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El veto de Trump a la inversión en vivienda alcanza a fondos y 'family offices' españoles
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MERCADO RESIDENCIAL

El veto de Trump a la inversión en vivienda alcanza a fondos y 'family offices' españoles

Azora es la locomotora de un grupo de firmas españolas que había apostado por invertir en vivienda al otro lado del Atlántico. Ahora, siguen con atención el alcance del anuncio

Foto: Complejo residencial adquirido por Azora en Estados Unidos.
Complejo residencial adquirido por Azora en Estados Unidos.
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La noticia ha sido un auténtico jarro de agua fría para el sector inmobiliario español. El anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump, de que va a prohibir la compra de hogares unifamiliares a los grandes inversores ha roto la cintura del discurso que intenta asemejar las políticas intervencionistas en materia de vivienda con partidos de izquierdas.

El líder más a la derecha de las democracias occidentales y, para más inri, empresario del mundo de la construcción y la promoción, ha decidido que la solución al problema de acceso a la vivienda pasa por echar del mercado a los fondos, bancos y corporaciones que adquieren las casas para invertir, y no para vivir.

Por el momento, sus declaraciones se limitan a un mensaje en una red social, pero la bomba ha sido lanzada y los afectados han empezado a sentir las consecuencias. El pasado miércoles, Blackstone se dejó más de un 5% en bolsa, y eso que el gigante de la inversión ha asegurado que apenas tiene un 0,5% del mercado de unifamiliares, que sería al que se dirigiría la iniciativa.

Aunque este terremoto se haya producido al otro lado del Atlántico, sus réplicas amenazan con llegar hasta España de dos formas: por una parte, colándose en el discurso político, tan polarizado entre izquierdas y derechas, y por otra, en los intereses empresariales de inversores españoles que habían apostado por entrar en el mercado residencial estadounidense.

Foto: caida-venta-vivienda-estados-unidos

En los últimos años, han sido varias las gestoras y fortunas patrias que han cruzado el Atlántico atraídas por el mercado residencial estadounidense y, especialmente, por la oportunidad del Sun Belt (Cinturón del Sol en inglés). Con este nombre se conoce a los estados del sur y suroeste del país, un amplio corredor que parte de Virginia, las Carolinas, Georgia y Florida, y llega hasta California, pasando por Texas, Nuevo México o Arizona.

Esta región ha despertado el apetito de la inversión institucional por tres razones: una creciente migración interna de ciudadanos que huyen de los altos impuestos de los estados del norte, la falta de oferta de vivienda unifamiliar para satisfacer la creciente demanda y una normativa más favorable para los caseros en un mercado a priori tan seguro jurídicamente como es el estadounidense.

placeholder El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (Reuters/Leah Millis)
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (Reuters/Leah Millis)

Azora es la firma española que ha apostado con más fuerza por el mercado de casas unifamiliares de Sun Belt. La gestora aterrizó en Estados Unidos hace cuatro años, aliada con Exan Capital, otra empresa de origen español, y dio un salto de dimensión en octubre de 2024, cuando se unió con la inmobiliaria estadounidense Advenir para construir 10.000 unifamiliares de alquiler, y adquirir otras 5.000 unidades multifamiliares en todo el país.

La oportunidad que ofrece el mercado residencial estadounidense también ha sido defendida por firmas de inversión como GBS Finance , Variant o Baghdadi Capital, firmas dedicadas a la gestión de patrimonios que, en los últimos años, han apostado por la oportunidad que ofrece el sector residencial al otro lado del Atlántico y han diseñado operaciones para patrimonios familiares españoles.

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Mención aparte merece Pontegadea. El brazo inversor de Amancio Ortega, el fundador de Inditex, eligió EEUU para entrar en el mercado residencial. Fue en el verano de 2022 cuando adquirió un rascacielos de 64 plantas con 483 apartamentos de lujo ubicado en el Distrito Financiero de Manhattan (Nueva York).

