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El jesuita al que Francisco confió la economía vaticana explica la salud financiera de la Iglesia
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PADRE JUAN ANTONIO GUERRERO SJ

El jesuita al que Francisco confió la economía vaticana explica la salud financiera de la Iglesia

Juan Antonio Guerrero SJ, Prefecto Emérito de la Secretaría para la Economía de la Santa Sede, aboga por avanzar en las reformas de Francisco y completar las que han quedado a mitad, como las pensiones

Foto: Juan Antonio Guerrero. (Compañía de Jesús)
Juan Antonio Guerrero. (Compañía de Jesús)
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Arranca una semana crítica para la Iglesia católica. Este miércoles, 7 de mayo, los 133 cardenales electores se encerrarán en la Capilla Sixtina para elegir al nuevo sucesor de Pedro. Cuando el humo blanco anuncie el habemus papam, se iniciará un pontificado que, entre otros muchos retos, tendrá el de completar las reformas económicas que inició Francisco, quien no dudó en mover algunos cimientos del Vaticano para erradicar la corrupción, apostar por la transparencia y adaptar la milenaria institución a los nuevos estándares internacionales.

Una de las personas en las que Bergoglio se apoyó fue el jesuita extremeño Juan Antonio Guerrero Alves, prefecto emérito de la Secretaría para la Economía de la Santa Sede. A esta suerte de Ministerio de Finanzas del Vaticano llegó pocos meses antes de que estallara la pandemia del covid y en plena eclosión del "caso Becciu", uno de los grandes escándalos de corrupción que han sacudido al Vaticano. Desde el primer momento, se volcó en establecer sistemas de control, transparencia y en organizar la compleja estructura vaticana. Una economía que ha conseguido superar importantes desafíos, pero que sigue necesitando avanzar en las reformas para garantizar su sostenibilidad.

PREGUNTA. Pocas instituciones han despertado tantas teorías como las finanzas vaticanas. Realmente, ¿cómo se organiza la economía de la Iglesia?

RESPUESTA. La organización es compleja. Voy a responder cómo se organiza el Vaticano, pues también están las diócesis por el mundo. En el Vaticano, mucha gente no lo sabe, hay tres entidades que administran activos económicos y financieros: la Santa Sede, el Estado Ciudad del Vaticano y el Instituto para Obras de Religión (IOR), que suelen llamar banco Vaticano, pero no es un banco.

P. ¿Cuál de los tres es más importante?

R. La Santa Sede es el ente principal, el que tiene más necesidades económicas y el que pasa más dificultades por la estructura que necesita para realizar su misión: tiene unos 3.000 empleados. La Santa Sede la forman los dicasterios, equivalentes a ministerios que ayudan al Papa, es el gobierno central de la Iglesia y lo que se suele llamar la curia. Cuando se habla de los déficits del Vaticano se refieren a la economía de la Santa Sede, cuyos ingresos vienen fundamentalmente de cinco fuentes: El patrimonio inmobiliario y mobiliario, gestionado por la APSA (Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica); las ayudas de las diócesis del mundo; el Óbolo de San Pedro, que es la colecta que se hace en todas las Iglesias del mundo alrededor del día de San Pedro; donaciones de particulares o fundaciones; y las contribuciones del Governatorato, que es el órgano de gobierno de la Ciudad del Vaticano, y del IOR, que pasan una cantidad de sus beneficios a la Santa Sede. Ambos han disminuido su aportación en los últimos años.

placeholder El Papa Francisco junto a Juan Antonio Guerrera. (Compañía de Jesús)
El Papa Francisco junto a Juan Antonio Guerrera. (Compañía de Jesús)

P. ¿Cómo se financia, entonces, el Estado Vaticano?

R: El Estado Ciudad del Vaticano es como la municipalidad. Tiene algo menos de 2.000 empleados y es lo que está dentro de los muros del Vaticano y de Castell Gandolfo. Suele presentar beneficios contables. Entre sus gastos está la justicia vaticana, la gendarmería y el mantenimiento de los edificios de la Ciudad del Vaticano, porque APSA cuida de los que están fuera de los muros. Sus ingresos principales vienen de las monedas, de las tiendas y gasolineras que hay en el interior, y de los museos vaticanos.

P. ¿Y el IOR?

R. El IOR es una institución financiera que gestiona cuentas de personas o instituciones de la Iglesia. Pio XII lo sacó del Vaticano y le dio cierta independencia para poder ayudar a los refugiados de la Segunda Guerra mundial. Suele tener algunos beneficios, que han disminuido en los últimos años, y su contribución al presupuesto de la Santa Sede en los años recientes es poco significativa. En su web están sus balances, es una pequeña institución. Sus fondos propios, de la Santa Sede, rondan los 700 millones de euros, gestiona algo más de 5.000 millones y tiene unos 115 empleados. Algunos querrían convertirla en banco y otros se preguntan por la necesidad o el sentido de una institución financiera de este tipo en el Vaticano.

