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Jorge Badía, el mejor abogado y gestor en tiempos convulsos
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Jorge Badía, el mejor abogado y gestor en tiempos convulsos

La muerte del consejero delegado de Cuatrecasas, uno de los grandes bufetes de España, es particularmente desoladora porque se ha producido imprevistamente a sus 59 años

Foto: Jorge Badía, consejero delegado de Cuatrecasas. (Isabel Blanco)
Jorge Badía, consejero delegado de Cuatrecasas. (Isabel Blanco)

La muerte de Jorge Badía, consejero delegado de Cuatrecasas, uno de los grandes bufetes de España, es particularmente desoladora porque se ha producido imprevistamente a sus 59 años. Jorge, un gran amigo, ha sido el paradigma de la profesionalidad en la abogacía española. Primero de la mano de Rafael Fontana, presidente del despacho, y luego con la colaboración del consejo de administración y de los socios, Badía estaba afrontando con éxito indudable la expansión de la firma en España y en diversos países.

Jorge Badía era una referencia de profesional cívico. Amaba Barcelona y se estableció también en Madrid, y su síntesis personal y profesional ha sido la del despacho, hoy por hoy una firma que toma el nombre de su fundador, Emilio Cuatrecasas, y que es un sinónimo de competencia y eficacia en el sector profesional de servicios legales. Jorge Badía era un gestor, desde luego, pero también un gran litigador, un hombre con una serenidad extraordinaria en la exposición que mantenía sus argumentos con sosiego y persistencia. Era un letrado temible para los adversarios, a los que trataba siempre con una cortesía aristocrática.

"Era una referencia de profesional cívico. Un hombre con una serenidad extraordinaria que mantenía sus argumentos con sosiego"

Por razones profesionales —durante mi dedicación a la consultoría de comunicación— tuve la ocasión de conocerle, tratarle y establecer un vínculo de amistad simultáneo al que mantengo con Rafael Fontana, el presidente de la firma que detectó de inmediato en Jorge Badía todas las cualidades de liderazgo, integridad y competencia para sucederle y para engrandecer un bufete señero en España y con proyección internacional.

Jorge Badía incorporó en los últimos años a profesionales de gran talento, estableció nuevas especialidades en la firma, diversificó los perfiles profesionales de los socios y supo entender y sintetizar las idiosincrasias personales y colectivas de los letrados de Cuatrecasas incorporándolos a un proyecto de éxito.

"Su pérdida es literalmente irreparable para la abogacía española y resulta especialmente lacerante al producirse imprevistamente"

Por eso, su pérdida es literalmente irreparable para la abogacía española y resulta especialmente lacerante al producirse imprevistamente y a una edad temprana. Badía siempre fue un hombre amante de la moderación en todas las facetas de su vida y, aunque quizás en este momento esta afirmación mía pueda ser indescifrable, no es excesivo sostener que ayudó, siempre en tándem con Rafael Fontana, a establecer un vínculo conciliador y fructífero entre Madrid y Barcelona. Fue el hombre tranquilo en la tormenta. En los peores momentos de años pasados, no levantó la voz, no se alteró, argumentó y dio ejemplo de bonhomía.

Estuve con él el 26 de junio en la estación de Atocha. Él viajaba a Barcelona y yo a Sevilla. Nos conjuramos para almorzar con Rafa Fontana en el despacho de la calle Almagro en septiembre. No podrá ser. Descanse en paz.

La muerte de Jorge Badía, consejero delegado de Cuatrecasas, uno de los grandes bufetes de España, es particularmente desoladora porque se ha producido imprevistamente a sus 59 años. Jorge, un gran amigo, ha sido el paradigma de la profesionalidad en la abogacía española. Primero de la mano de Rafael Fontana, presidente del despacho, y luego con la colaboración del consejo de administración y de los socios, Badía estaba afrontando con éxito indudable la expansión de la firma en España y en diversos países.

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