Radiografía de la casa del futuro: vivir en 40 m² en un salón-comedor-cocina-estudio
El aumento del precio del metro cuadrado y la reducción de las familias van a dejar un reguero de cadáveres en su camino. Primero la cocina, pero no solo ella
El Piso Mudante. (Husos arquitecturas/ Foto: Impresiones Cotidianas)
¿Un apartamento de 30 metros cuadrados? Pero ¿quién va a querer vivir ahí? Durante mucho tiempo, las viviendas mínimas, capaces de satisfacer todas las necesidades habitacionales en el menor espacio posible, estaban vinculadas a la precariedad, cuando no a la marginación. Hoy ya no es exactamente así, por motivos tanto económicos como demográficos, y poco a poco las clases medias urbanas están viéndose abocadas a vivir en los apartamentos que habían estado ocupados por las clases bajas.
Por un lado, el aumento del precio del metro cuadrado ha provocado que el acceso a la vivienda se encarezca. Por otro lado, porque tenemos menos hijos o directamente no los tenemos, así que el número de hogares unipersonales se ha disparado en España. El marketing ha hecho el resto, y ha conseguido convertir la necesidad en virtud maquillando esta precariedad.
Algunos ayuntamientos como el de Madrid, que desde el verano de 2023 prohíbe la construcción de obra nueva por debajo de los 40 m², han puesto en marcha medidas para evitar que proliferen las viviendas mínimas. A nivel nacional, la legislación recoge un mínimo de 36 metros cuadrados, con salón-comedor, cocina y baño. Sin embargo, según los últimos datos del censo de 2021, hay 167.134 viviendas de menos de 30 metros cuadrados en toda España.
En este contexto, todas las empresas toman posiciones, y no solo los estudios de arquitectura, que en la última década han empezado a traer a España modelos pioneros importados de países como Japón, sino también empresas de muebles o de electrodomésticos. Esto implica no solo una reducción de tamaño, sino una reconfiguración del hogar en todos los sentidos, así como de las relaciones dentro de él. Se ha hablado mucho últimamente de la desaparición de las cocinas, pero es posible que no sean las únicas en desaparecer.
"Ya no nos podemos permitir que cada espacio esté ligado a una única actividad"
“Lo que está ocurriendo, relacionado con el tamaño, es que la relación entre estancia y actividad se está diluyendo”, valora Jaime Sanz Haro, director del grado de Fundamentos de Arquitectura de la Universidad CEU San Pablo. En otras palabras, ya no hay una habitación para comer, otra para dormir, otra para cocinar y otra para asearse. “Hay cosas que se mantienen, como el cuarto de baño, pero el salón ahora suele ser salón-comedor, o incluso salón-comedor-cocina; si estás trabajando pasa a ser salón-comedor-cocina-estudio”.
En esta desaparición de fronteras físicas llama la atención que, por primera vez, compañías de electrodomésticos como Indesit hayan lanzando líneas de productos pensadas explícitamente para pisos de 30 m². Es lo que ocurre con sus electrodomésticos 2 en 1 (lavasecadoras), lavadoras con capacidad para seis kilogramos que se abren por su parte superior o lavavajillas slim. Como explica el director de marketing de Beko Europe, Manuel Royo, “el espacio se ha convertido en un nuevo lujo”. No hay nada mejor para leer el futuro de los hogares que mirar sus electrodomésticos. Cuáles están, cuáles faltan y para qué sirven.
La lavasecadora para pisos de 30 metros. (Indesit)
"El verdadero turning point ha sido la transformación estructural del modelo de vivienda en Europa y, especialmente en grandes ciudades, donde observamos hogares cada vez más pequeños, una mayor densidad urbana y un aumento de viviendas unipersonales o de pareja", explica a El Confidencial Royo. "A partir de esta evidencia, identificamos una necesidad clara: ofrecer electrodomésticos que se adapten a viviendas donde cada centímetro cuenta. Por ello, hemos reforzado el desarrollo de soluciones compactas, integrables y multifunción, como lavasecadoras o formatos slim, que permiten al consumidor optimizar su hogar sin sacrificar prestaciones".
