La empresa de construcción fundada por un peón que mantiene en pie el 'skyline' de Barcelona
Hacia un futuro mejor por Ec Brands
Dedicada principalmente a los movimientos de tierra, Excavaciones y Construcciones Benjumea apuesta por la sostenibilidad para su expansión
Años 70. En plena ola migratoria desde Andalucía a Cataluña, el joven Francisco Benjumea se estableció en Barcelona, donde comenzó a trabajar de peón en la construcción. Tras reunir un dinero, en 1980 consiguió comprarse su propia retroexcavadora, algo más pequeña que una excavadora, y montar su propio negocio. Aquella fue la simiente de lo que décadas después acabaría siendo una compañía -Excavaciones y Construcciones Benjumea- que regentaría su hija Dolores.
En sus inicios, diversificaron entre las demoliciones y la edificación, pero la crisis de la construcción de 2008 y la muerte de Francisco poco después, obligó a la compañía a plantearse un cambio de rumbo. Dolores fue la encargada de liderarlo y poco a poco el negocio se fue recuperando de los envites. Hoy, esta empresa, con 45 empleados, factura 20 millones de euros al año. Uno de sus últimos proyectos han sido los movimientos de tierra del nuevo Camp Nou. También es la artífice de la estructura de apoyo de la noria panorámica del Tibidabo, otro de los símbolos de la Ciudad Condal. Entre el resto de sus clientes hay promotoras privadas, contratistas, ayuntamientos o Renfe.
La mayor parte de su trabajo se centra en los movimientos de tierra, que sirven para preparar un terreno para la construcción, lo transforman en una superficie estable, nivelada y sin obstáculos. Es la base, nunca mejor dicho, para que cualquier edificio dure en el tiempo, y su proceso incluye la excavación, el relleno y la compactación del suelo para construir cimientos firmes y seguros. Además, “llevamos a cabo demoliciones, cimentaciones (sirven para recibir las cargas de los muros, columnas y el resto de la estructura superior de las construcciones), y urbanizaciones (rehabilitaciones de áreas urbanas con, por ejemplo, su peatonalización)”, explica la gerente.
El año pasado, el sector de la construcción confirmó su papel estratégico dentro de la economía nacional, con una inversión de 122.000 millones de euros, según el último informe del Observatorio Industrial de la Construcción (OIC), dependiente de la Fundación Laboral de la Construcción (FIEC). En términos de Producto Interior Bruto, durante 2024 la construcción representó el 10,4% del PIB en formación bruta de capital fijo, que recoge la inversión en infraestructuras, edificios y equipamientos clave para el crecimiento económico.
Según el citado estudio, el sector, además, sigue generando empleo (el 7% de la ocupación del país, con 1,4 millones de trabajadores en 2024), pese a la preocupación por la escasez de mano de obra y el envejecimiento de la población activa. Sumado a eso, Dolores atribuye la clave de su éxito a uno de sus valores añadidos: la innovación. “Siempre intentamos contar con maquinaria de última generación, al final eso evita las incidencias mecánicas, mejora la percepción de tu empresa frente a clientes e inversores y, por supuesto, contribuye a reducir las emisiones, que es un problema que tenemos muy en cuenta”.
El reto de la sostenibilidad
“Cuando tenemos que adquirir una máquina intentamos que sea la máquina más sostenible posible. Hay veces que lo conseguimos y otras es difícil porque los requerimientos técnicos que desearíamos aún no están en el mercado; aún queda mucho trabajo por delante en sostenibilidad en el sector”, comenta Dolores. Y es que, según el Global Status Report for Buildings and Construction, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Alianza Global para la Edificación y la Construcción (GlobalABC), el 38% de las emisiones globales de carbono proviene de la construcción y operación de edificios. Máquinas de toda la vida como los dumper, las hormigoneras, las carretillas elevadoras o las excavadoras consumen grandes cantidades de combustible fósil, pero ya existen más opciones híbridas, eléctricas o de maquinaria de bajas emisiones que garantizan igual rendimiento con menos impacto ambiental.
El otro pilar (y reto) de la sostenibilidad en el sector de la construcción viene por el lado del reciclaje de los residuos de construcción y demolición (RCD), en reutilizarlos, como recurso valioso que son, en lugar de que terminen en escombreras. Actualmente, esa reutilización es, en muchos casos, complicada, ya que ese proceso puede ser altamente contaminante, es complicado por su calidad heterogénea y hay escasez de infraestructura y normativas adecuadas. De ahí que el sector de la construcción sea considerado como prioritario por la Comisión Europea en el marco del Plan de Acción de Economía Circular. “Intentamos reciclar todo lo posible, pero cada vez es más complicado, cada vez hay que transportar los residuos más lejos, faltan profesionales y la normativa tiene que actualizarse”, dice Benjumea. Precisamente para tratar de atajar estos retos, en el marco de su estrategia de expansión, “queremos abrir en breve una línea de negocio relacionada con el reciclaje”.
“Y para innovar y seguir creciendo, al final, cualquier empresa necesita financiación. En nuestro caso, nos ha ayudado Banco Santander; si tú tienes un buen proyecto, te va a ayudar con la financiación y con asesoramiento, con personas que van a estar contigo durante todo el proceso. Eso te da una gran tranquilidad a la hora de emprender. Yo, el emprendimiento lo he visto desde siempre en casa gracias a mi padre y sé que es complicado, es como ser un deportista de élite en una carrera de fondo, hay que entrenar cada día, superar obstáculos, y cuando ganas, recibes una enorme satisfacción. También hay que saber que a veces las cosas no salen como nos gustaría. Por eso, lo que yo siempre aconsejo a alguien que quiere emprender es que tenga mucha fortaleza y resistencia y que se rodee de un equipo de confianza para que le ayude a levantarse si se cae. Eso es lo importante”.
