¿Miedo a perderse la fiesta? El papel del FOMO en la escalada del precio de las casas
Se trata de un síndrome muy vinculado al auge de las redes sociales y a la era digital que podría estar impulsando, en cierta medida, el boom de la vivienda en España
Fear of Missing Out (FOMO) o miedo a perderse algo. Se trata de un síndrome (fenómeno o, simplemente, un término psicológico) muy vinculado al auge de las redes sociales y a la era digital que podría estar impulsando, en cierta medida, la fuerte subida de precios de la vivienda en España. El boom de plataformas online que dan voz a influencers, youtubers y gurús que dan consejos sobre lo sencillo que resulta invertir en el ladrillo y hacerse de oro está alimentando la ansiedad de muchos ciudadanos (muchos de ellos inversores) que les provoca pensar que se están quedando fuera de un negocio en el que todos ganan.
Según estudios científicos recientes, el FOMO afecta a la asunción de riesgos en las inversiones financieras y se caracteriza por generar ansiedad y aprensión ante la posibilidad de perderse experiencias gratificantes mientras otros, aparentemente, disfrutan de ellas.
Una ansiedad que provoca un efecto contagio de la particular euforia que se vive en el mercado y que recuerda, inevitablemente, a la euforia vivida en los años previos al estallido de la burbuja inmobiliaria cuando todos, particulares, promotores y bancos, querían participar en la fiesta. Hoy en día, a diferencia de entonces, hay menos invitados a la fiesta, ya que la lista se limita, por un lado, a quienes observan que los precios no dejan de subir y quieren comprar para disfrutar del maná del alquiler y, por otro, a quienes se ven obligados a acudir por obligación a una fiesta debido a los elevados precios de los alquileres.
Los compradores se precipitan a la hora de cerrar o apalabrar la compra de una casa ante el miedo a perderla, lo cual acaba inflando precios
Y son, precisamente, los primeros, estos potenciales compradores con miedo a quedarse fuera quienes, con su comportamiento compulsivo, estarían afectando significativamente a la valoración de las propiedades al aumentar los precios, ya que son compradores que se apresuran a comprar por el miedo a que se las quiten, lo que, a menudo, les lleva a pagar de más y a, potencialmente, perder mejores ofertas en el futuro.
Es decir, según la literatura científica, el FOMO tiende a inflar artificialmente los precios. Los compradores se precipitan a la hora de cerrar o apalabrar la compra de propiedades ante el miedo a perderlas y, en muchas ocasiones, entran en guerras de precios o de ofertas que elevan aún más los ya de por sí elevados precios, situándolos en muchos casos por encima del valor real de mercado. El residencial español lo ha vivido muy claramente en el residencial de lujo de segunda mano.
Por lo pronto, en España, comienza a hablarse de nuevo de precios inflados de la vivienda. Recientemente, el Banco de España alertaba de que las tensiones entre oferta y demanda han llevado a la vivienda a cotas de cierta sobrevaloración que estima entre el 1,1% y el 8,5% a nivel nacional, mientras que CaixaBank Research recogía en su último informe inmobiliario de principios de septiembre que observa "ciertas señales de sobrevaloración en el mercado" —con Baleares y Madrid a la cabeza—. También el Banco Central Europeo (BCE) estimó que los precios del mercado residencial español estaban inflados en torno al 10% a finales de 2024.
Es decir, este fenómeno puede crear un aumento temporal en las valoraciones de las viviendas, lo que dificulta que los compradores 'reales', es decir, los que realmente quieren o necesitan comprar, tomen decisiones racionales o, directamente, queden expulsados del mercado por los elevados precios. No obstante, las compras impulsadas por este miedo a quedarse fuera también pueden provocar el efecto contrario cuando la euforia se enfría, lo cual no tiene por qué producir bajadas abruptas de precios, pero sí que se enfríen las expectativas de los vendedores y que los precios corrijan hasta valores de mercado.
Ventas en tiempo récord
Algunos datos ponen de manifiesto esta euforia desmedida de algunos compradores. Por ejemplo, según datos recientes de idealista, el 13% de las viviendas que se vendieron a través del portal durante el segundo trimestre de 2025 no llevaba ni una semana en el mercado, mientras que otro 25% tardó en venderse entre una semana y un mes. Es decir, algunas propiedades vuelan. Y la euforia no tiene por qué darse en los mercados más calientes ya que el mayor porcentaje de ventas en menos de una semana se dio en la ciudad de Granada, donde el 32% encontró comprador en menos de 7 días. Le siguen Huesca (27%), Soria (25%), Ceuta (23%), Castellón de la Plana (22%) y Pamplona (22%).
