre en contenidos culturales

Foto: Imagen de George Orwell.
Imagen de George Orwell.
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George Orwell, seudónimo de Eric Arthur Blair, murió en Londres en enero de 1950, aquejado de una tuberculosis que le arrebató la vida apenas cinco años después de publicar Rebelión en la granja, la fábula política que lo catapultó al reconocimiento internacional con una crítica feroz a los totalitarismos que emergieron tras la Segunda Guerra Mundial. Su obra, que incluye entre otras Homenaje a Cataluña y la distopía 1984, acabó trascendiendo el ámbito literario para instalarse en el lenguaje político y en la cultura popular.

En 2018, dos años antes de que expiraran en Europa los derechos de autor sobre el conjunto de su producción, la compañía que gestiona el patrimonio de Sonia Brownell Orwell, su viuda y administradora de su legado, dio un paso más en la protección de ese nombre. El estate solicitó ante la EUIPO el registro del signo denominativo "GEORGE ORWELL" como marca de la UE para una amplia gama de productos y servicios vinculados al mundo de la cultura, desde libros y publicaciones hasta contenidos audiovisuales, actividades educativas y eventos culturales.

Casi ocho años después, el último órgano de recurso de la EUIPO ha cerrado definitivamente esa vía. En una resolución fechada el 19 de diciembre de 2025, la Grand Board of Appeal, última instancia de la EUIPO, conocida en español como Gran Sala, ha denegado el registro solicitado por la compañía de la difunta esposa del escritor y, por extensión, por sus herederos.

El fallo pone punto final a años de recursos y devuelve el debate a lo esencial: cuándo el nombre de un autor deja de ser un activo comercial para convertirse en una referencia cultural que ya no pertenece a nadie en particular.

Un nombre famoso, pero demasiado evidente

El núcleo de la resolución no está en la fama de George Orwell —que nadie discute—, sino en la forma en que el público entiende su nombre cuando aparece ligado a libros, películas o actividades culturales. En ese contexto, la Gran Sala no ve una marca, sino una descripción.

Para el órgano de recurso, el signo "GEORGE ORWELL" será entendido por el consumidor "de forma inmediata e inequívoca como una referencia al conocido escritor británico", lo que lo hace idóneo para indicar "que los productos y servicios de que se trata se refieren al autor George Orwell, a sus escritos o a las ideas y temas que de ellos derivan como materia". En la práctica, el nombre sirve para explicar de qué trata el contenido, no para identificar quién lo comercializa.

Ese razonamiento encaja en el artículo 7.1.c del Reglamento de Marca de la UE, que impide registrar signos descriptivos. A partir de ahí, la Gran Sala añade que el nombre también carece de carácter distintivo conforme al artículo 7.1.b, al no ser percibido como un identificador empresarial.

Foto: goerge-orwell-w-h-auden-miquel-berga-historia

Como resume Pablo López Ronda, director de Marcas y Brand Intelligence de PONS IP, "la Gran Sala concluye que el signo designa el contenido o la temática de las obras y servicios —esto es, que tratan sobre Orwell, sus escritos o las ideas que de ellos derivan—, por lo que incurre en el motivo absoluto de denegación por carácter descriptivo del artículo 7.1.c)". Y añade el abogado que "el público no lo percibe como un indicador de origen empresarial, sino como una referencia cultural".

El público relevante y la lectura del nombre

La decisión se detiene también en cómo se construye la percepción del público relevante. La Gran Sala señala que, en determinados Estados miembros con una relación especialmente estrecha con la literatura británica, y cita literalmente a Malta e Irlanda, el nombre de George Orwell se asocia de manera inmediata con el autor y su obra.

Esa familiaridad refuerza la idea de que el signo funciona como una referencia al contenido de los productos culturales, y no como una marca en sentido estricto. Se trata de un razonamiento técnico, discutido en el plano doctrinal, pero decisivo para el desenlace del caso y aplicable al conjunto del mercado europeo al que se dirige la solicitud.

Foto: frida-kahlo-limites-legado-artista-europa

La negativa no es total. La Gran Sala confirma la denegación del registro de "GEORGE ORWELL" para las clases 9, 16 y 41, que agrupan libros, publicaciones, soportes audiovisuales, contenidos digitales y servicios educativos, culturales y de entretenimiento.

Sin embargo, tras la división del expediente, el nombre sí ha superado el examen para otras clases ajenas al contenido intelectual del autor. "Para el resto de los productos y servicios no relacionados, la marca puede ser registrada", subraya López Ronda. El matiz es clave: el problema no es el nombre en sí, sino el uso que se pretende hacer de él.

El espejo de otros autores célebres

El caso Orwell se inserta en una línea de decisiones previas sobre nombres de creadores convertidos en referencias culturales. La Gran Sala cita precedentes como Sibelius o Rembrandt, en los que también se rechazó el registro de marcas para productos culturales al entender que el nombre del artista describía el contenido de las obras.

Frente a ello, la EUIPO diferencia el asunto de El diario de Anna Frank, donde sí se admitió el registro. La clave, según la resolución, está en que Anne Frank es conocida esencialmente por una única obra autobiográfica, mientras que Orwell dejó un corpus amplio y diverso, profundamente integrado en la cultura, lo que multiplica los usos descriptivos de su nombre.

Con todo, la Oficina deja clara una idea central. La fama no es, por sí sola, un motivo de denegación. "La Gran Sala deja claro que la fama o la integración de un autor en el patrimonio cultural no constituyen una causa autónoma de rechazo", explica López Ronda, "pero sí condicionan de forma decisiva la percepción del signo y, con ello, el análisis de descriptividad y distintividad".

Marcas, dominio público y una frontera clara

"El derecho de marcas no puede utilizarse para restablecer, por la puerta de atrás, un monopolio de explotación sobre contenidos que ya han pasado al dominio público", resume el experto de PONS IP. "Cuando el nombre del autor funciona principalmente como descriptor del contenido de libros, películas o servicios culturales, debe permanecer disponible para todos".

Más allá del caso concreto, la decisión lanza un aviso claro a herederos, fundaciones y gestores de legados culturales. La Gran Sala apuesta por un análisis caso por caso, con el público en el centro, pero adopta una posición exigente cuando se trata de nombres que ya forman parte del imaginario colectivo.

"Es una decisión coherente en el método, pero rígida con los autores icónicos", apunta López Ronda. A su juicio, ignora que en algunos contextos la fama puede reforzar la función de marca. El fallo aún podría recurrirse ante el Tribunal General de la UE.

George Orwell, seudónimo de Eric Arthur Blair, murió en Londres en enero de 1950, aquejado de una tuberculosis que le arrebató la vida apenas cinco años después de publicar Rebelión en la granja, la fábula política que lo catapultó al reconocimiento internacional con una crítica feroz a los totalitarismos que emergieron tras la Segunda Guerra Mundial. Su obra, que incluye entre otras Homenaje a Cataluña y la distopía 1984, acabó trascendiendo el ámbito literario para instalarse en el lenguaje político y en la cultura popular.

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