"En el Vaticano hay tres entidades que administran activos económicos: la Santa Sede, el Estado Ciudad del Vaticano y el IOR"

P. En medio de este debate, ¿hacia qué lado dirigió el Papa Francisco las reformas económicas durante su papado?

R. En las congregaciones previas al Cónclave que eligió a Francisco, los cardenales hablaron bastante de la necesidad de una economía más limpia en el Vaticano. Desde el comienzo, el nuevo papa trabajó por una economía transparente, sin corrupción, y adaptada a los estándares internacionales. Nada más acceder a la silla de Pedro, en 2013, Francisco convocó una comisión de técnicos de prestigio internacional que recomendaron la estructura de control que se puso en marcha en 2014: Consejo para la Economía (CPE), Secretaría para la Economía (SPE) y Oficina del Revisor General. Aunque el ámbito de control de estos organismos al comienzo se pensó más amplio, quedaron prácticamente ceñidos a la Santa Sede y se han consolidado después en la nueva Constitución de la curia de 2022.

P. En esta materia, el papado de Francisco estuvo marcado desde el principio por el 'caso Becciu', un escándalo inmobiliario ligado a la compra de un edificio en Londres y al desvío de fondos. ¿Qué mecanismos de control se han aplicado para combatir estas prácticas?

R. De los mecanismos de control del Governatorato como del IOR conozco poco. Yo no me ocupaba de ello. En tiempos de Benedicto XVI la Santa Sede suscribió un acuerdo internacional para evitar el lavado de dinero y la financiación del terrorismo que supuso un importante paso adelante para el IOR, que pasaba a tener un instrumento de control externo para las materias mencionadas. Fue un importante cambio a mejor. Francisco introdujo algunos cambios estatutarios, y otros, de hecho, que han protegido a la institución y le han hecho ganar autonomía. Ahora es más independiente de la curia y de la Secretaría de Estado. El Governatorato también se independizó un poco más de la Santa Sede en los años de Francisco. Tiene nueva Constitución, pero, honestamente, no sé calibrar los cambios producidos en materia de controles. Los principales cambios en cuanto a instancias de control y vigilancia económica se han producido en la Santa Sede y han sido consolidados en la nueva Constitución de la curia.

P. ¿Cuál es la salud financiera del Governatorato, la Santa Sede y el IOR?

R. El Governatorato creo que tiene buena salud, fue aumentando su dotación, con sucesivos años de buenos beneficios. Padeció bastante cuando en la pandemia se cerraron los museos, estuvo dos años en pérdidas, pero puedo imaginar que se haya recuperado y tenga un buen superávit, probablemente mayor que el déficit de la Santa Sede. IOR busca atraer inversiones de instituciones católicas, pero no parece que acabe de despegar. Tiene algún beneficio cada año. La Santa Sede es la que tiene déficit operativo, alrededor de 50-80 millones de euros al año. Esto, obviamente, la despatrimonializa. Ya ha consumido el patrimonio del Óbolo, pero hay un buen patrimonio para apoyar temporalmente en tiempos de crisis. Es obvio que hay que revertir la situación. También es cierto que si los beneficios de Governatorato y de IOR fueran a la Santa Sede, no tendría déficit.

"La Santa Sede tiene déficit operativo, unos 50-80M al año, pero si los beneficios de IOR y del Governatorato fueran a ella, no tendría déficit"