"Cuantos más compran, más crece la percepción colectiva de que uno también debe hacerlo"
“Cuando el alquiler está tan tensionado que apenas hay opciones viables, muchas personas sienten que deben lanzarse a comprar antes de que sea demasiado tarde y se genera una rueda donde, cuanta más gente compra, más crece la percepción colectiva de que uno también debe hacerlo”, asegura Ricard Garriga, CEO y cofundador de Trioteca. Según este experto, este fenómeno "está moldeando un nuevo perfil de comprador más emocional, más impulsivo y cada vez más consciente de que esperar podría ser un lujo que no se puede permitir".
Los datos de compraventas e hipotecas reflejan, de alguna manera, la euforia que vive el mercado. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las operaciones de compraventa de viviendas alcanzaron en mayo las 61.054 transacciones, el mejor dato para ese mes desde 2007. Además, de enero a junio se han vendido 357.533 viviendas, de tal manera que, de mantenerse el ritmo de las transacciones, este año podrían volver a batirse las 700.000 ventas, lo que significaría volver a niveles del boom. Otro dato: en los últimos 12 meses hasta junio, se registraron 700.000 compraventas.
Por su parte, la firma de hipotecas está en máximos de los últimos 14 años. Solo en el primer semestre de 2025 se firmaron un total de 243.257 préstamos para comprar una vivienda, un 25% más que en el mismo periodo del año pasado y la cifra más alta desde 2011.
Un crecimiento que, según Garriga, "no puede explicarse únicamente por factores económicos o demográficos. Hay un componente psicológico que está condicionando las decisiones de muchos compradores: el FOMO, que está entrando con fuerza en el mercado".
Compras impulsivas y precipitadas
El miedo a quedarse fuera, como advierten los expertos, lleva a menudo a tomar decisiones precipitadas. Impulsados por la ansiedad, los compradores potenciales pueden pasar por alto aspectos esenciales de una transacción como, por ejemplo, realizar compras apresuradas sin negociar con la propiedad, ya que el miedo a perder una vivienda a manos de otro comprador en ocasiones supera el deseo de negociar un mejor precio. También puede provocar que no se realice un análisis exhaustivo de la vivienda comprobando, por ejemplo, la superficie o si tiene algún tipo de cargas económicas, sin olvidar que se pueden ignorar factores esenciales a la hora de tener en cuenta una transacción como el valor a largo plazo de la propiedad, así como la idoneidad y la prudencia financiera de la compra.
Y es que, mientras la teoría financiera clásica parte de la base de que las decisiones son racionales, la economía conductual demuestra que las emociones como el FOMO pueden sesgar el juicio. Y este temor puede llevar a las personas a centrarse más en las ganancias potenciales que podrían perder que en los riesgos reales que asumen, lo que resulta en una subestimación del peligro inherente a sus inversiones.
Los propios promotores y agentes inmobiliarios alimentan en parte este miedo a quedarse fuera al insistir en la enorme escasez de producto que hay en el mercado e, incluso, a la hora de ofrecer ofertas exclusivas por un período corto de tiempo, lo que crea en el potencial comprador una urgencia que le puede empujar a tomar decisiones más rápidas y, en muchas ocasiones, precipitadas. Además, en un mercado de vendedores, es decir, en el que la demanda supera ampliamente a la oferta, y con esa ansiedad en máximos, muchos vendedores aprovechan que tienen la sartén por el mango para fijar precios por encima del mercado confiados en que los compradores estarán dispuestos a pagar casi cualquier precio por apaciguar su ansiedad.
“No se construye suficiente vivienda, y eso alimenta aún más la urgencia. La gente teme que, si no compra ya, después no podrá acceder a una vivienda en propiedad”, advierte el CEO de Trioteca. Según el estudio 'The Role of FOMO (Fear of Missing Out) in Making Financial Decisions' de Kaishav Jajoo y Pankaj Kumar Baag, el término FOMO ha cobrado fuerza en la era digital. La exposición constante a historias en redes sociales ha venido alimentando este fenómeno, especialmente en el ámbito financiero, donde este miedo o ansiedad puede manifestarse de múltiples formas.
Por ejemplo, puede llevar a las personas a realizar compras compulsivas para igualar el estilo de vida de su entorno, a invertir en activos populares por miedo a quedarse fuera de las ganancias, o a contraer deudas para costear experiencias que consideran que mejorarán su estatus social. Comportamientos, todos ellos, que se han observado en mercados como el de las criptomonedas, el inmobiliario y la bolsa. Como señala este estudio, existe un comportamiento gregario o de "rebaño" en los mercados financieros que lleva a muchos inversores a basar sus decisiones en lo que hacen los demás, en lugar de realizar su propio análisis, sobre todo cuando la información es escasa.
