Una bodega de Guadalajara recupera una uva autóctona para hacer vinos de montaña
Reconocida como Vino de Pago, planea lanzar el primer 100% Tinto Fragoso tras experimentar con esta variedad autóctona, más fresca y adaptada al terreno, descubierta hace ya 20 años
El vino es historia de Cogolludo mucho antes de poner sus uvas al microscopio. Está en el origen mismo de la villa como tierra conquistada por el rey Alfonso VI, año 1085. Fueron vinos que regaron la luna de miel de Felipe el Hermoso y Juana la Loca durante su visita al palacio de los Duques de Medinaceli a finales del siglo XV. Las ordenanzas hablaron luego no solo de viticultura sino de mercado, y en el catastro del Marqués de la Ensenada del año 1751 se cotejaba que al menos una cuarta parte del término municipal era viña. Hasta la virgen de este pueblo, que algunos llaman la “Florencia de Guadalajara” y que esconde un sistema de caños subterráneos, se engalana con racimos.
Las estribaciones de la Sierra de Ayllón, puerta de entrada al Parque Natural Sierra Norte de Guadalajara, es zona pobre en suelos y accesos: “A partir de los años 40 nos quedamos cuatro”, recuerda Fernando Fuentes, gerente de Finca Río Negro, sobre la despoblación del entorno, cuya familia empieza en el vino cuando apenas quedaban viñedos para autoconsumo. La bodega que funda su padre José Manuel Fuentes al comprar la finca en 1998 y empezar a plantar un año después, revitaliza el pueblo. Tras lanzar el primero en 2009, sus vinos llegan hoy a una veintena de países: el 30% se va al mercado exterior.
Son volúmenes tan pequeños como su gama, a precios que van de los 12 a poco más de los 30 euros: un único blanco, el gewürztraminer, y cuatro tintos que mezclan distintas dosis de tempranillo, syrah, merlot y cabernet sauvignon. Finca
Bodega Finca Río Negro
Con un equipo formado por Manuel del Rincón, en calidad de asesor viticultor, y con la incorporación de Xavier Ausàs como director técnico y asesor enológico, la bodega Finca Río Negro vive su mejor momento. El año pasado fue reconocida por el sello de calidad Vinos de Pago, una denominación de origen protegida que marca unos determinados estándares de singularidad, y que la hace ser la única bodega de Guadalajara dentro del club. "A nivel organoléptico nuestros vinos tienen un perfil ligeramente más terpénico", explica Fernando. "Y con una parte floral presente también en los tintos. Fruta más roja que negra, que se aleja de la sobremaduración y que no es excesivamente mediterránea. En boca, por el peso de la arcilla y los bajos rendimientos, son vinos bastante frescos". El propio Ausàs, influyente enólogo tras trabajar en Vega Sicilia un cuarto de siglo o colaborar con Pago de Carraovejas y Ossian, quedó sorprendido por unos pH que marcan distancia con Ribera del Duero.
A pesar de que los viñedos de Finca Río Negro son casi todos de este milenio –la mayoría de 2005, ya no tan jóvenes sino "relativamente adultos", matiza Fernando Fuentes– sobresalen por la altitud (entre 960 y 1000 metros) y por tener una latitud tan al norte como Rueda. Sobre un páramo rodeado de barrancos crecen bajo un microclima que, siendo extremo, se protege de heladas con mínimas y máximas más suaves que las zonas altas de Ribera.
La gran diferencia es el suelo de montaña o de "raña", uno de los más antiguos de Europa que quedó depositado del Sistema Central antes de que se formaran los ríos. En este altiplano calcáreo, de arcilla y cantos rodados, los suelos son muy pobres agrícolamente, poco profundos y mucho más ácidos que los de otras zonas vitícolas como Ribera o Mondéjar. "Pero estoy esperando superar todavía los 4.000 kilos por hectárea de media", aclara Fernando.
Fernando Fuentes, gerente; José Manuel Fuentes, presidente; y Víctor Fuentes, director comercial (Finca Río Negro)
El primer vino con uva Tinto Fragoso
Además de contribuir a la recuperación económica de Cogolludo, Finca Río Negro ha tenido la suerte de participar en un proyecto que recupera una variedad local con futuro: Tinto Fragoso, cuya fuente latina remite a una cualidad escabrosa y áspera que aquí vieron oportuno relacionar con su textura.
Antes que la bodega lo supiera, el Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal de Castilla-La Mancha (IRIAF) y la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), a la búsqueda de material vegetal desconocido, encontraron 43 nuevas variedades. La mayor parte de interés menor, de ahí que la gente las hubiera despreciado, pero dos apuntaban alto: la Moribel de Cuenca y la Tinto Fragoso, que descubrieron en Cogolludo en 2006.
Vinos de la bodega Finca Río Negro
Con Finca Río Negro ya al corriente, en 2018 deciden elaborar conjuntamente a nivel experimental con el fin de registrar la variedad: “Creímos que tenía un potencial enológico brutal y un perfil súper distinto a las otras variedades que tenemos”. Semejante a la tempranillo en carga alcohólica y en riesgo de pasarse de madura, detectaron más equilibrio: a menor contenido en alcohol le correspondía mayor acidez y, en consecuencia, frescura pero también más estabilidad y vigencia. Mucha fruta roja y con las notas florales disparadas.
La finca cuenta ahora con 3,8 hectáreas de esta uva, entre injertos de viñedo antiguo y nuevo. De racimo suelto y de secano, la Tinto Fragoso se vendimia tarde y cumple un ciclo largo. “Además de sus cualidades tiene una perspectiva interesante desde el punto de vista del cambio climático porque se nota esa adaptación al terreno”, adelanta el gerente de la bodega (su hermano Víctor Fuentes es el director comercial). Se prevé que la primera añada de este primer monovarietal FRN Tinto Fragoso salga al mercado el año que viene.
El vino es historia de Cogolludo mucho antes de poner sus uvas al microscopio. Está en el origen mismo de la villa como tierra conquistada por el rey Alfonso VI, año 1085. Fueron vinos que regaron la luna de miel de Felipe el Hermoso y Juana la Loca durante su visita al palacio de los Duques de Medinaceli a finales del siglo XV. Las ordenanzas hablaron luego no solo de viticultura sino de mercado, y en el catastro del Marqués de la Ensenada del año 1751 se cotejaba que al menos una cuarta parte del término municipal era viña. Hasta la virgen de este pueblo, que algunos llaman la “Florencia de Guadalajara” y que esconde un sistema de caños subterráneos, se engalana con racimos.