P. ¿Por qué no se integra?

R. Las cuentas de la Santa Sede son muy complejas. Su balance, propiamente, no es consolidado, sino agregado. Se ponen juntas instituciones que están separadas por muros. Tomamos la opción de tener visión de todo, no sólo de los dicasterios, pues cuando hay problemas en algunas de las instituciones que incluimos en el balance, los riesgos atacan el patrimonio de la Santa Sede. Por ejemplo, Bambino Gesù y San Giovanni Rotondo son dos hospitales propiedad de la Santa Sede, que juntos tienen un presupuesto casi el doble que la curia. Cuando llegué no teníamos acceso a sus cuentas. De sus riesgos responde la Santa Sede si ellos no pudieran, pero, si tienen beneficio, no podemos transferir sus fondos al presupuesto de la Santa Sede. O, incluso, algunos dicasterios reciben donaciones, pero al ser finalistas no pueden pasar a otros que tienen déficits. El fondo de pensiones, cuyo déficit también afecta a la Santa Sede, que tendría que responder con su patrimonio, no consolida en el balance económico, pero sí en el patrimonial, para reconocer así sus obligaciones futuras. La Santa Sede es un organismo de servicios a la Iglesia Universal, todo son costes que no generan ingresos, pensemos la doctrina de la fe, el dicasterio del clero, de los obispos... Sus ingresos son las donaciones dichas y el rendimiento del patrimonio gestionado por APSA, que viene de los Pactos Lateranenses con Italia de 1929. El papa Francisco no quería beneficios, quería sostenibilidad, y el presupuesto de la Santa Sede busca hacer sostenible su misión. Pero, respondiendo a su pregunta, el que Governatorato e IOR colaboren más con la Santa Sede es juna decisión política que Francisco, por alguna razón que ignoro, no tomó. Incluso permitió que disminuyeran sus aportaciones.

P. ¿Podría detallarnos en qué han consistido esa nueva estructura de control que implantó Bergoglio?

R. El CPE vino a sustituir a la antigua comisión de 15 cardenales que inició San Juan Pablo II. Lo forman ocho cardenales u obispos, que representan la universalidad de la Iglesia; y siete laicos (6 laicas y un laico), elegidos de entre expertos de diversas nacionalidades. Este Consejo se ocupa de supervisar las estructuras y actividades administrativas y financieras de las instituciones curiales y vinculadas a la Santa Sede. Aconseja al Papa en las grandes líneas, aprueba los presupuestos, y señala los límites de los actos de administración extraordinaria que después tendrá que controlar la Secretaría. La SPE es el principal órgano de control económico de la Santa Sede, ejerce la función de secretaría papal en materia económica y financiera, encargándose de vigilar a las instituciones vinculadas a la Santa Sede. Además, la nueva Constitución le atribuyó la gestión de los recursos humanos. Por último, la oficina del Revisor General es una especie de auditor general, que tiene como función la auditoría del balance consolidado de la Santa Sede. Parte de los escándalos que padeció la Santa Sede estuvieron cubiertos por el secreto y el estilo de gestión secretista. Por ello, para evitar que se repitieran errores anteriores, el papa creó la Comisión de Materias Reservadas. Con ello se cortaba la posibilidad de que una sola persona pudiera declarar secreta una actividad económica, financiera o jurídica.

"El Papa creó la Comisión de Materias Reservadas para evitar que una sola persona pudiera declarar secreta una actividad económica"

P. ¿Qué reformas han quedado pendientes en esa defensa de la transparencia y la lucha contra la corrupción?

R. Se ha iniciado un proceso, habría que consolidarlo y evitar pasos atrás. Se han cambiado algunas leyes y la organización, se han tomado medidas, pero cambiar la cultura requiere más tiempo, constancia, paciencia y tenacidad. Uno de los grandes cambios que acometió el Papa, al parecer ya señalados por las congregaciones previas al Cónclave que lo eligió, fue quitar protagonismo económico a la Secretaría de Estado para dar orden a la economía Vaticana. Decía Francisco que “en una buena organización solo hay un ministerio de economía y no varios”. La Secretaría de Estado, además de administrar el patrimonio del Óbolo de San Pedro, unos 500 millones, recibía las donaciones anuales del Óbolo, de las diócesis, del Governatorato y del IOR; gestionaba estos fondos sin la supervisión de los organismos económicos de la Santa Sede y pasaba una suma a APSA cada mes. En el ejercicio 2021, la Secretaría de Estado perdió sus atribuciones económicas, pasó a tener un presupuesto como los demás dicasterios y los fondos pasaron a ser gestionados con el patrimonio de la Sede Apostólica. Como es fácil de imaginar, este cambio no se ha realizado sin tensiones internas y aún se debe consolidar definitivamente. Podría ser un riesgo que ahora se quisiera volver a la situación anterior.

P. ¿Cuáles son los principales obstáculos a los que podría enfrentarse el próximo Papa y hacia dónde podrían ir los siguientes pasos?

R. En mi opinión, hay otros tres puntos que se han iniciado, pero no consolidados del todo, y que sería conveniente que continuaran: La reforma laboral; la consolidación definitiva del ordenamiento y disciplina de las inversiones financieras de las entidades de la Santa Sede, a través de un comité de inversiones independiente; y la reforma del fondo de pensiones, porque la Santa Sede no está exenta de los problemas de sostenibilidad financiera a largo de plazo de su sistema de prestaciones sociales, al igual que la mayoría de sistemas públicos. Por lo que he sabido, la muerte del Papa ha interrumpido el proceso del fondo de pensiones que estaba a falta de su firma. Habrá que esperar al siguiente para tomar las medidas previstas.