La vanguardia de los hogares
Como suele ocurrir, el diseño y la arquitectura “con mayúsculas”, como las denomina Sanz, son las encargadas de encontrar alternativas para los problemas de espacio que más tarde se democratizarán. “Son soluciones que tienen que ver con el empaquetamiento de espacios pequeños que requieren poca luz, como armarios o cuartos de baño, o la flexibilidad, es decir, viviendas en las que los objetos se pueden mover, camas que salen los armarios, etc”, explica. “Es un cambio de paradigma, porque ya no nos podemos permitir el lujo de que cada espacio esté ligado a una cosa”.
Entre los estudios que han desarrollado esta clase de proyectos se encuentra Husos arquitecturas, que arrancaron su proyecto en Madrid en 2003. "Desafortunadamente, la especulación inmobiliaria ha llevado a una reducción progresiva del tamaño de las viviendas que, en nuestra opinión, debería regularse estableciendo mínimos habitables más exigentes y promoviendo la vivienda social como un derecho", explican.
"El elemento más feo de la casa se convirtió en un objeto escultórico inesperado"
La mayor parte de sus trabajos son reformas. “Muchas veces consiste en reorganizar lo existente, cuestionar jerarquías espaciales heredadas y activar usos múltiples en un mismo espacio, o diseñar ‘muebles’ que incluso pueden ser pequeñas arquitecturas habitables”, explican sus responsables, Diego Barajas y Camilo García, que en su portfolio cuentan con cápsulas-camas de día o para invitados.
Si alguien quisiera saber cómo podría ser la microvivienda del futuro, podría echar un vistazo al apartamento del cantante El Niño de Elche en Lavapiés, conocido como el Piso Mudante y remodelado por este estudio. Se trata de una vivienda de 44 metros cuadrados que, como tantas de la zona, heredaban una serie de elementos estéticos en principio desfasados (“acabados de imitación madera, tiradores ornamentales, geometrías heterogéneas”) que, sin embargo, “eran plenamente reutilizables”.
En primer lugar, derribaron el tabique de la cocina para integrarla en el salón y darle más espacio, una de las señas de identidad de este tipo de construcciones. “Los muebles estaban en muy buen estado y no había razones reales para sustituirlos”, prosiguen. “Decidimos mantener la cocina y transformarla con pequeños retoques y una capa de pintura”. Conservaron el suelo original y reutilizaron los muebles de la cocina, incluida la nevera: “Paradójicamente, el elemento aparentemente ‘más feo’ del apartamento original terminó convirtiéndose en un objeto escultórico inesperado dentro de la vivienda, demostrando que muchas veces lo que necesitamos no es producir más, sino reinterpretar lo que ya existe”.
La cocina del Piso Mudante. (Imagen Subliminal)
Además, construyeron un estante metálico alrededor de la estancia para almacenar vinilos y libros o guitarras, rodeado por cortinas que pueden mostrar u ocultar su contenido, como también ocurre con la cama. Es revelador que los objetos que introdujeron sean movibles, como una mesa de salón con ruedas, un sofá reconfigurable que además puede desplazarse fácilmente o una pantalla de proyector que puede desplegarse o recogerse según las necesidades. La clave se encuentra en que, aunque tu casa sea pequeña, no sea siempre la misma.
A ello ha contribuido la reducción de tamaño y la movilidad de los dispositivos con los que convivimos cada día, recuerda Sanz. No se trata tan solo de los muebles, sino de la sustitución de los teléfonos fijos por los móviles; de los ordenadores de sobremesa por los portátiles; de los televisores por otros aparatos de reproducción. Un cambio que ha permitido que cada uno de estos elementos ya no tenga por qué estar ligado a un lugar específico del hogar, como ocurrió durante siglos con la chimenea.
Es la transición “de un espacio unifocal a otro multifocal”, como explica Sanz, en el que es raro que toda la familia mire hacia el mismo punto de la estancia (como sí lograba hacerlo la televisión). Cada uno está concentrado en su propio dispositivo que, además, puede transportar a su dormitorio o cama. Algo semejante ocurre con el teletrabajo y la irrupción de lo laboral en el hogar, cuando hace décadas solo unos pocos podían permitirse tener un despacho propioque a la fuerza tenía que estar separado del resto de la vivienda. Hoy, trabajar en el salón de tu casa es casi la norma.
