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Por qué los trasteros son un negocio tan atractivo: todo lo que hay detrás de su 'boom' en España
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LA SOCIOLOGÍA DEL 'SELF-STORAGE'

Por qué los trasteros son un negocio tan atractivo: todo lo que hay detrás de su 'boom' en España

Fueron un refugio para emprendedores durante la crisis y hoy son la consecuencia perfecta de los cambios sociales, demográficos y de hábitos que se están produciendo en nuestro país

Foto: ¿Dónde metemos las cosas de mamá? (iStock)
¿Dónde metemos las cosas de mamá? (iStock)
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Si usted reside en un barrio de una gran ciudad, es muy probable que cada noche encuentre en su buzón un puñado de esas publicidades que ofrecen soluciones de almacenamiento a precio asequible. También es posible que la frutería de la esquina ahora se destine al llamado self-storage. El metro y los autobuses que circulan por su calle están empapelados de anuncios que ofrecen “más espacio para ti y para los tuyos” o recuerdan, de forma más aspiracional, que “tus nuevas metas necesitan espacio”.

Algunas empresas como Bluespace, el principal operador en nuestro país, lo vinculan al problema de la vivienda. “Misión: vivir en pocos metros cuadrados”, reza uno de sus anuncios. “Tu casa no es un almacén”, sugiere OhMyBox! A pesar de ello, es uno de esos negocios donde los pequeños operadores han liderado el gran boom de trasteros en España que se ha producido durante las dos últimas décadas. En apenas unos años la capacidad total en nuestro país ha aumentado alrededor de un 50%, lo que nos convierte en el cuarto mercado europeo tras Reino Unido, Francia y Alemania.

Pero pocos sectores reflejan tan bien los cambios sociológicos, demográficos y urbanísticos de la sociedad española que este. Una tormenta perfecta que pasa, entre otras cosas, por que cada vez necesitamos más espacio para que particulares y empresas acumulen sus posesiones en los mal llamados trasteros, como recuerda Jesús Fernández, presidente de la AESS (Asociación Española de Self-Storage), por confusión con esos pequeños cuartitos de los que ya disponían las viviendas españolas.

¿Carabanchel? Es uno de nuestros puntos más calientes”, explica a El Confidencial. El lugar perfecto para que los trasteros empiecen a brotar como setas son esos barrios obreros de gran ciudad donde se acumula la inmigración, la vivienda es más pequeña y la densidad urbana, muy elevada. Primer factor: “Somos uno de los países que más han crecido en los últimos años, somos grandes receptores de inmigración y hemos pasado de 30 millones de habitantes a 50 desde principios de los noventa”, explica. “No hemos sido capaces de adaptar la construcción de vivienda a este crecimiento”. En algún sitio hay que meter a las personas… y las cosas.

Los hijos de los 'boomers' no saben dónde meter lo que les dejan en herencia

Todos esos inmigrantes y jóvenes que viven en los centros de las ciudades son “demandantes netos” de trasteros. Pero este boom es también resultado de un cambio de hábitos global: “Se hacen más compras por internet, las tiendas de barrio han cerrado, consumimos más y nos preocupamos más por nuestra salud, así que practicamos más deporte y se democratizan determinados deportes que ocupan mucho espacio”. La bicicleta es uno de los principales temas de desencuentro en las comunidades de vecinos y uno de los factores más habituales que llevan a alguien a alquilar un trastero.

Además, quizá no haya (ni vaya a haber) generación que haya tenido tantas posesiones materiales como la boomer, que poco a poco empieza a desaparecer: sus padres, hijos de la guerra, no llegaron a vivir la sociedad de consumo; y sus hijos optan más por el streaming o por un minimalismo forzado, además de posesiones más desechables. “Abrías el armario de nuestros abuelos y tenías un traje para trabajar, una muda y dos pares de zapatos, nosotros tenemos de todo”, añade. “Toda nuestra vida se ha desplazado al espacio”.

Recibir una herencia es una de las razones más habituales en los que alguien se plantea alquilar un trastero. Pero también lo son las reformas y las mudanzas, que se disparan entre los meses de mayo y julio. O el teletrabajo, que ha provocado que en muchos hogares la habitación que se utilizaba para los trastos ahora sea un despacho. O la aparición del coliving y el cohousing. O el boom del turismo. Cada año muchos visitantes extranjeros pasan seis meses en España en casas que alquilan el resto del año. Sus propiedades, al trastero.

