Hogan se suma a la tendencia de crear gigantes globales y se fusiona con Cadwalader
El liderazgo de la nueva firma, bautizada como Hogan Lovells Cadwalader, recaerá en Miguel A. Zaldivar, actual consejero delegado de Hogan Lovells
Allen y Shearman, Herbert y Kramer, Ashurst y Perkins y, ahora, Hogan y Cadawalader. La gran consolidación del mercado legal internacional suma un nuevo actor de peso. Hogan Lovells ha decidido dar un paso más en la carrera por construir plataformas jurídicas verdaderamente globales y ha anunciado su fusión con Cadwalader, Wickersham & Taft, la histórica firma de Wall Street fundada en 1792.
La operación, todavía sujeta a la aprobación de los socios en 2026, dará lugar a uno de los mayores despachos del mundo por ingresos y número de abogados, y refuerza una tendencia que ya recorre las grandes firmas anglosajonas: crecer para competir en los mandatos más complejos y mejor pagados del mercado global.
La firma resultante —Hogan Lovells Cadwalader— se situará como la quinta mayor del mundo por facturación, con más de 3.600 millones de dólares en ingresos anuales y una plantilla que ronda los 3.100 abogados repartidos entre América, Europa, Oriente Medio y Asia-Pacífico. Más allá de las cifras, el movimiento tiene un fuerte componente estratégico: consolidar una plataforma transatlántica robusta, con especial peso en el eje Nueva York-Londres, el principal corredor financiero y jurídico del planeta.
En un mercado cada vez más dominado por operaciones financieras sofisticadas, capital privado, financiación estructurada y litigios complejos en entornos regulados, Hogan Lovells aporta su músculo global y su tradicional fortaleza en sectores regulados, mientras que Cadwalader suma una posición histórica de liderazgo en finanzas, derivados, titulización y productos estructurados. El encaje responde a una demanda clara de los grandes clientes institucionales, que buscan asesoramiento integral, multijurisdiccional y con profundidad técnica en operaciones transfronterizas cada vez más exigentes
La fusión también refleja un cambio de escala en la competencia entre despachos. Las grandes firmas ya no compiten solo por talento o prestigio local, sino por convertirse en infraestructuras legales capaces de acompañar a bancos, fondos y multinacionales en todas las fases de sus operaciones, desde la estructuración financiera hasta el litigio y la regulación. En este contexto, el tamaño importa, pero sobre todo importa la especialización y la capacidad de operar de forma coordinada en los principales centros de decisión económica.
El nuevo grupo tendrá cinco grandes anclajes geográficos: Washington D. C., Nueva York, Londres, Alemania y la plataforma del sur de Europa que integra Francia, Italia y España. En Estados Unidos, la firma se colocará entre las principales de Nueva York, con más de 370 abogados, mientras que en Londres entrará en el ‘top ten’ por tamaño, reforzando su papel como puente jurídico entre Europa y EEUU.
Para Hogan Lovells, la operación consolida su apuesta por crecer en áreas de alto valor añadido como finanzas complejas, private equity y regulación, tras movimientos previos como la integración de equipos especializados en inmobiliario en EEUU. Para Cadwalader, la fusión supone acceder a una red global plenamente desplegada, algo que históricamente ha sido una asignatura pendiente para firmas estadounidenses muy fuertes en Wall Street, pero con menor implantación internacional.
El liderazgo de la nueva firma recaerá en Miguel A. Zaldivar, actual consejero delegado de Hogan Lovells, mientras que los actuales co-managing partners de Cadwalader, Pat Quinn y Wes Misson, asumirán responsabilidades clave en la gestión global de clientes y en el área financiera. La arquitectura de gobierno busca evitar fricciones internas y garantizar que la integración no diluya el peso de las prácticas más rentables, uno de los riesgos habituales en este tipo de megafusiones.
Allen y Shearman, Herbert y Kramer, Ashurst y Perkins y, ahora, Hogan y Cadawalader. La gran consolidación del mercado legal internacional suma un nuevo actor de peso. Hogan Lovells ha decidido dar un paso más en la carrera por construir plataformas jurídicas verdaderamente globales y ha anunciado su fusión con Cadwalader, Wickersham & Taft, la histórica firma de Wall Street fundada en 1792.