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Nubarrones a la vista: la inflación y la guerra salarial amenazan la euforia de los bufetes
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Nubarrones a la vista: la inflación y la guerra salarial amenazan la euforia de los bufetes

La rentabilidad del sector legal se sitúa en mínimos desde 2009. La demanda y las tarifas siguen fuertes, pero no crecen lo suficiente para compensar el aumento desbocado de los gastos

Foto: Foto: Getty/Hollie Adams.
Foto: Getty/Hollie Adams.
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Tras la euforia de un 2021 de récord en el sector legal, el cierre del primer trimestre de 2022 ha hecho aparecer importantes nubarrones en el horizonte de los grandes bufetes. Después de un año y medio de frenética actividad, la fiesta puede estar tocando a su fin —o, al menos, moderándose significativamente—. El primer aviso lo dieron los resultados de M&A, materia en la que muchas firmas admiten ya sentir una relevante ralentización fruto de la inflación y la inestabilidad creada por la guerra de Ucrania. El segundo toque de atención lo trae el Índice Financiero de los Despachos de Abogados (LFFI, por sus siglas en inglés), métrica elaborada trimestralmente por Thomson Reuters y que mide la rentabilidad de los bufetes.

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Así, el LFFI del primer trimestre se desploma hasta los 46 puntos, encadenando tres periodos de caídas consecutivas, después de haber marcado su máximo histórico en junio de 2021 al rozar los 85 puntos. Los autores del índice subrayan lo "dramático" de la velocidad del descenso, que se explica, principalmente, por dos factores. En primer lugar, por los buenos datos que registraba el sector hace un año, lo que convierte en una tarea "casi hercúlea" mejorar los indicadores. Y, en segundo término y sobre todo, por el aumento desbocado de los gastos, impulsados por la inflación y la batalla por la captación y retención del talento, elementos que se imponen a la "solidez" de la demanda y evolución de las tarifas, que crecen un 2,7% y un 5%, respectivamente. Por sectores, destaca el impulso del Real Estate (+7,9%) y la contracción del M&A (-5,7%).

Un LFFI de 46 puntos supone su nivel más bajo desde el tercer trimestre de 2009, justo después de desatarse la crisis financiera, cuando rondó los 40. Este indicador se elabora a través de las respuestas ofrecidas por las principales firmas presentes en Estados Unidos y otros grandes mercados internacionales, que exponen su situación en relación con los indicadores clave que determinan la rentabilidad, entre ellos, las tarifas, la demanda, la productividad y los gastos.

Tiran del LFFI hacia abajo la productividad, que cae un 1,1%, y, especialmente, los gastos. Los directos se elevan al 13,1% y los indirectos un 9,9%. Los primeros, según señala el informe, son fruto de la "competencia creciente" en materia de talento, lo que ha obligado a aprobar nuevas escalas retributivas en los grandes despachos y a abonar unos bonus "inusualmente elevados". Los autores del documento prevén que esta situación de escasez en la oferta de profesionales se prolongue aún durante varios trimestres más.

En los gastos indirectos, destaca el incremento de los relativos a reclutamiento (+121,3%) y los destinados al 'marketing' y desarrollo de negocio (+75%). Tras ellos, también se incrementan, pero de forma más moderada, el coste de las oficinas y los gastos vinculados a la utilización de las mismas, el salario y los complementos de los profesionales de soporte y la inversión en tecnología.

Las barbas, a remojar

A pesar de que el LFFI es un índice que se elabora con datos del sector legal norteamericano, lo cierto es que refleja una serie de tendencias que, o bien son globales, o bien apenas tardarán unos meses en llegar a Europa. Por tanto, y según los expertos consultados por El Confidencial, la prudencia obliga a poner las propias barbas en remojo y extremar la precaución en los próximos meses. A comienzos de febrero, en una entrevista concedida a este diario, el socio codirector de Bird & Bird, Isidro del Moral, ya alertaba de la difícil cuadratura del círculo que estaba provocando la inflación: "Hay que conciliar los salarios que demanda el mercado, una presión inflacionaria excepcional, unas tarifas asumibles por los clientes y la rentabilidad. No podemos forzar tanto la máquina que este negocio deje de ser rentable". Unas palabras pronunciadas dos semanas antes de que Vladímir Putin iniciara la invasión de Ucrania, con lo cual el escenario actual es aún más endiablado.

Foto: ¿Qué debemos estudiar para diseñar la estrategia de nuestra empresa? (iStock)

"No diría que hay preocupación, pero sí mucha incertidumbre; estamos muy atentos a cómo evoluciona la situación", expone el socio director de un gran bufete internacional, que subraya que, en su organización, se analiza con meticulosidad cómo abordar la fijación de los 'rates'. "Otros años es una cuestión en la que no nos detenemos especialmente, pero en este lo estamos mirando con lupa", detalla, porque ni siquiera para las firmas de gama más alta es sencillo trasladar la subida de precios a sus honorarios. Un encarecimiento puede suponer la pérdida de clientes o, en algunas especialidades, convertirse en retrasos o problemas para cobrar.

Desde otro gran despacho describen así la pinza que conforman la guerra por el talento y la inflación. "Algunos clientes nos dicen: 'La batalla salarial en la que estáis metidos los bufetes está muy bien, pero espero que no pretendas que sea yo quien os pague la fiesta'. El modelo está sometido a tensión, eso es indudable", relatan. El principal indicador por el que se miden las grandes firmas es la rentabilidad, y esta, ahora mismo, se ve amenazada por varios frentes de forma simultánea.

