¿18 € un dulce? El 'hype' de los postres hiperrealistas llega a España
Denle las gracias a los creadores de contenidos y a sus millones de seguidores en redes sociales. Los postres que parecen reales se han puesto de moda, y claro, no son especialmente baratos
En la ciudad de la luz, antes se hacía cola para hacerse con una cajita de macarons de Ladurée, creadores de esta delicia de colores desde 1862. Desde hace tiempo, sin embargo, y con la ayuda de las redes sociales, el foco ha cambiado: Cédric Grolet, el Mejor Pastelero del Mundo (The World's 50 Best Restaurants, 2018) se está llevando toda la atención en Instagram y TikTok.
El Jardín de las Tullerías de la ciudad, que se encuentra justo al lado de la tienda de Le Meurice, se llena cada día de personas haciendo lo mismo: probar las frutas hiperrealistas virales. Creadores de contenido y celebridades han tenido que esperar la interminable cola, hasta dos horas de fila, para degustar las creaciones del chef, desde Bruno Alves (@kingbru) o Takoyaki (@takoyakiblog), hasta Ibai Llanos o Rosalía, quien además ha grabado con el mismo Grolet. Durante estas últimas semanas, cientos de videos han inundado las redes sociales con las reviews sobre los postres del momento e incluso con recetas para recrear algunas de las piezas.
Pero, ¿merece la pena gastarse ese dineral para probar “uno de los mejores postres del mundo”? Y es que la media de precios es de 18 euros por pieza individual y 35 euros por tarta para 3 personas.
La fiebre de los postres hiperrealistas se remonta al boom del fondant en Estados Unidos hace más de 15 años, concretamente en 2009, cuando empezó la emisión de Cake Boss (El rey de las tartas en España), con el chef pastelero Buddy Valastro y sus hermanos. En este programa de televisión las protagonistas eran obras de arte con forma de tarta, bizcochos tamaño XXL envueltos en capas y capas de fondant y rematados con pinturas comestibles hechas con azúcar. Todos ellos elaborados por verdaderos arquitectos del dulce haciendo comestibles el Tah Majal, un estadio de fútbol o una ciudad entera.
Una tendencia que también tuvo su réplica en las redes sociales a través de un juego: “¿Objeto o pastel?” El arte del trampantojo llevado al extremo con tartas en forma de piezas cotidianas como cubiertos, juguetes o ropa. Poniendo el objeto real justo al lado, los usuarios deben adivinar cuál se puede comer y cuál no.
Los postres de Grolet son lo que parecen. Por ejemplo, Pécan es una tarta con forma de nuez pecana, hecha con nuez pecana y con sabor a nuez pecana. Cada uno de los pastelitos que salen del obrador del francés parte de un ingrediente principal. Para hacer Cacahuète, una de sus creaciones más reconocibles, el chef elabora con el propio fruto seco una pasta, un praliné y una mousse que combina con caramelo, vainilla y el toque de flor de sal que tango gusta a su público.
Este otoño-invierno ofrece Pomme Verte (manzana verde), Mangue (mango), Citron Noir (limón negro) o su postre estrella, Pistache (pistacho), elaborado con crema de pistacho, crujiente y praliné de pistacho con flor de sal, suave caramelo de vainilla y mousse de pistacho. Algunos como las Pot de Pop-Corn o el Pot de Chouchou se pueden adquirir durante todo el año.
El packaging y la boutique también siguen una misma línea creativa: elegancia y minimalismo, como si hablásemos de una tienda de joyería. Pautas que están siguiendo pastelerías o cafeterías de especialidad de reciente apertura en todo el mundo. Y por supuesto, también en España.
Y es que el fenómeno Grolet se ha expandido por todo el mundo, desde Estados Unidos a Tailandia, Alemania o incluso nuestro territorio. Mismas formas, pero también precios caros. En este caso es difícil superar al maestro.
En Zaragoza se llama Dulce Paladar, donde replican algunos de los más virales, como el de pistacho, mango o limón a un precio de 7€ cada uno. La pastelería de Bilbao Gozatzen los tiene bajo el nombre de “Trompe l’œil” también por 6-7€ cada pieza. Frambuesa, cacahuete o coco y maracuyá, ofrecen las mismas versiones que el francés.
Y hace menos de dos meses, La Cremosa de Barcelona (local de Terrassa) incluyó en la carta su propia selección de estas frutas hiperrealistas a partir de 5€. El de Madrid, Maison Brulée (Molino de Viento, 2), abrió hace poco más de un año y una de sus creaciones se llama Atardeceres de Arábica, con forma de grano de cacao. Cuestan entre 5,50€ y 7€. También cuentan con una tarta de lima y maracuyá, un cheesecake de lima y pistacho bajo el nombre Vert o el melocotón realista, el más parecido a los franceses. Compuesta por ocho “obras de arte comestible”, cada semana exponen en vitrina seis de ellas hasta agotar existencias.
En la ciudad de la luz, antes se hacía cola para hacerse con una cajita de macarons de Ladurée, creadores de esta delicia de colores desde 1862. Desde hace tiempo, sin embargo, y con la ayuda de las redes sociales, el foco ha cambiado: Cédric Grolet, el Mejor Pastelero del Mundo (The World's 50 Best Restaurants, 2018) se está llevando toda la atención en Instagram y TikTok.