ING desembarca en la Plaza de Colón: se queda la antigua sede de Banco Madrid
El banco ha firmado un contrato de alquiler a largo plazo con Inbest GPF para ocupar el edificio, que está siendo rehabilitado en su totalidad. La nueva oficina abrirá en 2026
El banco holandés ING desembarca en la madrileña Plaza de Colón y, además, lo hace por la puerta grande: en la esquina donde estuvo la sede del desaparecido Banco Madrid, todo un icono de la banca privada patria. Así lo acaba de anunciar la actual dueña del edificio, la socimi Inbest GPF, que adquirió el edificio hace cuatro años a Banca Privada de Andorra (BPA) por 35 millones de euros.
Desde entonces, el edificio está siendo sometido a una reforma integral, que ha llevado a su práctica demolición. El nuevo inmueble abrirá sus puertas dentro de un año, en el verano de 2026, reconvertido en una oficina de ING, banco que quiere convertir este enclave en su gran escaparate de la capital. Su movimiento es comparable al que dio Caixabank hace seis años, cuando se hizo con el vecino edificio Axis.
Ubicado al otro lado de la plaza, la antigua sede de Barclays fue transformada en su totalidad en una suerte de cubo de cristal, obra del arquitecto Norman Foster, cuya ocupación se garantizó el banco catalán en 2019, cuando firmó un contrato de alquiler a largo plazo antes de terminar la obra de transformación del edificio. Desde entonces, son millones los turistas que se encuentran con la estrella azul cuando visitan el arranque del Paseo de la Castellana.
La futura oficina de ING atendrá a todo el abanico de clientes de la entidad: particulares, banca corporativa y de inversión, y clientes de los nuevos segmentos de pymes y banca privada, líneas que la entidad está empezando a desarrollar en España. Una apuesta donde este nuevo espacio está llamado a jugar un importante papel en forma de golpe de imagen. De hecho, el banco ha reservado una planta del nuevo edificio para estas actividades.
En total, el edificio de Colón 2 cuenta con más de 1.800 metros repartidos en tres plantas y una terraza. Esta oficina será la más grande de ING en España y, como todo nuevo gran inmueble que se precie, se está construyendo bajo los más estrictos criterios de innovación y sostenibilidad, requisitos que exigen las grandes multinacionales para reducir su huella de carbono.
Con este acuerdo, ING se une a una tendencia del sector financiero patrio de convertir sus oficinas en auténticas flagships o tiendas insignia, donde la imagen del cajero tradicional está dejando espacio a una visión de la oficina como un escaparate: una tienda que, visualmente, te llama a entrar dentro y, una vez en el interior, la distribución del espacio, la decoración y el ambiente son llaves para hacer negocio.
En este razonamiento, la ubicación es clave, lo que explica la presencia de Caixabank e ING en uno de los puntos más importantes de España. Hasta la Comisión Europea puso sus ojos en este enclave hace dos años, cuando estuvo mirando abrir una oficina en nuestro país, dedicada a difundir el papel y la historia de la institución comunitaria, para acercarla a todos los ciudadanos.
Aquellos contactos se enmarcaron dentro de un plan de Bruselas para abrir este tipo de oficinas en varios países europeos, una estrategia donde la clave del éxito estaba en elegir bien la ubicación, y pocas estampas son tan reconocidas de nuestro país como este enclave dedicado al descubridor de América. Sin embargo, los lentos tiempos de la burocracia comunitaria terminaron haciendo derrapar la operación.
En esta operación, Inbest GPF ha estado asesorada por CBRE y Addleshaw Goddard. La socimi cuenta con 500 millones de capacidad de inversión y siete activos en cartera, entre los que destacan Velázquez, 21 y María de Molina 50, donde se está promoviendo viviendas de lujo Madrid, dos antiguos edificios de El Corte Inglés en Sevilla y Córdoba, ahora ocupado por Zara; y un proyecto en Finca Cortesín, entre Sotogrande y Marbella, para crear la primera clínica medicalizada de Lanserhof en España.
Historia del edificio
Cuando la andorrana familia Cierco adquirió Banco Madrid, también se hizo con este edificio, pero en una operación separada, lo que hizo que este activo estuviera en el balance de BPA cuando se instó el concurso de la filial española. Aunque había un plan para aportarlo a Banco Madrid, los entonces dueños habían decidido esperar a terminar el plan de remodelación del edificio que habían pactado con el Ayuntamiento de Madrid.
El terreno donde se levanta el edificio es un espacio de propiedad privada, pero de uso público, cuya titularidad compartía Banco Madrid con la cadena hotelera Meliá. BPA utilizó su titularidad sobre esta área para negociar con el consistorio una ampliación de su inmueble, a cambio de recuperar la titularidad pública y de albergar en los bajos del nuevo edificio que se iba a construir un museo de arte contemporáneo con obras de Tàpies, Miró, Picasso, Jaume Plensa, Albert Ràfols o Sorolla.
El plan estaba tan avanzado que, cuando se intervino Banco Madrid, el edificio se encontraba ya en obras. En total, la entidad preveía invertir cerca de 12 millones de euros en la metamorfosis de su sede, ya que pensaba levantar un nuevo inmueble, con un proyecto vanguardista llamado a convertirse en un reclamo para todo el que visite Madrid. La misma idea que ahora tiene ING.
El banco holandés ING desembarca en la madrileña Plaza de Colón y, además, lo hace por la puerta grande: en la esquina donde estuvo la sede del desaparecido Banco Madrid, todo un icono de la banca privada patria. Así lo acaba de anunciar la actual dueña del edificio, la socimi Inbest GPF, que adquirió el edificio hace cuatro años a Banca Privada de Andorra (BPA) por 35 millones de euros.