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Cipriano, Adolfina, Eulogio... ¿Quién elige los seudónimos que figuran en las sentencias?
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Se evitan nombres peyorativos

Cipriano, Adolfina, Eulogio... ¿Quién elige los seudónimos que figuran en las sentencias?

Un algoritmo de inteligencia artificial es el encargado de sustituir los nombres de los participantes en los juicios (demandante, demandado o testigos) por otros mucho más rimbombantes

Foto: Cola para entrar a los juzgados de plaza Castilla (Madrid) en enero de 2022. (EFE/Mariscal)
Cola para entrar a los juzgados de plaza Castilla (Madrid) en enero de 2022. (EFE/Mariscal)
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En octubre de 2020, el Tribunal Supremo confirmó las penas de hasta 51 años de prisión a todos los implicados en el caso Gürtel. En la sentencia, no obstante, los nombres de Luis Bárcenas, Rosalía Iglesias, Francisco Correa o Pablo Crespo, entre muchos otros, no aparecen por ninguna parte. En su lugar, un tal Celso es descrito como el extesorero del Partido Popular que se lucró junto a su mujer, Camila Celsa, con una caja B del partido. El cerebro de la trama, como así recoge el fallo, es el empresario Elías Anselmo, mientras que el número dos y exsecretario de Organización del PP aparece bautizado como Emilio Casimiro.

Al contrario de lo que pueda parecer, el autor de estos seudónimos no es ningún admirador de Gabriel García Márquez intentando hacer de la sentencia de la Gürtel una suerte de 'Cien años de soledad' jurídico —aunque, por la extensión del fallo y el número de implicados en la trama, no es algo tan disparatado—. El responsable es el algoritmo de inteligencia artificial del Centro de Documentación Judicial (Cendoj, el órgano técnico del Consejo General del Poder Judicial encargado de la publicación oficial de la jurisprudencia), cuya misión es proteger la identidad de todos los que intervienen en cualquier proceso judicial.

Este sistema, que se instauró hace ya más de una década, analiza las decenas de sentencias que se dictan diariamente en España y elimina cualquier dato personal que aparezca en ellas antes de su publicación. Desde direcciones hasta DNI, matrículas, números de teléfono o cualquier otra información que pueda contribuir a identificar a cualquiera de las personas que pasan por delante de un juez, ya sean demandantes, demandados o testigos.

Foto: El antiguo matadero de Fuente Obejuna. (Google Maps)

La única excepción son los nombres y apellidos. En vez de eliminarlos, el algoritmo los remplaza por un seudónimo que saca de una base de datos bastante extensa: el Instituto Nacional de Estadística (INE). "En otros países, sustituyen los nombres por números o letras. Persona 1 o persona D, por ejemplo. Pero si en una causa hay muchos involucrados, acaba siendo un lío. Por eso nosotros preferimos usar seudónimos, para que sea más comprensible", describe Iñaki Vicuña, director del Cendoj.

El funcionamiento de la herramienta es sencillo. Primero, identifica todas las referencias que hace la sentencia sobre una misma persona. Por ejemplo, si el demandante se llama Francisco Aguirre, se tienen en cuenta alusiones como Francisco, Sr. Aguirre o, incluso, Paco. Después, elige un nombre de entre los más de 20.000 que aparecen registrados en el INE, incluidos los compuestos.

Foto: Club atletico osasuna-valencia cf. EFE/Jesús Diges

Los únicos que no tiene en cuenta el algoritmo, matiza Vicuña, son los apelativos andróginos —es decir, que no se pueda definir bien si corresponden a un hombre o a una mujer—, los que sean muy similares a comunidades autónomas, los "excesivamente extraños" (por ejemplo, Danaerys) y los que tengan una carga peyorativa en cualquiera de los países de habla hispana. Así, por ejemplo, el nombre de Concha quedaría fuera al tener un doble sentido en Argentina.