Alrededor de la mitad del negocio está dirigido a las empresas, que suelen recurrir a las big boxes de las periferias. Como cada vez es menos común tener grandes espacios con almacén incorporado, se recurre con frecuencia al self-storage para almacenar lo imprescindible: “El espacio que necesitan las empresas es mucho más pequeño que antes”, recuerda Fernández. El gran cambio mundial es la micrologística, donde se mueven rápidamente productos de un lugar a otro, y los trasteros funcionan de punto intermedio.

Un negocio para gente solitaria

El self-storage es “una americanada”, en palabras de Fernández, que recuerda que su nacimiento se produce en los Estados Unidos del American way of life de los años 50, de mano del crecimiento de la sociedad de consumo y que se encarna en esas cajas gigantes con cierre metálico que aparecen en programas de televisión como ¿Quién da más? (Storage Wars). Por eso, y por su amplia disponibilidad de espacio, en EEUU hay entre 15 y 20 veces más espacio de trasteros por habitante que en nuestro país.

"El m² de trastero es más barato y con ese dinero puedes hacer muchas cosas"

El origen del boom del self-storage en España tiene su origen en la crisis de 2008, cuando se convirtió en una atractiva alternativa de autoempleo, como recuerda David Onrubia, director de Activos Alternativos de JLL España, que llevó a muchos pequeños emprendedores a probar suerte. “La gran mayoría de centros está en manos de empresarios individuales o pequeñas empresas que tienen uno o dos centros”, explica. “Hay más de 600 propietarios individuales, 600 operadores que han visto que es un negocio más o menos sencillo”.

Aún más en un mercado de la vivienda muy tensionado. “El montante total de alquiler de un piso más pequeño (2 dormitorios) y un trastero es sensiblemente inferior al de la opción tradicional de un piso más grande (3 dormitorios), por lo que muchos usuarios están optando por la primera opción”, prosigue. A cambio de unos 150 o 200 euros puedes obtener mucho más espacio, por lo que termina recurriéndose al trastero como desahogo. Hoy en España el metro cuadrado de trastero ronda los 304 euros anuales.

Uno de estos pequeños operadores que han puesto en marcha su propio negocio de self-storage es Enric Navall, que hace alrededor de una década montó Upstorage, una cadena de trasteros que tiene locales en municipios del extrarradio catalán como Sabadell o Rubí. “Honestamente, lo hemos tenido más bien como un pasivo, nos dedicamos a otras cosas y esto ha sido una inversión”, reconoce. En los últimos años han visto cómo se profesionalizaba la actividad a un ritmo vertiginoso, así que han decidido echar más carne en el asador.

“Es un buen negocio, da una rentabilidad a largo plazo aceptable”, explica. No requiere una inversión inicial demasiado elevada, añade –“con 100.000 euros puedes abrir tu centro de unos 400 metros cuadrados”–, es una forma de autoempleo que puedes compaginar con tu trabajo por cuenta ajena y es a largo plazo. Destaca sobre todo que no necesitas tener trabajadores”. Él y su esposa atienden la mayor parte del negocio por vía telefónica o a través de internet, donde están disponibles las 24 horas del día.

Tanto es así que en una serie de vídeos, el emprendedor Eric Ponce analizaba una decena de negocios antes de decidirse por uno. Después de conocer Upstorage, termina decantándose por un trastero. Los gastos fijos de cada centro son de unos 2.000 euros al mes y facturan alrededor de 4.500, con unos gastos de estructura mínimos. El mayor factor en contra se encuentra en las distintas normativas de cada municipio y en los plazos de la administración, señala Navall.

Estas son algunas de las razones por las que cada vez más inversores, desde los pequeños hasta los institucionales, se fijan en los trasteros como un negocio interesante con mucho margen de crecimiento. “Desde mi punto de vista como asesor, el auge se debe a que la gente necesita más trasteros y a que los inversores están abriendo más”, explica Onrubia. Un círculo vicioso en el que hay más demanda, pero también más conocimiento por parte del cliente: “En España había infradotación, tanto por desconocimiento como porque los inversores tradicionales no se habían fijado”.

Antes invertía en el futuro de los jóvenes, hoy en trasteros para almacenar pasado

Una vez los grandes inversores se dieron cuenta de que era un sector con unos buenos fundamentales, decidieron lanzarse a invertir. “Hace diez años, las inversiones alternativas de moda eran las residencias de estudiantes, porque teníamos colegios mayores y poco más”, añade. “El self-storage ha recogido el testigo”. Un síntoma de los tiempos: si hace tiempo se invertía en el futuro de los jóvenes estudiantes, ahora se invierte en los trasteros para almacenar nuestro pasado.

