Salou recupera su pasado vitivinícola con dos uvas ancestrales
El Ayuntamiento de Salou ha presentado su proyecto de recuperación de variedades de viña históricas de la zona haciendo un recorrido por los vinos de Tarragona
La relación de Salou con el vino no viene solo de Cala de la Vinya, una pequeña playa de arena fina y dorada. Además de ser uno de los municipios turísticos de costa más importantes de Cataluña, su historia vinícola se remonta al 400 a.C. cuando el territorio estaba ocupado por una de las colonias griegas más grandes del Mediterráneo que comerciaba con el vino. Su pasado con la viña también tiene evidencias históricas de la época de los romanos; existen unas villas antiguas por la zona donde se elaboraban ánforas, además de vino y aceite que se exportaba al resto de Hispania y del mundo. Actualmente, Salou es el puerto natural más importante de Cataluña y del Mediterráneo español.
En palabras de alcalde Pere Granados: “Estamos recuperando nuestro patrimonio histórico, que es muy rico, y la economía agrícola basada en el vino y basada en el aceite. De hecho, Salou tiene 1.700 olivos en los espacios públicos”. Sus viñas existieron hasta principios del siglo XX y desaparecieron por completo. Por esta razón, el ayuntamiento se ha embarcado en un proyecto de recuperación de dos variedades ancestrales: la pampolat girat y la escanyagós, propia del litoral tarraconense. En 2023 se plantaron 250 cepas de la primera. “Esperamos que el año que viene podamos vinificar”.
Lo cierto es que muchas variedades de Tarragona vienen de Francia y requieren mayor grado de humedad. La pampolat ya está adaptada y además se encuentra en un parque público con arenales y dunas. “Salou representa todo este territorio donde se da esta riqueza vinícola y, en concreto, en nuestro propio municipio”, insiste.
Variedades minoritarias
En un mercado en el que se habla cada vez más de terroir y de vinos que expresan identidad, las bodegas se apoyan precisamente en las variedades autóctonas. El consumidor ya no las quiere foráneas -no originarias- sino que busca referencias que sepan al lugar al que pertenecen. Ejemplo de ello son los vinos de Tarragona, una región que tiene una gran presencia de DOs dentro de su territorio: un total de ocho, entre ellas, la Denominación de Origen Calificada Priorat, la gran estrella catalana. Durante la presentación, tuvimos la oportunidad de conocer la identidad vitivinícola del entorno de Salou a través de siete vinos de la mano del experto Santi Rivas.
Empezamos con un cava de la DO Conca de Barbera de la bodega Carles Andreu, fundada en el 1991. La trepat a mediados de los 2000 se utilizaba para los espumosos, “era una variedad incluso denostada, que daba poco nivel, poco cuerpo”, explica Rivas. “Carles fue el gran pionero en trabajar esta variedad de manera tinta, o sea, de manera solitaria, más allá del espumoso”. 100% trepat y con 31 meses de crianza, este Reserva Brut Nature 2022 es suave, fresco y estructurado, con matices de madera bien integrada de la barrica.
La segunda referencia viene del oeste del territorio, de la DO Terra Alta. La Serra Blanc 2017 es un vino Finca Calificada (Gandesa) cuya bodega, Herència Altés, se fundó en el 89 en una zona donde la variedad icónica es la garnacha blanca, que aguanta muy bien el calor. “Queremos los tintos más delgados, más fluidos, más divertidos, sin menoscabo de complejidad, pero tendientes al ‘fresqueo’. Pero los blancos los queremos más sólidos, más gastronómicos. Entonces ahora, es muy habitual que un vino blanco tenga crianzas”, asegura Santi. La uva de este blanco procede de una viña de los años 50 que le otorga un sabor estructurado con notas de madera, como en el anterior.
De la joven bodega Giol Porrera -abrió en 2018-, Les Sentius 2022 es un verdiell, una variedad autóctona recuperada de la DOC Priorat. “Parece ser que es una variedad de maduración temprana que tiene un punto frutal. Veo ciertas similitudes con la garnacha blanca, lo que pasa es que luego tiene un nervio que es muy Xarello”. Los cuatro meses en barrica de roble francés le van bien a un vino muy joven de acidez moderada y salinidad en boca.
De la DO Tarragona (Puigdelfí), vamos con uno de los vinos más especiales de la cata: Àmfora Macabeo 2023. Variedad autóctona macabeo, estamos ante un “vino submarino” de la Bodega Palladares que se cría en ánfora en vez de en botella y que pasa 428 días bajo el mar del puerto de Tarragona, a 80 metros de profundidad. El aroma que desprende es único, así como su sabor que presenta un punto terroso vinculado al ánfora -hechas en Pina de Ebro y Miravet-. “El mar, en este caso, es un elemento termoestable, es decir, varía poco de temperatura por lo que va a evolucionar de una manera más sostenida y homogénea. Tampoco hay ruido. Entonces las longitudes de ondas sonoras no afectan”.
La picapoll, tinta o blanca, es una variedad autóctona. Con 12 meses de barrica vieja y fermentado en levaduras propias, Les Tallades de Cal Nicolau 2019 nace en la bodega Orto Vins (Masroig), uno de los proyectos más destacados de la DO Montsant. Aunque en esta zona la variedad arquetípica es la garnacha, “aquí hemos preferido seguir el hilo narrativo que nos está llevando por variedades minoritarias”. En este caso estamos ante una picapoll tinta en un vino fácil de beber, sedoso y de acidez persistente con presencia de fruta roja.
También de la DOC Priorat, el Clos Monlleó Gran Reserva 2000 de la bodega Sangenís Vaqué sale de viñas de 50 años. "Un mix muy ‘priorato’ en el que los amargores de la garnacha acaban matizados con la parte fructosa que también licoriza del cariñena”. En boca es carnoso, persistente y fresco y se encuentran los taninos suaves.
De Reus (DO Tarragona), cierra un icono catalán, el vino de misa de la bodega Muller. Fundada en 1851 por el alsaciano Augusto de Müller, este vino cogió prestigio 30 años después gracias a su hermano, que estaba muy bien relacionado con la Iglesia. Fue la primera bodega que recibió el certificado pontificio de suministradora eclesiástica de todas las iglesias, no solo de España. Un vino dulce fortificado en una solera estática con un sabor intenso a pasas.
La relación de Salou con el vino no viene solo de Cala de la Vinya, una pequeña playa de arena fina y dorada. Además de ser uno de los municipios turísticos de costa más importantes de Cataluña, su historia vinícola se remonta al 400 a.C. cuando el territorio estaba ocupado por una de las colonias griegas más grandes del Mediterráneo que comerciaba con el vino. Su pasado con la viña también tiene evidencias históricas de la época de los romanos; existen unas villas antiguas por la zona donde se elaboraban ánforas, además de vino y aceite que se exportaba al resto de Hispania y del mundo. Actualmente, Salou es el puerto natural más importante de Cataluña y del Mediterráneo español.