Pérez de la Manga: "Hay una suerte de tormenta perfecta; faltan profesionales, el cliente aprieta y los socios amenazan con irse"

Miguel Ángel Pérez de la Manga, de la consultora BlackSwan, explica que los despachos compiten en tres mercados. "El de capital, en el que se sitúan los socios; el de profesionales, en el que ubicamos a los abogados y a los socios cuando ejercen, y el de clientes. Son tres platillos que hay que mantener girando a la vez para que todo vaya bien". En la situación actual, continúa Pérez de la Manga, han aparecido factores externos que están rompiendo el equilibrio en el sector. "Es una suerte de tormenta perfecta en la que escasean los profesionales, los clientes aprietan porque empiezan a pasarlo mal y, a la vez, los socios amenazan con marcharse si flaquea la rentabilidad". Y al problema de la inflación puede añadirse, en las próximas semanas, la subida de tipos y el cierre del grifo de la liquidez. Más plomo en las alas.

En opinión de De la Manga, la mejor forma de afrontar el actual escenario de inestabilidad e incertidumbre es contar con una estrategia clara y enfocar las herramientas con las que cuenta el despacho —escalas salariales, carrera profesional, política de gastos, etc.— al servicio de la misma. "Lo importante es la definición de la estrategia. En las firmas de servicios profesionales subyace un permanente conflicto entre los intereses individuales y el interés colectivo; si está claro el rumbo y existe consenso en torno al mismo, será más sencilla la renuncia de los fines personales en favor de los del conjunto", expone.

Foto: Pixabay.

En todo caso, subraya el consultor, lo que resulta indiscutible es que el último elemento que debe sacrificar un despacho de abogados es la captación y retención de talento. "Sin profesionales cualificados, ni hay clientes ni hay abogados que saquen adelante el trabajo que traen los socios. Es lo primero a proteger", advierte. Un criterio que comparte otro socio director. "Necesitamos a los mejores y, si quieres atraerlos, tienes que pagar como los mejores". Nadie quiere perder comba en el mercado de profesionales tampoco en España. Prueba de ello es que, aunque las alzas salariales no han alcanzado las espectaculares cifras de Nueva York y Londres, también han sido generalizadas en las firmas de la abogacía de los negocios presentes en nuestro país.

Elevar la productividad

Los departamentos financieros de los grandes despachos monitorizan con detenimiento la evolución de la situación, aunque, como explican desde uno de ellos, son conscientes del escaso margen que tienen para abordar la actual situación desde una perspectiva del gasto. Muchos de ellos ya efectuaron importantes ajustes de gasto corriente durante la pandemia, lo cual estrecha el margen de actuación. Por otro lado, el escenario actual hace impensable un recorte en materia de salarios (que representan entre el 60% y el 70% del presupuesto de los bufetes) y muy improbable en sus oficinas (la segunda mayor partida de gasto de las firmas). Además, han vuelto los eventos y los viajes, factores que no existieron en los dos ejercicios anteriores o se vieron reducidos a la mínima expresión.

Foto: Edificio Castelar, una de las dos sedes del bufete Pérez-Llorca. (Creative Commons)

La solución, explican desde varios despachos, pasa por incrementar la eficiencia y la productividad de los abogados. "Hay dos palancas: el más importante, es elevar el precio medio al que cobras la hora de tus profesionales, pero también puedes aumentar la cargabilidad; es decir, las horas facturables", explica el socio de un bufete. Un mínimo incremento en cualquiera de los dos factores, continúa, tiene un gran impacto en los resultados de la firma. "Si subimos tres o cuatro euros el precio medio al que nuestros abogados facturan sus horas, como somos muchos profesionales y hacemos muchísimas horas, al final se traduce en una mejora muy grande", concluye.

"En todo caso", remata el socio de otro bufete internacional, "no hay más alternativa que repercutirle el aumento de costes al cliente, que es lo que haremos a la larga todos los grandes despachos". Según describe, cuando la subida de las tarifas es generalizada en todas las firmas de gama alta, las empresas que trabajan con ellas asumen que no tienen alternativa, "porque no pueden irse a un segmento de bufetes menos sofisticado". En la zona media del sector, la demanda es más flexible, pero en el entorno del 'top 25', quizás el que más tarde en subir sus 'fees' gane algo de cuota de mercado, pero, a medio plazo, zanja este profesional, se impondrá la necesidad de elevar su rentabilidad.

Tras la euforia de un 2021 de récord en el sector legal, el cierre del primer trimestre de 2022 ha hecho aparecer importantes nubarrones en el horizonte de los grandes bufetes. Después de un año y medio de frenética actividad, la fiesta puede estar tocando a su fin —o, al menos, moderándose significativamente—. El primer aviso lo dieron los resultados de M&A, materia en la que muchas firmas admiten ya sentir una relevante ralentización fruto de la inflación y la inestabilidad creada por la guerra de Ucrania. El segundo toque de atención lo trae el Índice Financiero de los Despachos de Abogados (LFFI, por sus siglas en inglés), métrica elaborada trimestralmente por Thomson Reuters y que mide la rentabilidad de los bufetes.

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