Francisco quitó protagonismo a la Secretaría de Estado y dejó pendiente de la última firma la reforma del sistema de pensiones

P. ¿Su contabilidad o reglas fiscales son comparables a las de cualquier otra institución financiera o la Iglesia tiene una vara de medir distinta?

R. Hay unos principios contables de la Santa Sede elaborados por la SPE que son también usados en el Governatorato. Las reglas contables son equiparables a las aceptadas internacionalmente, en realidad, son una aplicación adaptada de ellas. Con Francisco comenzó la publicación de balances y gestión del Óbolo, se amplió el ámbito del presupuesto para que todo fuera más visible, antes todo era secreto. Hoy se informa no sólo de los ingresos y gastos de la Curia, sino también de todas las entidades afiliadas y otras que dependen de la Santa Sede. Antes el presupuesto total rondaba los 300 millones, ahora supera los 1.000 millones. La Santa Sede también ha hecho grandes progresos en la trazabilidad y en el registro contable, que todos los movimientos económicos y financieros se registren. Queda camino por recorrer, pero ha avanzado mucho.

P. El Papa defendió una Iglesia pobre para los pobres. ¿Cómo se enmarca esa vocación dentro de toda esta estructura y en los cambios que introdujo?

R. Ciertamente, la visión económica del papa tiene un profundo sentido de la justicia. Para él, la economía es sierva y no señora, y la persona debe estar en el centro. En esto ha sido coherente. En las instituciones vaticanas siempre estuvo muy atento a la situación de los trabajadores, y en el covid, sin ingresos, las restricciones fueron mínimas. Todos siguieron cobrando su sueldo. Redujo el sueldo de los cardenales y de los superiores en un 10%, el de los religiosos en un 3% y se congelaron por dos años los sueldos de todos, que no vieron aumentar el habitual bienio. La situación de los trabajadores vaticanos la querrían para sí los italianos. La proporción de sueldos en el escalafón vaticano del más bajo, nivel 1, al más alto, jefe de dicasterio, es de 1 a 4 ó 4,5. Una de las medidas que toman las empresas, que el Papa no permitía en el Vaticano, era reducción de personal. Ser para los pobres también era ser una Iglesia creíble y limpia.

"Una medida que toman las empresas, y el Papa no permitía, era reducir personal. Ser para los pobres también era ser una Iglesia creíble"

P. ¿Cuáles diría que son las reformas más importantes que debería abordar el próximo Papa para ser una Iglesia creíble y limpia?

R. Algunas notas que ayudaron a recuperar credibilidad y que convendría que continuaran y se consolidaran son la transparencia, que en economía nos protege más que el secreto; la trazabilidad, defender que todo debe dejar un rastro, porque así se sabe quién es responable de qué; la sobriedad, no podemos aparecer como personas con un alto nivel de vida, hay una estética del Evangelio, no se trata de pauperismo, sino de evitar extravagancias y comunicar sencillez en el comportamiento, en las instalaciones, o en los útiles personales o domésticos; la justicia, que pasa por evitar arbitrariedades y pagar salarios justos. Es verdad que no se viene a trabajar a las instituciones de la Iglesia o a las fundaciones sin ánimo de lucro para enriquecerse, pero es necesario un sueldo digno para mantenerse a uno mismo y a su familia. El siguiente es la generosidad, alejarse de la avaricia y adquirir el hábito de dar. Hay más alegría en dar que en recibir. Recuerdo que en los momentos más difíciles e inciertos de covid, con las iglesias cerradas y los ingresos disminuyendo, la Santa Sede recortó mucho en gastos administrativos, pero también intentó acudir en ayuda de las iglesias y de las situaciones más necesitadas. Por último, destacaría la profesionalidad, porque en el campo económico hoy no tenemos credibilidad si no contamos con buenos profesionales y con métodos comúnmente aceptados; y la honestidad de los administradores. Aprendimos algunas cosas de nuestros errores.

Arranca una semana crítica para la Iglesia católica. Este miércoles, 7 de mayo, los 133 cardenales electores se encerrarán en la Capilla Sixtina para elegir al nuevo sucesor de Pedro. Cuando el humo blanco anuncie el habemus papam, se iniciará un pontificado que, entre otros muchos retos, tendrá el de completar las reformas económicas que inició Francisco, quien no dudó en mover algunos cimientos del Vaticano para erradicar la corrupción, apostar por la transparencia y adaptar la milenaria institución a los nuevos estándares internacionales.

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