Guillerma antes que Cristina

Ahora bien, la selección no es totalmente aleatoria. "Hay dos variables que juegan un papel importante: la edad media y la frecuencia", enumera Vicuña. Así, tienen preferencia los nombres menos repetidos o los que suelen designarse a personas de mayor edad. Es por ello que, al leer una sentencia anonimizada, es más frecuente encontrarse a un Nicanor, un Teodosio o una Crescencia que a una Carmen, una Lucía o un Pablo. El objetivo es simple: evitar, en la medida de lo posible, las coincidencias. "Si utilizáramos nombres comunes, es más fácil que nos equivocáramos y el seudónimo concordara con el nombre real de esa persona o de alguno de los involucrados", razona el director.

Foto: Estos son los nombres más comunes en España (iStock)

La estrategia, no obstante, no es infalible. Hace apenas unos meses, en noviembre de 2021, el CGPJ recibió una queja de un chófer de autobús de una empresa gallega. Recientemente, habían despedido disciplinariamente a un compañero suyo tras ser grabado por cámaras de vigilancia mientras tenía "contacto físico" con una pasajera dentro del autocar durante un descanso. También fue 'cazado' fumando y orinando desde las escaleras del bus hacia la calle.

Al publicar la sentencia, el Cendoj cambió el nombre real del demandante por Plácido, que era como se llamaba el compañero. Este error llevó a que muchos trabajadores de la compañía y allegados lo identificaran como el autor de los hechos. Para solucionarlo, el organismo simplemente modificó el seudónimo de Plácido por otro menos común: Maximiliano, como así puede leerse actualmente en el fallo.

Anonimizar sentencias a mano

La idea de implantar un sistema tecnológico para llevar un registro de la jurisprudencia se remonta a principios de los dos mil. Antes, el Cendoj no conocía el mundo de internet y el material con el que trabajaba era, fundamentalmente, papel. "Aquello era una vorágine: sentencias, archivos, documentos... Todo se almacenaba físicamente", recuerda Vicuña.

Foto: Juzgado de cláusulas suelo n.º 9 bis de Granada tras un derrumbe en el techo el pasado agosto.

Con el cambio de siglo, el organismo se decidió a dar el salto a lo digital y creó una base de datos —"para dar un poco de orden", matiza Vicuña—. Fue entonces cuando se empezó a eliminar información personal de las sentencias. La ley ya obligaba a ello, "pero muchos países no lo hacían por el gran esfuerzo económico que conllevaba quitar los datos de cada una de las sentencias", relata el director. Y no es para menos. En un primer momento, esa labor se realizaba a mano, pero a medida que la tecnología avanzó, fueron implantando técnicas más sofisticadas hasta llegar al algoritmo que usan en la actualidad.

Ahora bien, a pesar de los avances, el sistema no siempre funciona a la perfección. En muchos casos es necesaria una revisión humana para asegurarse de que un fallo no contiene datos personales. "Como todo algoritmo de inteligencia artificial, este sistema ha ido desarrollándose con los años y aprendiendo. Pero en los casos de cierta complejidad, el sistema da un aviso y esa tarea se hace manualmente", relata. Esto suele hacerse en litigios donde coinciden los nombres y apellidos de varios involucrados o en aquellos que tienen mucha relevancia mediática.

En octubre de 2020, el Tribunal Supremo confirmó las penas de hasta 51 años de prisión a todos los implicados en el caso Gürtel. En la sentencia, no obstante, los nombres de Luis Bárcenas, Rosalía Iglesias, Francisco Correa o Pablo Crespo, entre muchos otros, no aparecen por ninguna parte. En su lugar, un tal Celso es descrito como el extesorero del Partido Popular que se lucró junto a su mujer, Camila Celsa, con una caja B del partido. El cerebro de la trama, como así recoge el fallo, es el empresario Elías Anselmo, mientras que el número dos y exsecretario de Organización del PP aparece bautizado como Emilio Casimiro.

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