El mercado residencial de lujo de segunda mano es un claro ejemplo, donde se ha producido un auténtico boom de empresas dedicadas al house flipping (comprar, renovar y vender propiedades rápidamente). "Hay mucho perfil financiero, tecnológico y de otros sectores que han desembarcado en este negocio atraídos más por las rentabilidades que por el producto. Muchos de estos nuevos partícipes no vienen del inmobiliario, sino del excel", destacaba recientemente Gonzalo Robles, CEO de Uxban, con más de una década a sus espaldas en este negocio.
Una especie de "rebaño digital", como lo definen los autores, que ha surgido gracias a plataformas como Twitter o a foros como r/WallStreetBets de Reddit, que facilitan la difusión viral de ideas de inversión. Un caso ilustrativo fue el boom de Bitcoin en 2017, cuando la intensa cobertura mediática y las publicaciones en redes sobre personas que se enriquecieron rápidamente desataron una oleada de compras motivada, precisamente, por el miedo a quedarse al margen. Cuando el mercado colapsó en 2018, aquellos que habían entrado en el punto más alto movidos por el FOMO sufrieron pérdidas enormes.
Cuando el mercado colapsó en 2018, aquellos que habían entrado en el punto más alto movidos por el FOMO sufrieron pérdidas enormes
Además, la cultura del consumo contemporánea agrava esta tendencia al vincular la felicidad y el éxito con la posesión de bienes materiales, lo que promueve el gasto impulsivo. Un ejemplo claro es el Black Friday, donde el miedo a perderse ofertas conduce a la gente a adquirir productos que no necesita. En el sector inmobiliario, este efecto es menos global debido a la alta inversión requerida para comprar una vivienda, lo que limita el acceso a la compra de una vivienda a buena parte de la población.
Este estudio advierte que este tipo de comportamiento gregario, impulsado por el FOMO, puede generar condiciones de mercado insostenibles que culminen en caídas bruscas y pérdidas significativas para quienes se unieron tarde a la fiesta, sin olvidar que este comportamiento de "rebaño", exacerbado por el FOMO, es un factor que contribuye a la formación de burbujas especulativas. Es decir, los precios de los activos no aumentan por su valor intrínseco, sino por la creencia colectiva de que seguirán subiendo, creándose un ciclo que se retroalimenta de tal manera que cuantas más personas compran por miedo a perder la oportunidad, más se inflan los precios, hasta que, finalmente, la burbuja estalla, provocando grandes pérdidas para los últimos en llegar.
"La dimensión de burbuja de FOMO sí que creo que está un poco ahí; un ‘si no compro ya’, en seis meses va a estar más alto. Puede haber un poco de aceleración por las expectativas. No es una burbuja pura en el sentido de que solo se sostiene por las expectativas; sí que hay escasez y unos fundamentales, pero, al mismo tiempo, hay una aceleración sobre esos fundamentales por las expectativas, sin duda alguna", explicaba ayer en una entrevista con El Confidencial Jorge Galindo (1985, Valencia), doctor en Sociología por la Universidad de Ginebra y director adjunto del Centro de Políticas Económicas de Esade (EsadeEcPol) y autor de 'Tres millones de viviendas' (Debate, 2025).
De hecho, en el sector inmobiliario actual, promotores, bancos y muchos otros expertos descartan la existencia de una burbuja, atribuyendo el auge del mercado a la escasez de oferta. No obstante, aunque la construcción de obra nueva no avanza a gran ritmo, el número de viviendas vendidas ya es casi tan alto como en los años previos a la crisis inmobiliaria. El mercado de segunda mano es el que está capitalizando esta situación, cubriendo la demanda que la obra nueva no satisface, especialmente de inversores que buscan no quedarse fuera de las atractivas rentabilidades que se promocionan en redes sociales.
Fear of Missing Out (FOMO) o miedo a perderse algo. Se trata de un síndrome (fenómeno o, simplemente, un término psicológico) muy vinculado al auge de las redes sociales y a la era digital que podría estar impulsando, en cierta medida, la fuerte subida de precios de la vivienda en España. El boom de plataformas online que dan voz a influencers, youtubers y gurús que dan consejos sobre lo sencillo que resulta invertir en el ladrillo y hacerse de oro está alimentando la ansiedad de muchos ciudadanos (muchos de ellos inversores) que les provoca pensar que se están quedando fuera de un negocio en el que todos ganan.