En diciembre de ese mismo año compró la torre Kiara, en Seattle, con otros 461 apartamentos de lujo, y en agosto de 2023 dio el salto a Chicago con el icónico 727 West Madison, que cuenta con 45 plantas y 492 viviendas. El salto al Sun Belt llegó el año pasado con la adquisición del rascacielos Veneto Las Olas, en Fort Lauderdale (Miami).

Aunque el gigante gallego siempre se ha centrado en el segmento multifamiliar, hacia el que Trump no se ha referido por el momento, solamente la bomba lanzada por el presidente americano es suficiente para desactivar cualquier potencial interés que pudiera tener en adentrarse también en el mercado de los unifamiliares.

Mercado de unifamiliares

En EEUU, a diferencia de España, dos tercios del mercado son hogares individuales, frente al otro 35% que vive en comunidades como los edificios residenciales que riegan las grandes capitales de la Península Ibérica.

Se estima que los inversores institucionales a los que ahora se quiere prohibir invertir apenas poseen un 4% de todas las viviendas unifamiliares, una mínima porción del mercado. Sin embargo, Trump los considera responsables de los problemas de acceso a la vivienda.

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Como ocurre en nuestro país, al otro lado del Atlántico cada vez hay más problemas para acceder a un hogar y la edad media de compra de la primera casa ha marcado ya el máximo histórico de 40 años, según informó la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios a finales del año pasado.

"Estoy tomando medidas inmediatas para prohibir que los grandes inversores institucionales compren más viviendas unifamiliares, y pediré al Congreso que lo codifique. La gente vive en casas, no las corporaciones", ha sido la advertencia de Trump, que ha prometido dar más detalles la próxima semana, coincidiendo con su intervención en el foro de Davos.

En los mentideros de Wall Street se hacen apuestas con hasta dónde está dispuesto a llegar el mandatario, pero de lo que nadie duda es de que, si ha lanzado la bomba, es porque va a haber explosiones. En principio, se confía en que la prohibición se limite a los megafondos como Blackstone o Cerbertus, pero deje fuera a inversores profesionales más pequeños, y se ciña a viviendas ya construidas.

En el sector confía en que el veto se limite a megafondos como Blackstone o Cerbertus y a viviendas ya construidas

De confirmarse esta tesis, el grueso de la armada española podría respirar relativamente tranquila, ya que sus operaciones distan mucho de las dimensiones de los gigantes de la inversión contra los que se dirige Trump. Una calma tensa, en cualquier caso, ya que como se ha visto en España, estas medidas suelen marcar un cambio de paradigma.

En el caso de Azora, el punto de inflexión va a estar en si el veto es solo para invertir en vivienda ya construida, como se espera, o alcanza también a la obra nueva, que es donde ella está focalizada. Pontegadea, al tener intereses únicamente en multifamily, debería quedar fuera de la ofensiva del líder republicano.

placeholder En EEUU, dos tercios de la población vive en unifamiliares.  REUTERS Mike Blake File Photo
En EEUU, dos tercios de la población vive en unifamiliares. REUTERS Mike Blake File Photo

La crisis de acceso a la vivienda que sufre Estados Unidos guarda algunas similitudes con la española. Allí, como ocurre aquí, dejó de promoverse vivienda tras el estallido de la crisis subprime, lo que ha cercenado a la industria y ha hecho que haya más demanda de casas, por el crecimiento de la población, que oferta.

Solo en el Estado de Florida, el tercero más poblado del país, se estima que faltan 700.000 hogares. Para construir todas estas casas, el país necesita la participación del sector privado, de ahí que en el sector se confíe en que Trump dejará fuera del veto a los fondos a la promoción de nuevos unifamiliares y ciña su amenaza a los ya existentes.

La noticia ha sido un auténtico jarro de agua fría para el sector inmobiliario español. El anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump, de que va a prohibir la compra de hogares unifamiliares a los grandes inversores ha roto la cintura del discurso que intenta asemejar las políticas intervencionistas en materia de vivienda con partidos de izquierdas.

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