Sobrevivir, pero no vivir
La falta de tamaño es precariedad, añade Sanz, y en muchos casos, algo que se sobrevive más que se vive. Estas modificaciones revierten la que fue una de las grandes conquistas de la vivienda moderna, la que nace a partir del siglo XVII en la época renacentista, que es la separación de estancias que dio lugar a una nueva forma de entender la intimidad. Hasta entonces, recuerda, “era un único espacio donde todo ocurría a la vez: uno podía estar cocinando en un rincón mientras otro hacía sus necesidades”.
Una suerte de regreso a aquella época, solo que más ordenado y civilizado, donde no es tan extraño encontrarte con un electrodoméstico donde antes no habría tenido lugar. Por eso, explican desde Beko, "las soluciones integrables y los formatos compactos permiten que los electrodomésticos se adapten a distintos espacios del hogar, como cocinas abiertas al salón, pasillos amplios, baños de tamaño reducido e incluso zonas híbridas que combinan almacenamiento y lavandería".
Esta reducción de espacio también afecta a nuestras formas de relacionarnos. Como contábamos hace poco, el espacio habitable en las nuevas construcciones se reduce en favor del de las zonas comunes. “La historia doméstica muestra que muchos de los espacios que hoy consideramos indispensables han tenido formas muy distintas según el momento histórico o la cultura”, recuerdan Barajas y Garcia. “La cocina, por ejemplo, en muchos contextos ha sido un espacio compartido por comunidades más amplias que la familia nuclear”. Muchos de los proyectos de coliving, por ejemplo, externalizan la cocina o el ocio fuera de los apartamentos.
"Muchos de los espacios que hoy consideramos indispensables no siempre han sido así"
Estos interiores muestran que la familia tradicional ya no es la vara de medir. Aparecen nuevas fórmulas, como la del soltero (el Piso Mudable) o el hipotético caso de una anciana viuda, que es la tipología más habitual de hogar unipersonal y que quizá reforme su estancia para aprovechar el espacio ya no tanto desde el punto de vista del ocio –libros, discos, películas– como de la funcionalidad: bañeras y aseos adaptados, espacio para desplazarse en andador o silla de ruedas o electrodomésticos más accesibles.
Como señala Royo, la compañía ha identificado que la estructura de los hogares ha evolucionado. Hay "hogares monoparentales, parejas sin hijos, profesionales que teletrabajan desde apartamentos pequeños e incluso familias que viven en espacios más compactos por elección o por necesidad". Por eso no solo hablan de perfiles de hogar, sino de perfiles de uso. "Hoy, más allá de cuántas personas viven en una casa, también es determinante cómo se utiliza el espacio y cómo se organiza la vida diaria dentro del hogar".
Gran parte de aquello que entendemos como prescindible es muy cultural. En España y otros países mediterráneos estamos acostumbrados a lavar nuestra ropa en casa, mientras que en gran parte del mundo anglosajón o el norte de Europa es habitual utilizar servicios de lavandería que permiten prescindir de lavadoras o secadoras. La gran pregunta, casi filosófica, es cuánto se puede suprimir de una vivienda sin que dejemos de llamarla vivienda.
No le digas a un español que vaya a la lavandería. (EFE/Ángel Colmenares)
Sanz se lo piensa y responde: “Si vamos a la base, el refugio climático, que además va a tener cada vez más trascendencia”, valora. Más allá de eso, la cama, el objeto más importante del hogar. No tanto el baño, razona, porque “hemos convivido mucho tiempo con él fuera de la casa”. El eslabón más débil, hoy por hoy, es la cocina como estancia separada. Pero como concluye el arquitecto, el tamaño no es solo una cuestión de metros, y en España siempre ha habido viviendas pequeñas. O más grandes, pero con más gente. “A lo mejor un piso de 60 m² es más pequeño que uno de 30 si viven cuatro personas: hay un poco de presentismo en este tema”, concluye.
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¿Un apartamento de 30 metros cuadrados? Pero ¿quién va a querer vivir ahí? Durante mucho tiempo, las viviendas mínimas, capaces de satisfacer todas las necesidades habitacionales en el menor espacio posible, estaban vinculadas a la precariedad, cuando no a la marginación. Hoy ya no es exactamente así, por motivos tanto económicos como demográficos, y poco a poco las clases medias urbanas están viéndose abocadas a vivir en los apartamentos que habían estado ocupados por las clases bajas.