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Restaurantes de Madrid desde dos miradas distintas
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Ruta gastronómica

Restaurantes de Madrid desde dos miradas distintas

Madrid está lleno de contrastes, especialmente en lo que se refiere a gastronomía. HAcemos un recorrido por restaurantes muy dispares desde dos puntos de vista

Foto: Badrijani nigvzit en Nunuka (Rafael Ansón)
Badrijani nigvzit en Nunuka (Rafael Ansón)
EC EXCLUSIVO

Verónica Zumalacárregui y yo llevamos tiempo visitando restaurantes de Madrid con una visión muy diferente: ella me lleva a sitios de su estilo, quizá más de moda o sorprendentes; y yo le muestro algunos de los que suelo frecuentar, que suelen ser más clásicos o enfocados en la alta cocina. Zumalacárregui es una joven periodista, especializada en gastronomía y reconocida creadora de contenidos.

Hoy quiero hacer un repaso por algunos de esos lugares que hemos conocido, tan diferentes entre sí pero, a la vez, tan interesantes. Porque todos ellos tienen una historia que contar y todos se distinguen en algo, ya sea un concepto diferente, una cocina exótica o la excelencia en lo que hacen. Y es que, sea cual sea el escenario, cuando lo hacen bien, cuando se come bien, cuando los platos están bien presentados, el espacio es agradable y el servicio es bueno, a los dos nos gusta.

placeholder Restaurante Soy Kitchen
Restaurante Soy Kitchen

Al final, es una forma de demostrar que a los restaurantes que yo elegiría, también puede ir gente más joven y con perfiles muy diferentes; y al revés, a los restaurantes que elige ella, también puede ir gente de mi edad, o de cualquiera. La idea es que ambos públicos se retroalimenten y puedan disfrutar con todo tipo de establecimientos, simplemente yendo con el propósito de comer bien y pasar un rato agradable.

Tripea y Horcher

Los primeros lugares que visitamos fueron Horcher y Tripea. Tripea es un restaurante de cocina fusión, ubicado en el Mercado de Vallehermoso, que combina sabores y técnicas de Asia y América Latina. Aquí pude probar un panipuri relleno de parmentier de hongos con lasca de picaña; un torrezno con salsa hoisin; el ceviche templado de mejillones al wok; y la lasaña de pato a la norteña. A priori, hubiera dicho que no me iban a gustar, pero estaban lo suficientemente bien hechos como para que me encantaran todos los platos.

Por mi parte, en Horcher, le sugerí a Verónica que probara el consomé “Don Víctor”, el lomo de corzo asado y el famoso Baumkuchen, y a ella también le gustaron. Pero además, supo valorar el clasicismo de este histórico restaurante alemán, que fue inaugurado en 1943 junto al parque de El Retiro, al lado de la iglesia de los Jerónimos.

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Restaurante Tripea

Zalacaín y Soy Kitchen

Zalacaín es otro de los restaurantes que no podían faltar en mi lista. De Zalacaín he hablado mucho, y me sigue pareciendo uno de los restaurantes clásicos por excelencia en Madrid. Aquí probamos algunos de sus platos más emblemáticos: el Búcaro “Don Pío”; los raviolis rellenos de setas, trufa y foie; y el bacalao Tellagorri.

Verónica me llevó a Soy Kitchen, un restaurante de alta cocina asiática de fusión del chef Julio Zhang. De nuevo, probé platos que no pensé que me fueran a gustar, y acabaron encantándome, como las zamburiñas marinadas con aire de yangmei (o árbol de fresa china), soja de marisco y chile verde; el dumpling de changurro y cangrejo; y el pez fuego.

Bareto y A’Barra

Especialmente interesante me resultó el encuentro entre A’Barra y Bareto. El primero es un templo del producto, donde se come muy bien, con un gran servicio y una destacable bodega; y el segundo es un bar castizo, del que se han abierto varias sucursales en la capital, y que pone el acento en raciones y platos madrileños de toda la vida.

En Bareto probé la gilda, la tosta de matrimonio de anchoa y boquerón, y el montadito de chipirones a la andaluza. Sin duda, para repetir. En A’Barra, probamos las alcachofas con tartar de cigalas y jugo de liebre; la cabezada ibérica con espuma de tomate; y el pato con salsa de cardamomo y lima.

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Restaurante A’Barra

El Mesón de Fuencarral y Nunuka

Fue realmente sorprendente el encuentro en el Mesón de Fuencarral y Nunuka, este último, un restaurante de cocina georgiana, en la calle Libertad, que está teniendo mucho éxito. El Mesón de Fuencarral es uno de los locales centenarios de Madrid, fundado en 1932 (aunque tuvo que cerrar por la Guerra Civil y posteriormente reabrió). Aquí tomamos la ensalada de reglamento, las migas con chorizo y la paletilla de cordero asado, platos que comí en muchas ocasiones cuando tenía la edad de Verónica, a la que, como no podía ser de otra manera, le encantaron.

En Nunuka, probamos el badrijani nigvzit (rollitos de berenjena con nueces), el khinkali tradicional (dumplings de carne) y el khachapuri (un pan relleno de queso), platos tradicionales de Georgia.

El Corral de la Morería y Brutalista

En otra ocasión, llevé a Verónica a un lugar referente en el arte del flamenco: el Corral de la Morería, único tablao del mundo con una estrella Michelin. Aquí probamos los platos del chef David García, concretamente, los puerros al pilpil y salicornia, los tallarines de calamar con caldo de chipirón y toque picante, y el pichón.

Y aunque por el nombre, y por el concepto, nunca creí que me fuera a convencer mucho, lo cierto es que Brutalista también me gustó. Es un sitio donde los escabeches son los protagonistas. Aquí tomamos la sardina ahumada sobre pan y mantequilla al miso blanco; la codorniz frita; y el rabo de toro escabechado y servido con noodles, col ‘pak choi’ y sopa.

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Restaurante Brutalista

22 armonías, 44 restaurantes de Madrid

En total (y hasta ahora, porque espero que haya muchos más), han sido 22 binomios. Perfectas armonías en las cuales nuestras miradas han coincidido en destacar la maravilla de la oferta gastronómica que hay en Madrid que, sin duda en la actualidad, es un destino urbano gastroturístico preferente en el mundo.

Gracias a Verónica, he tenido la oportunidad de descubrir escenarios gastronómicos a los que, probablemente, no hubiera ido por elección propia, y que hoy pienso que vale la pena conocer y disfrutar. Sobre todo teniendo en cuenta que, en principio, los restaurantes que elige Verónica suelen ser más asequibles desde todos los puntos de vista.

Porque al final, ya sea un referente de la alta cocina, un restaurante moderno, una taberna castiza o el bar de toda la vida, cada lugar tiene una mirada única y diferente que ofrecer.

Verónica Zumalacárregui y yo llevamos tiempo visitando restaurantes de Madrid con una visión muy diferente: ella me lleva a sitios de su estilo, quizá más de moda o sorprendentes; y yo le muestro algunos de los que suelo frecuentar, que suelen ser más clásicos o enfocados en la alta cocina. Zumalacárregui es una joven periodista, especializada en gastronomía y reconocida creadora de contenidos.

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