La X de Musk se tambalea en Europa por la asociación de su marca con el porno
La EUIPO ha emitido tres resoluciones en las que considera que parte de los consumidores europeos pueden vincular la vigesimoquinta letra del abecedario asociada hoy a redes sociales, software y comunidades digitales, con contenido para adultos
Imagen de X y rostro de Elon Musk. (Reuters/Dado Ruvic)
Cuando Elon Musk compró Twitter en 2022, una de sus primeras decisiones fue rebautizar la red social como X, un movimiento de marca que buscaba encapsular su idea de superapp y romper con la identidad anterior y, según el fundador de Tesla, para alejarla del wokismo. Dos años después, el rebranding sigue arrastrando una coletilla casi obligatoria en los medios —"X, la red social antes conocida como Twitter"— y ahora suma un nuevo frente. Europa pone en duda que la letra pueda registrarse como marca en determinadas categorías.
Así consta en tres resoluciones de la Sala de Recurso de la EUIPO, fechadas el 14 de noviembre de 2025, a las que ha tenido acceso El Confidencial. En ellas, la Oficina cuestiona el registro de X en las clases 9, 41 y 45, vinculadas respectivamente al software, redes sociales y educación y entretenimiento. El motivo es que para parte del público europeo, X sigue siendo un símbolo asociado al contenido pornográfico.
La EUIPO lo expresa con claridad al señalar que "los consumidores pueden esperar servicios que incluyan contenido X-rated". La resolución también subraya que, en inglés, francés y español, la letra posee "una connotación inequívoca vinculada al material para adultos", lo que afecta a la percepción en estas categorías.
Para Patricia Gómez, asociada del área de marcas de Elzaburu, el análisis responde a un criterio clásico de distintividad. "La EUIPO entiende que parte de los consumidores puede interpretar X como una referencia al contenido para adultos, y eso impacta en las clases 9, 41 y 45". La abogada también recuerda que las marcas descriptivas no pueden registrarse, porque "aportan exclusivamente información sobre el tipo o características de los productos o servicios". En especial, este vínculo existiría para los consumidores de habla española, inglesa y francesa.
Euipo cuestiona el registro de X en las clases 9, 41 y 45, vinculadas a software, redes sociales, y educación y entretenimiento
El problema se agravó cuando X Corp. intentó resolver la objeción limitando su solicitud y excluyendo expresamente cualquier contenido sexual. La jugada tuvo un efecto nada deseado al convertir la marca en potencialmente engañosa. Las resoluciones lo aclaran asegurando que "el consumidor puede creer que los servicios incluyen contenido X-rated, pese a haber sido excluido expresamente".
Gómez también lo resume con claridad: "La percepción del consumidor medio es determinante a la hora de analizar la distintividad de una marca, sea cual sea el número de caracteres que la componen". El riesgo, en este caso, es que el público espere contenido para adultos cuando la propia solicitud lo prohíbe, y eso puede hacer que la marca resulte engañosa en esas clases.
Mientras tanto, la marca X sí ha logrado consolidarse en varios pilares de la actividad de la plataforma. En 2024, X Corp. obtuvo registros válidos en las clases 35 (publicidad, consultoría y análisis de datos), 36 (servicios financieros y transacciones), 38 (telecomunicaciones y foros online) y 42 (plataformas tecnológicas y desarrollo de software). Ninguna de estas categorías se ha visto afectada por las objeciones, y siguen plenamente vigentes.
Lejos de cerrar la puerta, las resoluciones de la EUIPO no deniegan la marca, sino que ordenan reanudar el examen para determinar si el signo puede considerarse finalmente engañoso. "Las envía nuevamente a fase de examen, y que X Corp. cuenta con derechos registrales en vigor sobre la marca figurativa, y X, pueden continuar haciendo un uso legítimo de sus registros en los mismos términos que hasta ahora", explica Gómez. La abogada recuerda que la decisión final dependerá de si la EUIPO considera que el consumidor europeo medio entendería que X ofrece, o debería ofrecer, contenido que la propia compañía excluye.
Cuando Elon Musk compró Twitter en 2022, una de sus primeras decisiones fue rebautizar la red social como X, un movimiento de marca que buscaba encapsular su idea de superapp y romper con la identidad anterior y, según el fundador de Tesla, para alejarla del wokismo. Dos años después, el rebranding sigue arrastrando una coletilla casi obligatoria en los medios —"X, la red social antes conocida como Twitter"— y ahora suma un nuevo frente. Europa pone en duda que la letra pueda registrarse como marca en determinadas categorías.