Pero aunque a veces se suela hablar de moda, una de las ventajas de los trasteros es que son para siempre. Es un activo defensivo cuya demanda no depende del ciclo económico. En tiempos de incertidumbre, un trastero es un buen refugio, no solo para tus viejos cachivaches. “Los usuarios han sido tradicionalmente personas que necesitan mudanzas, negocios que cambian de tamaño y necesitan un espacio extra, defunciones y divorcios: cosas que siempre van a suceder”, añade Onrubia. Lo más importante, añade, es el market awareness. Es decir, hace tan solo unos años muchos españoles no sabían ni que existían estos negocios.

El futuro puede estarse nublando para estos pequeños empresarios, que conforman entre el 80 y el 90% de los socios de AESS. A algunos de ellos puede resultarles complicado competir con nuevos modelos que ofrecen lavandería, lockers o cargadores de coches eléctricos. “Los grandes fondos ya se han fijado”, añade Fernández. “Vamos hacia una concentración para dar mejor servicio y están entrando fondos con grandes inversiones, los mismos que entran en residencias, flex living, coliving o cohousing. No deja de ser real estate”.

La revuelta contra los trasteros

En algunos de los países empieza a brotar un sentimiento antitrasteros. Como explicaba un reciente reportaje de The Wall Street Journal, muchos ayuntamientos están empezando a tomar medidas para limitar el espacio que se destina al self-storage. Es el caso de Providence, donde se ha impulsado una prohibición argumentando que estos desarrollos (los big boxes de las afueras de las ciudades) se quedan con una gran cantidad de espacio que se podía aprovechar para, por ejemplo, construir vivienda.

Las críticas que los vecinos suelen plantear ante la conversión de espacios en trasteros suelen ser muy similares a las de la transformación de locales comerciales en vivienda: ocupan parcelas valiosas sin generar actividad económica o empleo. Onrubia recuerda, no obstante, que en España es difícil que abran en centros urbanos porque por lo general suelen competir con players con más músculo como gimnasios o supermercados. Fernández añade que cada vez son más populares modelos de trasteros que disponen de servicios añadidos como coworking o recepción.

El sociólogo Diego Garulo utiliza en una investigación sobre el barrio de San José en Zaragoza el término “trasterización” para referirse a un fenómeno en crecimiento que convierte los locales vacíos en espacios de self-storage o garajes privados de forma paralela a la desaparición del comercio de proximidad. “Mis reflexiones de partida eran que se trata de un tipo de reconversión diferente a cualquier otra (porque, aunque el local se reactive, en lugar de dar vida a la calle y fomentar la socialización lo que hace es cronificar la pérdida de tejido comercial) y que, aparentemente, se estaba implantando mucho más en los barrios obreros que en el resto de la ciudad”, explica a El Confidencial.

Ante la creciente demanda, los trasteros se expanden en los antiguos barrios obreros

Según la prospección realizada en las calles de su ciudad natal, el 38,18% de las 55 reconversiones se habían producido durante los últimos tres años. Tan solo ocho antecedían a la crisis de 2008. Los resultados superaron con creces lo que se imaginaba, tanto en número como en velocidad y ubicación. Según sus últimas investigaciones, también ha identificado esa tendencia en otros barrios obreros que se desarrollaron durante los sesenta o setenta como Delicias o Las Fuentes.

“Como en el resto de la ciudad, los locales vacíos abundan en San José, aunque se observa un cierto reemplazo que mitiga su abandono: colmados y fruterías regentadas por personas migrantes, gimnasios y cafeterías van tomando el relevo de los negocios desaparecidos, manteniendo aceptablemente viva la actividad comercial”, escribe Garulo en su trabajo. “Pero también la ola de trasteros y garajes va conquistando parte de ese espacio: a lo largo de los últimos años, una cierta cantidad de locales a cota cero suficiente como para resultar llamativa a simple vista han sido rehabilitados para dedicarlos a este tipo de usos”. ¿País de camareros? Quizá, país de trasteros.

Si usted reside en un barrio de una gran ciudad, es muy probable que cada noche encuentre en su buzón un puñado de esas publicidades que ofrecen soluciones de almacenamiento a precio asequible. También es posible que la frutería de la esquina ahora se destine al llamado self-storage. El metro y los autobuses que circulan por su calle están empapelados de anuncios que ofrecen “más espacio para ti y para los tuyos” o recuerdan, de forma más aspiracional, que “tus nuevas metas necesitan espacio”.

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